Asi fueron las últimas horas del Colombiano condenado a muerte en China

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Cuando las horas se estaban agotando y el gobierno chino cumplía su sentencia, la cónsul de Colombia en Guangzhou, Juliana Victoria Ortega, hizo una última petición: que antes de morir, Ismael Enrique Arciniegas Valencia pudiera verse con un religioso católico.

En los momentos previos a su ejecución, el colombiano de 74 años que hace siete cometió el error de viajar con cuatro kilos de coca a China tuvo la oportunidad de hacer una llamada y de oír por última vez desde Cali a su hijo Juan José Herrera. Fueron 30 minutos de llanto, despedida, y esa terrible sensación que produce el saber que es la última vez que se escuchará a la persona que se ama.

Desde cuando la Cancillería colombiana hizo público que era cuestión de horas para que Arciniegas fuera ejecutado, Juan José no tuvo sosiego. En Facebook dijo que era un día triste para Colombia, que su padre era el ser más maravilloso que había conocido sobre la tierra. “Inteligente, noble y de gran corazón. Será ejecutado por el gobierno chino, quitándole el derecho más fundamental de todos, la VIDA. La misma que le debo y la misma que hoy siento que se me va”, escribió horas antes de que pudiera despedirse a la distancia.

El joven les dio las gracias al Ministerio de Relaciones Exteriores y al Consulado en Guanzhou y Beijing por su labor durante los siete años de lo que llamó un “cautiverio”. Por obvias razones, por la dureza de las circunstancias, Juan José prefirió hablar poco con los medios de comunicación. “No es mucho lo que puedo contar, por motivos de seguridad (…). Pero sí les puedo decir que el flagelo del narcotráfico destruye familias y por eso decidí ser artista y cambiar mi vida para demostrar que el arte es una gran opción de vida. La mejor, diría yo”.

Hasta el final, la Cancillería colombiana intentó apelar por la vida de Arciniegas mediante una nota de clemencia. Pero no hubo vuelta atrás. El protocolo de la ejecución de la pena se llevó a cabo a las 10 de la noche, hora de Colombia. Una inyección letal dio punto final a la vida de un hombre que, según su familia, padecía de neumonía y vivió precarias condiciones de reclusión.

Fuente: Semana

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