Historias de la avalancha en Mocoa

Mocoa, la capital del Putumayo pasó una noche de terror, por la furia desatada por la creciente de los ríos Mulato, Sangoyaco y Mocoa, afluentes que rodean y cruzan este poblado anclado en medio de la selva.

Por eso, y paradójicamente, las redes sociales se convirtieron en los medios que anunciaban, casi en tiempo real, cómo transcurría la tragedia, que hasta el momento deja 193 víctimas mortales, más de 202 heridos, 220 desaparecidos y un sinnúmero de personas damnificadas en 17 barrios de la ciudad.

“Amigo periodista, esto es horrible… los ríos se están llevando todo, ayúdenos por favor…mire, mire, cómo se está llevando las casas…que nos ayuden, que por favor nos ayuden…”, fueron las palabras del comerciante Rafael Alvear al comunicarse, a través del Whatsapp, con el reportero Francisco Calderón, que labora en la capital del Cauca, alrededor de la media noche del viernes.

Ese corto mensaje de escasos 45 segundos fue el primero de una gran cantidad de comunicaciones que empezaron a llegarles a muchas personas en que residen en Pasto, Pitalito, Neiva, Popayán, Cali y Bogotá.

 

Mocoa sumergido en la zozobra

 

“No dormí en toda la noche porque después de las imágenes de carros arrastrados por las corrientes, empezaron a llegar angustiosos mensajes de voz gritando, pidiendo ayuda…al fondo se escuchaba el ‘rugir’ de la corriente, era algo espantoso porque uno no podía hacer nada, solo escuchar esos desesperados llamados, luego fue más horrible porque la energía se fue allá y los celulares empezaron a descargarse, perdiéndose la comunicación por completo”, relató la comunicadora social Carolina Mojana, quien labora en la cuidad de Pasto.

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Su familia, por fortuna, pudo resguardarse en el segundo piso de su residencia, ubicada en uno de los sectores residenciales de la capital del Cauca. “Ya en la madrugada, como las 5:00 a.m., perdí el contacto con mis seres queridos porque se descargó el último celular que ellos portan, antes de eso, me dijeron que estaban bien, que ya se acostaban a dormir porque ya pasaba el peligro”, agregó Carolina Mojana

En otros de los relatos que llegaban por esa plataforma digital se escucha a un agricultor, y vendedor de leche, que le dice a su hija, que también reside en Pasto, que lograron subirse al techo de su casa, ubicada en el barrio El Progreso.

 

Mocoa desde arriba

 

“Fue una noche angustiante porque mis papás me empezaron a llamar, a contarme casi en tiempo real lo que estaba pasando, que ellos escucharon primero como una fuerte explosión y que luego ya sintieron que la tierra se movía, se pararon de las camas para salir a la puerta, porque pensaban que era un temblor, pero no, lo que se encontraron fue un río frente a ellos… era espeluznante porque yo escuchaba, al fondo, como pasaba la corriente, pero lo que me mató escucharle a mi papá: mija, nos hablamos porque se me va descargar el cel, algo mortal para mí esas últimas palabras”, narró Ángela Jojoa, periodista de Colmundo Radio en la capital de Nariño.

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Así, poco a poco, se confirmaba los estragos que causaba la avalancha, con esos mensajes de segundos: “Hermano, mi barrio desapareció, de la terminal no quedó nada, los buses de la Cootrasnmayo parecen de cartón, las corrientes los arrastran, el puente de la llegada al pueblo no está, el otro que está frente al batalló destruido, la galería está en el piso”, contaba Rafael Alvear en cada mensaje que manaba a su amigo periodista.

“Este es un mensaje de Laura Montoya, atención Putumayo, ayúdenos por favor, estoy transmitiendo desde el techo de mi casa, el agua se entró a las casa, se llevó todo, los muebles, el carro, ayúdenos por favor, que la Alcaldía nos ayude, los bomberos, desde acá desde el barrio La Esmeralda para abajo está inundado”, otro mensaje que circulaba en la madrugada, en medio de llanto, la desesperación.

Ahora, la angustia de los familiares que residen en ciudades colombianas aumenta porque no hay comunicación con sus seres queridos. La planta que suministraba energía a este poblado está en ruinas. No hay forma de cargas los teléfonos celulares.

 

 

Con la llegada del día, se confirmó el panorama de destrucción y devastación de Mocoa, que no cuenta con industria, donde la gente salía adelante de un febril comercio de personas que viajan de esta localidad a abastecerse de Pitalito, Huila; Pasto, Nariño o desde el vecino país del Ecuador.

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“Es una catástrofe anunciada porque en meses pasados se hizo un llamado por algo similar pero no pasó nada, entonces ahora como que la gente no creyó en la voz de alerta que se emitió, no se alistó y vea lo que paso”, puntualiza la periodista Ángela Jojoa.

Mocoa, de unos 40.000 habitantes, sigue sin energía eléctrica y sin agua, servicios que el gobierno intenta restablecer. Carrotanques, tanques y plantas potabilizadoras ya fueron enviadas a la zona.

 

 

Fuente: El Colombiano – Colprensa