El alcohol ¿afecta de verdad al rendimiento sexual?

 

 

Parece que algunos investigadores han decidido ir más allá de la referencia shakesperiana sobre que un poco de alcohol suscita el deseo en tanto que algo más impide su consumación. Es un hecho clínicamente admitido que el consumo de alcohol puede causar disfunción eréctil.

Recientemente se ha difundido la investigación del grupo de Kew-Kim Chew, del Instituto de Investigaciones Médicas Keogh de Australia —realizado con una muestra de 1.580 hombres— que ha revelado que, en contra de este presupuesto, más que ver deteriorado su rendimiento en la cama, los bebedores reportaron un 30% menos de problemas sexuales que los abstemios. Admiten los investigadores que la bebida puede causar “otros problemas de salud”, si bien se centran en que los consumidores de alcohol —en concreto, los bebedores moderados— reportan menos problemas sexuales que los hombres que nunca beben.

A la vista del estudio, la precipitada conclusión que algunos medios han lanzado es que el alcohol mejora el rendimiento sexual. Olvidando que la población, también la de hombres australianos estudiados, presenta más variables que ingesta o no de alcohol. Beber de manera eventual y moderadamente suele corresponder con un estilo de vida más cercado al disfrute de los placeres. Mientras que la abstinencia radical, muchas veces, se relaciona con un sentido puritano y de contención que se puede extender también a lo sexual.

Por lo visto ser abstemio no garantiza mejor salud —tampoco sexual—. De hecho, las posiciones radicales —en este caso frente al alcohol— tanto por abuso como por abstención, suelen acumular mayor porcentaje de trastornos de diversos tipos: personalidades obsesivas, déficits de autoestima, etcétera.

La relación que las personas tienen con el alcohol —como con otras sustancias adictivas— tiene un componente psicológico, y las posibilidades de volverse adicto tienen que ver con factores genéticos que favorecen la adicción; por lo que es muy importante, en la relación con el alcohol, conocerse bien y tener muy clara la capacidad de control. Muchas personas no beben porque son deportistas y piensan que no les beneficia o sencillamente porque no les gusta. Otras lo disfrutan. Lo importante es que sean capaces de elegir y llevar el control. ¿Cuántas chicas y chicos muy jóvenes —a una edad más proclive a desarrollar adicción— beben porque simplemente los demás lo hacen? Y de éstos, ¿cuántos desarrollarán una adicción de por vida…?

Volviendo a la cuestión sexual, tampoco podemos dejar de lado la mucha evidencia clínica sobre los efectos que el abuso del alcohol tiene sobre la respuesta eréctil masculina; pensemos que la prevalencia de disfunciones sexuales entre las personas alcohólicas es alta y oscila, según distintos estudios, entre el 3,2 % y el 64,4%.