La excentricidad de los narcos mexicanos ya se puede ver en exposición

Cerca de dos decenas de armas doradas, algunas con más de cien pequeños diamantes en la culata y otras con el nombre del sicario -como ‘El Matadore’ o ‘El Embajador’- grabado en el cañón, duermen en sus vitrinas, en el corazón de la sede de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), en la capital mexicana.

No todos los sicarios pueden acceder a un arma así, no sólo porque cuestan entre 20.000 y 30.000 dólares (el precio de dos kilos de cocaína, aproximadamente), sino porque depende del rango y el respeto que se hayan ganado, explica el guía del recinto.

Oro y piedras preciosas

“Con frecuencia encontramos en las armas de fuego (grabados de) animales salvajes y joyería ostentosa, como oro, brillantes, rubíes, esmeraldas, marfil, motivos alusivos a personajes históricos y decorados artísticos”, dice.
Está claro que “el narcotraficante busca volcar en el arma su personalidad o parte de su manera de pensar, y la ostentación”.

El lujo de la narcocultura lo exhiben toda clase de objetos incautados a capos y lugartenientes detenidos, como el teléfono celular de oro de Daniel Pérez Rojas, ‘El Cachetes’, del grupo de sicarios Los Zetas, brazo armado del cartel del Golfo.

La seña de identidad de sus miembros, un colgante también de oro en forma de moneda con una Z grabada, también está allí.

A su lado reposan las gafas de sol Christian Dior con patillas doradas de Benjamín Arellano Félix, ‘El Tigrillo’, quien fuera líder del letal cartel de Tijuana, ahora preso en E.U.

Colgado en la pared está el blanco sombrero norteño de ‘El J.T.’, Javier Torres Félix, operador del cartel de Sinaloa, muy cercano a su cúpula.

También hay una fachada de la casa de un narcotraficante sinaloense, farol incluido, y en cuya puerta de fina madera el labrado de un pistolero norteño advierte, rifle apuntado al visitante, entre plantas de marihuana, que no es morada cualquiera.

Enfrente, un busto de Jesús Malverde, venerado como el patrón de los narcos, y una figura de la Santa Muerte, un culto muy popular entre los sicarios, según el Ejército.

El museo guarda también armamento con menos florituras que las pistolas de oro pero bastante más mortífero, como el AK-47, rifle de asalto por excelencia del crimen organizado, al que se apoda ‘cuerno de chivo’, por su cargador curvado.
También hay una Barrett, una ametralladora antiblindaje, y un R-15, el otro rifle de asalto predilecto del sicariato.

CIUDAD DE MÉXICO (Efe)