Segundo cumpleaños de la Línea de Atención Psicológica de Médicos Sin Fronteras, #335

El pueblo de Buenaventura, primer puerto del Pacífico colombiano, ha sido golpeado durante décadas por una violencia tan extrema como habitual. Esa violencia ha dejado huellas de dolor en todos aquellos que la vivieron directa o indirectamente y sigue presente en la memoria de una comunidad que, resistiéndose al olvido, lucha cada día para superarla.

Las experiencias de violencia tienen un impacto profundo en la Salud Mental de quien las vive. La naturaleza y las consecuencias de ese impacto dependen de muchos factores, incluyendo la capacidad de cada persona para entender y procesar la situación, la fortaleza de sus redes de apoyo familiar y comunitario y la disponibilidad de servicios de calidad que acompañen su proceso. Cuando las estrategias culturales, comunitarias, familiares y personales son insuficientes para reparar las heridas que dejan las atrocidades vividas, las experiencias de violencia afectan a largo plazo la vida de los sobrevivientes y su capacidad de seguir adelante. En contextos en los que la violencia es común y cotidiana, sus efectos no sólo se imprimen en los individuos, sino que contaminan las relaciones, debilitan el tejido social y, frecuentemente, se reproducen cruzando generaciones.

Desde que Médicos sin Fronteras comenzara a ofrecer servicios de Salud Mental en Buenaventura en 2015, nuestro equipo ha atendido a más de 3,600 personas.

La mayoría de estas personas se acercaron a nosotros a través del #335, nuestra Línea de Atención Psicológica, que este mes cumple dos años. En esta línea, que como todos nuestros servicios es totalmente confidencial y gratuita, los psicólogos y psicólogas de Médicos sin Fronteras ofrecen apoyo a la población bonaverense 7 días a la semana, 365 días al año, entre las 6 de la mañana y las 11 de la noche.

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A través de esta vía, miles de personas han podido compartir sus experiencias, que son testimonio directo del sufrimiento de una comunidad. Accediendo a ella han demostrado su fortaleza para pedir y aceptar ayuda, y su deseo de superar sus dificultades y seguir adelante son testimonio de la resistencia y la esperanza de un pueblo que sigue soñando.

Desde Médicos sin Fronteras queremos, en este segundo cumpleaños, agradecer y celebrar a todas aquellas personas que se resistieron a normalizar su dolor, que buscaron ayuda cuando la necesitaban y que siguen trabajando para desterrar el miedo de sus vidas, dibujando un futuro nuevo. También queremos seguir tendiendo la mano a los que todavía están juntando las fuerzas para dar ese paso.