Buenaventura en Linea

A mí la tecnología no se me da bien…

Hubo un tiempo en que este tipo de mantras sobre la tecnología tenían una base lógica. Tiempos en que al ordenador había que sacarle la utilidad a base de comandos, tiempos en los que el interfaz de las máquinas era un simple y poco amigable cursor parpadeando, tiempos en los que mis padres aplicaban frases como esa a la programación de las grabaciones del vídeo y se quedaban tan anchos.

Desde entonces empresas tan admiradas (y a veces tan criticadas) como Microsoft o Apple, se empeñaron en poner las cosas fáciles a la sociedad, mejorando la experiencia de los usuarios, y transformando lo complejo en intuitivo.

No, no es que la tecnología no se te dé bien, es que te da miedo, o (peor aún) pereza utilizarla. Pero la realidad es que hoy en día la única excusa aceptable desde una perspectiva puramente lógica es que hay tanta que es difícil abarcara toda.

tecnología

Los informáticos, esos seres mitológicos, siguen existiendo en la trastienda de la tecnología. Son esos duendecillos que crean los programas y administran las infraestructuras para que el usuario final haga uso de ellos. Para esta labor se siguen necesitando conocimientos más especializados, pero es sólo la punta de un iceberg metafórico, que, al contrario que en el natural, es la parte que permanece oculta. Se puede decir que la tecnología empieza ahí, pero, desde luego, no se queda ahí ni mucho menos.

La tecnología, desde hace mucho tiempo se ha democratizado, está al alcance de cualquier persona, y se ha vuelto fácil de usar.

No caben excusas para no utilizarla, no es un problema de conocimientos técnicos desde luego, es un problema de cambiar de hábitos. Lo tuyo no es incompetencia digital, es resistencia al cambio.

Hay ahí fuera miles de soluciones y aplicaciones, y sin duda algunas de ellas podrían hacerte la vida más fácil, pero claro eso supone buscar, explorar, probar… Supone curiosidad y estar dispuesto a invertir tiempo.

Esos son los verdaderos tecnólogos de hoy en día, los que están dispuesto a explorar, a leer, a instalar y desinstalar, a equivocarse hasta dar con la tecla correcta. Los que tienen visión para cambiar modelos de negocio en el mercado, hábitos de ocio en la sociedad, y rutinas estériles en la vida personal.

Cuando hace 10 años se hablaba de formación en herramientas digitales normalmente se pensaba en los informáticos como receptores de la misma. Hoy el foco se ha ampliado, abarcando prácticamente a todos los empleados.

Porque cualquier persona con interés y visión puede transformar su entorno con la tecnología que tiene a su disposición.

“A mí la tecnología no se me da bien” es un discurso obsoleto que esconde el miedo o la falta de ganas de probar cosas nuevas. Sí mi hijo de 7 años, y mi padre de 77 han comenzado a utilizar aplicaciones nuevas en el último año … no veo por qué no vas a poder tú.

En ese sentido la labor de los departamentos de formación debe cambiar, ya no podemos conformarnos con ser ese nexo de unión entre informáticos y proveedores externos con vitola de tecnólogos. Debemos calzarlos el salacot en la cabeza, coger el machete, y ser los que abren el paso entre la maleza a los exploradores de la compañía: curando contenidos, seleccionando lecturas, determinando con ayuda de los expertos aquellas soluciones que deberían ser de interés general (o de obligado conocimiento) para el resto de la compañía.

Cuando el mayor problema para sacar rendimiento a la tecnología no es su complejidad, sino saber separar el grano de la paja entre la extensa oferta del mercado, el verdadero valor que podemos ofrecer es el de ejercer de lazarillos para los ciegos digitales. No necesitamos ser enciclopedias tecnológicas, pero sí mostrar los caminos más adecuados.

Se trata de vencer nuestra propia resistencia al cambio para poder derrotar la de los demás.

Porque estoy convencido que el valor más importante de la formación no son los contenidos que se trasmiten y quedan a merced de una memoria limitada, sino las puertas que se abren, los “chis” (no he podido evitarlo) que se implantan en la cabeza del alumno y que le empujan a explorar para encontrar vías más óptimas de gestionar su trabajo… y su vida.

 

 

nerd by Javier Cabezas from the Noun Project

Fuente de la Noticia

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