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Buenaventura: Niños y jóvenes crecen entre fusiles de las bandas y cantos a Satanás - Cali - Colombia

Buenaventura: Niños y jóvenes crecen entre fusiles de las bandas y cantos a Satanás – Cali – Colombia


“Profe, ¿usted es de Espartanos o Chotas?”, pregunta un niño a su docente, a través de un contacto virtual. Ella le sigue pidiendo que haga una suma.

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El video fue puesto en redes sociales y refleja cómo están metidas en las casas y barrios de Buenaventura esas palabras que deberían provocar miedo.

Miedo como el que causó el sepelio de Juan David Ortiz, conocido por sus amigos como ‘Chucky’, con su cuerpo lleno de tatuajes, sus anillos deslumbrantes, sus zapatillas, sus armas y su sonrisa.

La policía, en un operativo del sábado 6 de febrero, anunció su muerte en combate. “Por acá la gente se asustó más por el funeral, porque hubo disparos al aire, heavy metal y reguetón”.

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Las autoridades lo asocian a la banda de ‘los Espartanos’, que cantaron en su despedida: “Ya falta otro en el barrio. ¿Qué pasó? ¡Vino la muerte a buscarlo? So, yeah, me now starting. Hoy falta otro en el barrio y de sus brazos no pudieron quitarlo”, sonó en el funeral.

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También se escuchó a Tommy Lee, con su gothic dancehall, de la llamada música oscura y satánica:

“El dolor que siento que nunca sabrás. Emociones que nunca demuestro… Pero caminé este camino solitario antes de ser un soldado espartano. Nací para conquistar. Fui criado y entrenado para la guerra, soy un soldado espartano. Hasta que mi vida termine. Hasta que mi corazón no pueda latir más”. 

Es una banda que también se relaciona con los videojuegos de personajes de mitología. Una profesora que conoció a Ortiz dice que no sabe en qué momento se metió en ese mundo de armas y donde se canta ese “siempre acicalado y no se baja de Beretta”, en referencia a las 9 milímetros y a las municiones.

‘Los Chotas’, con los que se enfrentan, también tienen sus ritmos en el reguetón mezclado con la salsa y la música popular. Los dos bandos se formaron tras la detención de cabecillas, como sucedió en los mismos carteles de las drogas. Los tenderos y otros comerciantes deben sobrevivir con la extorsión encima. 

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‘Los Chotas’, con los que se enfrentan, también tienen sus ritmos en el reguetón mezclado con la salsa y la música popular.

Por los callejones destapados, entre casas de ladrillo y las de madera, paradas en palafitos, a la orilla del mar, se han hecho sentir con sus carrerones o cuando pasan con las canciones que citan a Satanás y Lucifer.

Los nombres de ‘Tatau’, ‘Yuca’, ‘Guacho’, ‘Zarco’, ‘Peluco’, ‘Compa’ y más se mencionan en voz baja ahora que hay una arremetida de uniformados de la Armada y la Policía. En ambos grupos hay adolescentes que no creen ni se preocupan por llegar a los 30 años.

De resto, los niños, niñas y adolescentes ven pocas esperanzas en pescadores con embarcaciones modestas ante ese mar del Pacífico. 

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De resto, los niños, niñas y adolescentes ven pocas esperanzas en pescadores con embarcaciones modestas ante ese mar del Pacífico

No circulan muchos con pescado, sino que ven cómo se nada entre drogas y armas para ponerse las cadenas o los anillos de oro.

Quieren entrar desde los 12 años o menos a que les asignen una tarea, así sea traer una botella de licor o ser ‘campaneros’ cada que aparezca la autoridad o alguien no identificado en los barrios. Se sueñan sentados con una botella de licor a sus pies.

Los vecinos ajenos a ese agite se han desvelado muchas veces metidos en baños o debajo de cojines. Los nuevos materiales de construcción y las maderas no atajan esos disparos. Los que se han ido saben que cuando vuelvan, de pronto, encontrarán otros habitantes o su casa desmantelada.

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Por ahora, lo dicen en estos lados, es mejor callar cuando se escuche ese: “Tengo tantos asesinos que creo que nací inmortal. Vivo en lo ‘clandestino’ y por eso yo siempre ando con mi ‘colta’ (pistola). El Draco suena, te salgo a matar de noche y el cielo truena. Un aguacero e’ bala. La transmisión escupe, el fiscal de forense que de ti se ocupe. Mi lista de enemigo la he tachado entera, ellos matan, mientras me chingo una cuera”.

JOSÉ LUIS VALENCIA
SUBEDITOR SUROCCIDENTE
EL TIEMPO

Fuente de la Noticia

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