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jueves, junio 4, 2020

Coronavirus, un vistazo a una Colombia que entre el aislamiento sorprende gratamente – Política

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Es muy pronto para hacer diagnósticos y sacar conclusiones, pero por lo visto hasta ahora con el más grande desafío que ha enfrentado la humanidad en las últimas décadas, Colombia parece ir en el camino correcto.

En el imaginario colectivo se creía que comparativamente en la región la institucionalidad del país era más incipiente que, por ejemplo, la mexicana o la brasileña.

Gobernados por dos extremos ideológicos, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador y el derechista Jair Bolsonaro, se han sintonizado ahora en la casi nula reacción ante la pandemia, lo cual ha provocado la perplejidad global.

“Nadie puede decir que no lo sabía. Bueno, Bolsonaro, el maníaco que gobierna Brasil, siempre puede hacerlo, porque dice y se desdice cada dos por tres. Pero, en serio, ¿quién aguanta todavía hablar sobre este demente, que aumenta criminalmente el riesgo de muerte de los brasileños, a no ser que sea para gritar ‘¡fuera!’?”, escribió en El País la reputada escritora, reportera y documentalista Eliane Brum.

“El comportamiento del presidente López Obrador de cara a la crisis del covid-19 es un ejemplo sumamente peligroso que amenaza la salud de los mexicanos”, dijo, por su parte, José Miguel Vivanco, director para las Américas de la ONG Human Rights Watch (HRW), en un comunicado de la organización.

En cambio, en Colombia, con sus más y sus menos, se percibe que hay un Estado con un liderazgo nacional, y muchos otros a nivel local, que se ha arremangado para buscar atenuar el impacto de una crisis que no estaba en las cuentas de nadie.

Cien días no son nada

En el balance sobresale la gestión ejemplar de varios alcaldes y gobernadores que ni siquiera han cumplido cien días en su cargo.

Al tomar posesión de sus puestos, el pasado 1.º de enero, todos llegaron con propósitos radicalmente distintos a los que ahora enfrentan y, en muchos casos, se han ganado los aplausos.

Un reconocimiento difícil de aceptar porque en el colombiano la sentencia ‘palo porque boga, palo porque no boga’ forma parte de su ADN.

Y, sin embargo, hay muchos logros en medio de semejantes circunstancias. Este es un vistazo a una Colombia que entre el aislamiento sorprende gratamente.

En primer lugar, la reivindicación de que la vida está por encima de todo. Un bálsamo en la historia de Colombia, que está marcada por la violencia al extremo de que uno de los clásicos de este fenómeno fue bautizado por su autora, la antropóloga e historiadora María Victoria Uribe, como Matar, rematar y contramatar.

Este mismo país parece haber marcado un punto y aparte en esta coyuntura trágica.

Y aunque los asesinatos de los líderes sociales no han cesado –los indígenas del pueblo embera chamí Omar y Ernesto Guasiruma fueron asesinados el lunes en el Valle–, también es cierto que mayoritariamente sus 50 millones de habitantes se unieron y acataron el aislamiento social que busca proteger la vida del otro, de uno mismo, del familiar, del vecino.

¡Qué viva la ciencia, carajo!

“Aunque somos precursores de las ciencias en América, seguimos viendo a los científicos en su estado medieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria que no sean un milagro de la ciencia”, escribió Gabriel García Márquez, en 1994, en el informe de los diez sabios comisionados por el presidente César Gaviria para reflexionar sobre la Colombia del futuro. El texto, lamentablemente, fue cubierto por el polvo.

En esta cuarentena, sin embargo, todos los ojos volvieron a reconocer a los profesionales de la medicina en el papel que les corresponde. El eco del aplauso cada noche, a las 8, en agradecimiento a su esfuerzo simboliza el estatus que deben tener en la sociedad.

Como afirma, también en El País, el escritor español Antonio Muñoz Molina, se trata del “regreso del conocimiento”. “Nos habíamos acostumbrado a vivir en la niebla de la opinión, de la diatriba sobre palabras, del descrédito de lo concreto y comprobable, incluso del abierto desdén hacia el conocimiento. El espacio público y compartido de lo real había desaparecido en un torbellino de burbujas privadas, dentro de las cuales cada uno, con la ayuda de una pantalla de móvil, elaboraba su propia realidad a medida, su propio universo cuyo protagonista y cuyo centro era él mismo, ella misma”.

Hoy, en Colombia, como allá en España, prevalecen las voces de personas que saben y de profesionales cualificados y con coraje.

A nadie le parecen aburridas las largas entrevistas, hasta de una hora, en la radio a epidemiólogos, científicos y médicos, entre otros. En los noticieros de televisión, las figuras ya no son las reinas de belleza, sino los profesionales de la medicina, de la erudición.

Cada día, al menos en un programa informativo, hay una fuente de una de las universidades colombianas. Los reporteros llamamos allá para buscar sabiduría y respuestas, y no, como hasta hace apenas un mes, para tomar nota de la pedrea.

La calidad en el cubrimiento se ha hecho más exigente. Incluso en este diario, en EL TIEMPO, toda la información de la pandemia debe tener el visto bueno de un equipo dirigido por el doctor Carlos Francisco Fernández antes de ser entregada a los lectores.

En otro ámbito de la vida pública podría exclamarse: ‘Hasta luego, polarización’.
Enfrentados a muerte en los años cuarenta y cincuenta, entre liberales y conservadores; entre defensores de una salida negociada con las guerrillas y los partidarios de la vía militar, medio siglo más tarde; entre los votantes del Sí y los del No, en los años actuales, por fin ahora los colombianos nos sintonizamos en el mismo discurso. La decisión de Gustavo Petro de respaldar al presidente Duque y el gesto de este de llamarlo para comunicarle sus decisiones ante la emergencia son ejemplos de que se acabó, al menos por ahora, la extrema polarización política.

Y hasta el más caracterizado adversario de Nicolás Maduro, el expresidente conservador Andrés Pastrana, pidió dejar a un lado la confrontación con él porque, dijo, es más importante salvar las vidas de las personas que habitan en la frontera entre Colombia y Venezuela. Incluso, prometió que, si era el caso, él mismo iba hasta Caracas a dialogar.

Un propósito colectivo La propagación del covid-19 ha sido básicamente frenada en la provincia de Hubei y en su capital, Wuhan, dijo el presidente chino, Xi Jinping, por el esfuerzo de sus ciudadanos que priorizan el bienestar general.

Aquí, con las excepciones conocidas, se ha demostrado que también es posible entre todos sembrar para cosechar. Y qué mejor que aislarnos hoy para que cuando nos juntemos no falte nadie, dicen en las redes sociales.

Incluso, estas formidables herramientas de la comunicación moderna han tenido un giro inesperado. Silvia Fesquet recuerda, en Clarín de Buenos Aires, que “con una irresponsabilidad digna de mejor causa, y sin que se entienda bien el porqué, las redes sociales y otros instrumentos se han convertido en vehículo de informaciones y recomendaciones falsas que, de buena fe, retransmiten en proporción astronómica quienes los reciben, multiplicando en simultáneo la angustia y el miedo”.

Este fenómeno que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como ‘infodemia’ sigue en Colombia. Pero también en las mismas redes cada vez hay más tendencias, impulsadas por los usuarios, que señalan la información falsa e igual abundan los mensajes en donde se pide buscar a los medios que sean creíbles.

Salvar el planeta

Finalmente, otro aspecto positivo de esta inédita parálisis global que se ha visto aquí es el de volver la mirada a la naturaleza. Muchos ecologistas y ambientalistas están de plácemes porque han filmado a un zorro saliendo tranquilo de los cerros nororientales, a delfines nadando en la bahía de Cartagena, o a una zarigüeya cargando a sus cuatro crías en su lomo y caminando por un andén en Neiva.

Y en Bogotá, por primera vez en mucho tiempo, todas las estaciones de medición del aire registraron, al menos por breve tiempo, nivel verde, es decir, moderado.

Esta serie de hechos revela que, más allá de los atávicos fenómenos de corrupción y violencia, hay otro país para mostrar.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE POLÍTICA DE EL TIEMPO
@armandoneira​



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