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De la planta salvaje a su posible legislación en México en 2021


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Por Raúl Castañeda, cofounder de Canncura

La planta del cannabis y el humano se han acompañado a lo largo de su evolución. La planta pasó de ser cultivada por nuestros ancestros, a ser prohibida y ahora reintroducida a la sociedad donde la podemos encontrar para satisfacer distintas necesidades que van desde los textiles hasta la medicina, sin olvidar su tan estigmatizado efecto sobre “la mente”.

“La ilegalidad del cannabis es escandalosa, un impedimento para la plena utilización de un fármaco que ayuda a producir la serenidad y la perspicacia, la sensibilidad y el compañerismo que tanto se necesitan en este mundo cada vez más loco y peligroso”, dijo alguna vez el astrónomo de renombre Carl Sagan. Hoy en día el uso recreativo, homologado como -uso adulto- dentro de la propuesta de ley para la regulación del cannabis en suelo mexicano, así como el uso industrial, están acompañados por un tercer pilar, el cual es: el uso medicinal.

Si bien el valor medicinal del cannabis se puede rastrear a distintas épocas, la evidencia científica que se ha ido acumulando en las últimas décadas junto con el activismo de familias y organizaciones sociales le han dado a la planta una nueva oportunidad.

El descubrimiento del sistema endocannabinoide del cerebro comprueba lo que en algún momento eran solo recuentos anecdóticos de sus beneficios sobre el organismo. Nuestro cuerpo cuenta con un sistema que produce moléculas muy parecidas a las que encontramos en el cannabis y es capaz de absorber y aprovechar estas sustancias. A través de este sistema es como la ciencia explica los efectos analgésicos, desinflamatorios, sedantes y anticonvulsivos que se obtienen al consumirla.  

Este sistema ayuda a regular casi todas las actividades biológicas de nuestro organismo, desde los niveles de cortisol en la sangre hasta nuestros cambios de humor. Aprender a modular este sistema con la ayuda del cannabis podría tener un valor terapéutico para la mayoría de enfermedades que conocemos. 

El primer registro de la palabra “mariguana” dentro de la Farmacopea Mexicana lo encontramos en 1846 en la sección de “Medicinas fundamentales más comunes”, listando al cannabis sativa y cannabis indica, nomenclatura otorgada en el siglo XVIII a la que más tarde se le añadiría otra variedad llamada cannabis ruderalis, haciendo mención de sus beneficios y su posible efecto narcótico. Aunque algunas personas suelen atribuirle efectos sedantes a la variedad indica y efectos eufóricos a la variedad sativa, se debe hacer hincapié en que si bien en algún momento existía tal diferencia, hoy en día hacer este tipo de distinción es anticuado. 

El primer registro de la palabra “mariguana” dentro de la Farmacopea Mexicana lo encontramos en 1846 / Imagen: Depositphtos.com

Estas variedades fueron el resultado de siglos de cultivo en las distintas regiones del planeta en donde la planta fue adaptándose al grado de convertirse en una especie endémica de cada zona y lo que empezó como una planta salvaje pasó a dividirse en tres variedades, conocidas también como landrace, estas plantas fueron los cimientos para la creación de todas las variedades que hoy en día se conocen. 

Con la llegada de la prohibición y la creciente demanda de nuevos y mejores productos para su uso recreacional, así como medicinal, algunos cultivadores empezaron a mezclar estas variedades intentando mejorar alguna característica, como por ejemplo: su efecto, color, sabor o aroma, de manera que una planta indica, polinizaba una sativa, dando como resultado semillas que presentaban al crecer características de ambas variedades. 

Conocidas como híbridos, estas mezclas de plantas comenzaron a una industria en donde la calidad de un producto está ligada con la genética de la semilla, sus características visuales, su efecto sobre el cuerpo y el método y cuidados detrás de su cultivo y cosecha. Así es como la prohibición de la siembra, consumo, distribución y venta de cannabis pasó a formar parte fundamental de su historia.

Con el paso del tiempo se dividió la industria, y el cannabis tomó nombres como marihuana y cáñamo con el objetivo de diferenciar el cannabis recreativo del destinado a un uso industrial. 
Con las nuevas regulaciones y el fin de la prohibición en distintos lugares del mundo, la tecnología e investigación enfocada en aprovechar esta planta ha traído el mito a un plano terrenal. Ayudándonos a entender los beneficios de esta planta, su contenido y el potencial de un futuro que se pinta de verde. 

La aplicación de nuevas tecnologías nos ha permitido estandarizar cultivos de tal manera que hoy, el diseño de cultivares con características específicas, es una realidad. Estos avances nos permiten imaginar el impacto que esta industria puede tener en el futuro. Ya que un contenido estandarizado nos permite tener la seguridad de poder cumplir con un estándar de calidad, al igual que un acceso a productos con contenido confiable. 

De esta manera, es como el cannabis ha encontrado su camino de vuelta al mercado legal, y con esto, a grandes especulaciones financieras. 

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