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De nuevo: primero la economía / Opinión de Cecilia López Montaño | Finanzas | Economía

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De nuevo: primero la economía / Opinión de Cecilia López Montaño | Finanzas | Economía

La decisión que tomó el Gobierno avalada por el empresariado y por muchos sectores del país, corrobora la importancia de que los economistas entiendan su inmensa responsabilidad. En medio del tercer ciclo del covid-19 se abre la economía porque el país y el sistema productivo no resiste más, es el argumento de fondo. La verdad es que la pobreza y la pérdida de la capacidad productiva han llegado a niveles inmanejables. La economía es entonces un eje central de los países, de la calidad de vida de la población y de muchas variables fundamentales en una sociedad. Pero de nuevo la economía en esa dualidad entre ésta y la salud, gana la primera, pero es hora de plantear preocupaciones antes de que entremos en momentos aún más críticos.

Al priorizar la reactivación dos elementos son cruciales. Primero el paro, la convulsión social que se siente como una realidad frente a la cual no surgen grandes preocupaciones. Parecería que la estrategia del gobierno frente a la cual al menos el comité del paro debería reaccionar de otra manera, es dejar que la protesta de la juventud se debilite hasta desaparecer. Una apuesta peligrosa porque no es evidente que especialmente esa juventud que ha puesto los muertos pero que por fin tiene voz, vaya a desaparecer por cansancio. Puede que momentáneamente pare, pero seguirá porque ya ha logrado triunfos y ha demostrado que ha asumido un liderazgo que nadie tenía antes de esta convulsión social. Por ello los economistas deben reconocer esa realidad y tener en la agenda esas demandas que hasta ahora se han quedado en lo superficial, y no en lo que están pidiendo estos grupos: un desarrollo incluyente, sostenible, justo y una verdadera democracia. Ninguna de estas dos demandas tiene respuesta por parte del llamado aparato productivo y menos del gobierno.

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Segundo la pandemia, porque estamos en un momento crítico que parece haberse asimilado como algo irremediable como si la muerte, el vía crucis de esperar una UCI, fueran hechos que vivirán otros, los más pobres. Se equivocan, si no hay camas no las hay. ¿A los economistas les preocupa lo que ya vive el personal de la salud y lo que les espera? ¿Dónde están las solicitudes para que se destinen recursos para mayores dotaciones en el sector, para lograr aumentar la nómina de médicos, enfermeras, ambulancias, equipos? Nadie siente esa preocupación como si este sector no estuviera ya en los límites. Una mirada muy egoísta, por un lado, pero muy poco inteligente.

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Pero hay otro elemento que sí es parte de la agenda económica: la situación de la demanda interna motor fundamental para que la reactivación sea un hecho. Cuando se tiene el 72% de la población con ingresos inferiores a la línea de pobreza o apenas con lo mínimo para satisfacer sus demandas, cómo se impulsa la economía. Lo que produce la industria colombiana no es necesariamente lo que demanda el 28% restante del país que tiene ingresos suficientes, altos o muy altos, el 1% de la población. Estos sectores compran poco de la industria nacional y mucho importado. Sin duda cuando todo se reactive se generan puestos de trabajo, pero cuantos de estos irán para esta población con muy baja calificación y cuya actividad se realiza en la calle. Algo les llegará a las vendedoras de dulces cuando más gente vaya a las oficinas, almacenes o simplemente estén en la calle, y se venderán más aguacates, etc., pero ¿no será necesario pensar en que requieren apoyos adicionales? ¿Dónde están las propuestas como las de Fedesarrollo de los empleos públicos para estos grupos? Y las mujeres jóvenes qué…

Se sabe que estos sectores no ingresan a las nóminas con salarios decentes, luego se necesita ese apoyo que el gobierno no quiere aceptar: unir esos subsidios que no siempre llegan a los que toca y agregar algo más para esa renta básica de emergencia apoye precisamente a quienes solo comen una o dos veces al día. Empleos públicos dirigidos específicamente a los jóvenes, mujeres y hombres, para que no desplacen trabajo de adultos mayores y para que esta población adquiera experiencia para poder ingresas al mundo laboral formal.

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La crisis de la educación requiere más medidas para que niños y jóvenes lleguen ya a las escuelas, entre otras para quitarle algo de esa inmensa carga del cuidado que han asumido las mujeres. La inseguridad alimentaria del país ha prendido luces rojas por parte de la FAO y no aparece en la agenda de la reactivación. El campesinado alimentó a sectores urbanos cuando estaban en confinamiento, pero ahora con el paro han sido grandes perdedores inclusive los de nivel empresarial que proveen alimentos. Donde está el ministro de Agricultura: la reactivación no puede ignorar al campo colombiano.

Sí, prima la economía, pero para que esta reactivación no fracase es necesario que los economistas y el aparato productivo reconozcan las verdaderas necesidades de una sociedad convulsionada y en niveles de precariedad que no se creyeron posibles en el país.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO
[email protected]
www.cecilialopez.com

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