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El 92,9% de las mujeres rurales hacen trabajos que no son remunerado | Economía

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Pobreza multidimensional: hogares del campo los más golpeados de Colombia | Finanzas | Economía

Las brechas entre el campo y la ciudad son ampliamente visibles, al punto de que en 2020 mientras que la tasa de pobreza multidimensional en las cabeceras municipales fue de solo 12,5%, en las zonas rurales fue de 37,1%. Pero en medio de la ruralidad también existen brechas entre hombres y mujeres.

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El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y el Ministerio de Agricultura presentaron esta semana una nota estadística: “Situación de las mujeres rurales en Colombia”, en la que muestran una radiografía de la situación del campo y las brechas entre hombres y mujeres.

(Lea: Retorno a la presencialidad impulsó el empleo femenino en Colombia)

Una de las más notorias está en el campo laboral, mientras que la tasa de ocupación de las mujeres fue 29,2% para 2020, que corresponde al menor nivel registrado en los últimos diez años, la de los hombres, el año pasado, y a pesar de la pandemia, se mantiene en 68,8%.

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Además, según el reporte, y de acuerdo con información de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del Dane, para 2021 la división sexual del trabajo persiste, ya que la participación de los hombres es mayor a la de las mujeres en actividades de trabajo remunerado y la de las mujeres es superior que la de los hombres en actividades de trabajo no remunerado.

Durante los primeros cuatro meses de 2021 aumentó la participación en actividades de trabajo no remunerado para ellas, pues 92,9% de las mujeres rurales realizaron actividades de trabajo sin salario, siendo este dato 35 puntos porcentuales (pps.) mayor que el porcentaje de hombres rurales en el mismo período.

Las dimensiones de pobreza, tanto multidimensional como rurales, están muy asociadas a brechas muy importantes en el trabajo que observamos en el mercado laboral en la zona rural. La dedicación de las mujeres rurales a oficios del hogar tiene una brecha muy importante en términos de participación, vemos un aumento en las horas y la dedicación de las mujeres rurales al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado”, explicó el director del Dane, Juan Daniel Oviedo.

Además de esta diferencia con los hombres, las mujeres rurales también tiene una brecha pronunciada con las que viven en las zonas urbanas, pues 40,6% de ellas sí está trabajando.

Por el lado del desempleo, el reporte muestra cómo, si bien la tasa de desempleo en las zonas rurales fue más baja que en las zonas urbana durante 2020, estas son también las tasas más altas de la última década, y mientras que para los hombres el desempleo en el campo, durante 2020, cerró en 5,7%, lo que implicó un aumento de 1,5 puntos porcentuales por la pandemia, en las mujeres rurales se disparó a 16,2%, un aumento de 4,6 puntos.

De acuerdo con el Dane, en la última década, la tasa de desempleo de las mujeres en las zonas rurales ha sido superior a la de los hombres en por lo menos 6,6 pps., con un
promedio de 8 puntos.

Condiciones de vida

En Colombia hay 3,8 millones de hogares en las zonas rurales, de los cuales el 31,6% son encabezados por una mujer. Según el Dane, de estos hogares de jefatura femenina, la mayoría no tiene cónyuge, lo que implica mayores cargas para las mujeres.

Uno de los objetivos más importantes para el desarrollo rural y el cierre de brechas poblacionales y territoriales es la erradicación de la pobreza. Dentro de los hallazgos que entregó el reporte está que para el año 2020, 4 de cada 10 mujeres rurales en Colombia se encontraban en situación de pobreza multidimensional, una prevalencia similar a la de los hombres.

Dentro de las principales condiciones para la calidad de vida de las mujeres también está el componente educativo. Allí la mayor brecha de las mujeres rurales está en contraste con la población femenina de las zonas urbanas.

Cifras de 2020 muestran como el 10,6% de las mujeres rurales de 5 años o más no sabe leer escribir y el 89,4% sí sabe hacerlo, mientras que en las zonas urbanas el porcentaje de mujeres en ese rango de edad que no sabe leer y escribir es de apenas 4,1%.

Además, el 21,4% de las mujeres que viven en el campo han accedido a educación media, y 7,9% tiene educación superior o un título de posgrado. En este caso, y pese a las disparidades, las mujeres rurales tienen una mayor participación en los niveles educativos que los hombres. Solo 18,3% de ellos cuenta con educación media y apenas 5,6% con educación superior o posgrado.

La nota estadística evidencia, además, que para las mujeres entre 6 y 21 años que no estudian el principal motivo es el tener que encargarse de los oficios del hogar (23,7%), falta de dinero o costos educativos elevados (19,8%), embarazo (9,6%) o porque no le gusta o interesa estudiar (9,6%).

Adicionalmente, el informe hace énfasis para esta población en las tasas de fecundidad, que hacen referencia al número de hijos que las mujeres tendrían a lo largo de su vida reproductiva. Para 2020, la tasa de fecundidad infantil, que corresponde a las edades de 10 a 14 años, se ubicó en 18,4%, 8,6 puntos por encima de la evidenciada en zonas urbanas.

Datos del Censo Nacional de Población y Vivienda (CNPV) de 2018 revelan, además, que la proporción de matrimonios infantiles es superior en el campo que en las ciudades o cabeceras municipales, pues el 2,5% de las niñas de 10 a 14 años y el 19,2% de las adolescentes de 15 a 18 años estaban o habían estado casadas o en uniones tempranas en el momento en que se realizó el censo.

Tenencia y uso de la Tierra por mujeres del campo

El Dane informó en su nota estadística que para 89,1% de las mujeres productoras en el campo su Unidad de Producción Agropecuaria (UPA), la tierra, era propia, en el 5,3% es arrendataria, el 2,0% en usufructo y el 3,6% aseguró tener otras formas de tenencia de la propiedad.

Sin embargo, por el tamaño de las UPA, se conoció que aquellas en las que solo toman decisiones las mujeres, que son el 60,1% tienen menos de 3 hectáreas. En las de más tamaño deciden son los hombres.

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