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Foto: Sistema antimisil SeaRAM con lanzador de 11 misiles (Rytheon) Foto: Sistema antimisil SeaRAM con lanzador de 11 misiles (Rytheon)

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el arsenal de Israel en su escalada de tensión con Irán

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A estas alturas, hablar de tensión en Oriente Medio no es nada nuevo. Todo lo contrario. Provocaciones mutuas, ataques limitados, roces políticos y, cómo no, el programa nuclear iraní, han tensionado las ‘no relaciones’ entre Irán y el estado hebreo a unos extremos muy preocupantes. Dentro de ese clima, imposible de mantener, la última gota que puede colmar el ya repleto vaso israelí ha caído esta semana con el ataque al carguero Helios Ray, del que se culpa a Irán. Tal es el clima de tensión que se da casi por segura una acción militar de represalia sobre Irán. ¿Cuál sería su alcance y con qué medios?

El Helios Ray es un barco de bandera de Bahamas, pero de propiedad israelí. Se trata de un buque de 21.000 toneladas para transporte de vehículos, de los que se denominan “RO-RO” (Roll ON – Roll Off). Había salido del puerto saudí de Dammam y se dirigía a Singapur cuando el 26 de febrero, en mitad del Golfo de Omán, sufrió un ataque que dejó dos visibles aberturas en el casco de ambas bandas y por encima de la línea de flotación.

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En un primer momento se habló de sabotaje para acto seguido referirse a ataque con misiles. Lo cierto es que las fotos difundidas donde se aprecian los daños interiores y exteriores del buque, hacen pensar que la causa bien pudo ser el impacto de varios misiles de pequeño tamaño. El 1 de marzo el primer ministro Benjamin Netanyahu acusó directamente y con rotundidad a Irán y no solo eso, insinuó que habría consecuencias cuando afirmó que “Irán es el mayor enemigo de Israel, estoy decidido a detenerlo”.

Esta supuesta acción militar iraní, cuyo gobierno se ha apresurado a negar, podría ser a su vez la reacción al ataque sufrido por las milicias pro iraníes en la frontera de Siria, una zona muy castigada por la aviación judía. Ante estos hechos y con la tensión al límite, cabe plantearse dos preguntas. La primera sería si Israel va a emprender alguna acción militar contra Irán. En caso afirmativo, la segunda sería de qué magnitud y contra qué objetivos.

El arte de la disuasión

La respuesta a la primera pregunta es clara. Moverán ficha. Esto es así porque su propia supervivencia se basa en la disuasión que ejerce sobre sus vecinos y enemigos. El concepto de disuasión nace con la Guerra Fría y su mayor exponente fueron las armas nucleares, pero en general se refiere a la idea de que un ejército poderoso hará desistir a los enemigos de un ataque, ante el miedo a las consecuencias de una respuesta militar e incluso de un ataque preventivo. Esto es, evitar el conflicto armado mediante la existencia de las armas. Y hay que reconocer que, en esto, Israel es un modelo a seguir.

Bombas explosivas (para uso real) de 2000 libras listas para cargarse en aviones F-35 Adir. (IAF)

La disuasión se fundamenta en tres reglas que es necesario cumplir para que tenga efecto: tener los medios militares adecuados, que se sepa que se tienen y voluntad de utilizarlos. Israel cumple con estas tres reglas. La primera es algo obvio, los medios existen y cuenta con unas fuerzas convencionales al máximo nivel, ha desarrollado una formidable industria militar, cuenta con el más formidable arsenal de misiles de la zona y, por último, dispone de armas nucleares y una red de inteligencia que funciona como un reloj.

La segunda regla también es sencilla de entender. Tiene mucho que ver con las políticas de comunicación militares, aunque no nos equivoquemos, esto no significa que se faciliten datos sensibles. Cada vez que se difunden informaciones, imágenes, vídeos, etc. del material militar y de su utilización, que en el caso israelí todo está escrupulosamente filtrado, se está mostrando la capacidad militar de que se dispone.

La tercera es la más compleja y, quizás, la más difícil de cumplir. De nada sirve disponer de unos medios y darlos a conocer si no se tiene la voluntad de utilizarlos y si ese mensaje no se traslada al exterior de manera inequívoca. No se ejerce disuasión si el enemigo piensa que no existe voluntad, y en esto se entra en terreno político, de utilizar esos medios militares.

La respuesta israelí

Cuál será la magnitud de esa respuesta y contra qué objetivos, es otro cantar. Podríamos pensar en un primer momento en una acción contra lo que hoy es la principal preocupación del gobierno judío: el programa nuclear iraní. En el fondo nada nuevo pues ya lo hicieron en 1981 contra la planta nuclear iraquí de Osirak, en la denominada “Operación Ópera” o en el ataque de 2007 a la planta nuclear de Deir al Zaur en Siria, operación “Outside Box”. Pero atacar los complejos iraníes es harina de otro costal.

Misil Delilah cargado en un F-16 Sufa. (KGyST)

Osirak estaba situado a 1.600 km de distancia de sus bases y se necesitaron ocho F-16 y 6 F-15, en una compleja operación en la que los aviones volaron por el borde del espacio saudí camuflados como aviones jordanos. El ataque a Siria fue más sencillo pues el objetivo estaba a unos 500 kilómetros de su frontera y se realizó con tan solo 4 F-16. Pero Irán tiene al menos cuatro centros importantes, Arak, Isfahan, Natanz y Fordo, que están situados a una gran distancia y donde, además, se complicaría mucho la ruta de acceso por tener que sobrevolar territorio de países a los que, digamos, no les gustaría que esto sucediese.

Que el programa nuclear iraní progrese y, tal vez, se acerquen a tener un arma de fisión, es algo que Israel no va a permitir de ninguna manera. Lo han dicho abiertamente. Pero del mismo modo y aunque disponen de la capacidad militar para lograr, como mínimo, detener sus avances, lo cierto es que es un hueso duro de roer. Hay varios análisis que simulan un ataque a estos objetivos, de los que quizás el más crítico fuese Natanz y se necesitaría una nutrida fuerza atacante. Las instalaciones iraníes están enterradas y bien protegidas por hormigón y defensas antiaéreas. Ser utilizarían los modernos F-15I (versión propia del F-15E Strike Eagle) denominados “Ra’am” de los que tienen 25 ejemplares, necesitando emplear todos ellos.

Este ataque de gran magnitud no se puede improvisar, requeriría una compleja planificación y el concurso de varios aviones cisternas (uno de los pocos puntos débiles de la aviación judía) y de los F-35I “Adir” que, utilizando su capacidad furtiva, se encargarían de las defensas antiaéreas. Sin embargo, no todo son inconvenientes y la actual distensión entre árabes e israelíes, unido a la pelea entre saudíes e iraníes, podría favorecer uno de los aspectos claves de este ataque, que sería la ruta de aproximación y que se podría hacer bordeando de nuevo el espacio aéreo saudí.

Ataque limitado

Atacar la industria iraní del uranio es algo que figura en los planes israelíes. Tal es así que existe un presupuesto para prepararse de cara a un enfrentamiento con Irán donde ya se han invertido cerca de 4.000 millones de dólares, a los que se sumaría una nueva partida de 1.200 millones adicionales. Aunque parte de este dinero se destinará a mejorar las defensas antimisil, algo que preocupa a su estado mayor, también se dedicará a investigar y mejorar el ya potente arsenal de misiles de largo alcance y algunos “programas secretos” de los que poco se sabe. Sería un planteamiento de guerra generalizada y no parece algo inminente.

F-16 Sufa armado con misiles aire – aire y bombas de 2.000 libras guiadas por laser. (IAF)

Pero un ataque limitado, con objetivos concretos que pudieran afectar a instalaciones militares es algo que se puede esperar en cualquier momento. Aquí Israel desplegaría su potencial aéreo y de misiles, utilizando armas de largo alcance y de alta precisión. Sus F-35, de los que ya hay un escuadrón plenamente operativo, serían un factor clave. No olvidemos que, de momento, es el único usuario de este avión con acceso abierto a toda su arquitectura, lo que le permitirá probar y adaptar cualquier tipo de arma de su arsenal. Entre ellos el nuevo y mortífero misil supersónico Rampage, un arma formidable, con largo alcance, alta capacidad de penetración y muy precisa, hecha casi a medida de los objetivos iraníes. También los nuevos kits SPICE, que convierten cualquier bomba de 1.000 o 2.000 libras en un arma de alta precisión y gran capacidad de penetración.

También tendrán acceso a información restringida, como es la facilitada por los satélites SBIRDS, un sofisticado y super secreto sistema norteamericano de satélites para detectar ataques enemigos con misiles. Todo esto dentro de la famosa doctrina estadounidense de mantener el “Qualitative Military Edge” israelí, o la ventaja tecnológica frente a sus enemigos.

Los misiles de largo alcance son otra de sus bazas. En servicio tienen armas como el Popeye, lanzable desde avión con un alcance de 90 o 100 km o desde submarino (versión Popeye Turbo) con alcance de más de 200 km. También el LORA (Long Range Artillery), un tipo de munición – cohete con alcance de 280 km y ojiva explosiva de 600 kg, dotado de medios de guiado inerciales y GPS más guiado óptico por televisión en su última fase, lo que le confiere una extraordinaria precisión. También utilizarían misiles como el Delilah, un ingenio ligero del tipo ‘merodeador’ (loitering munitions) con alcance de entre 250 y 300 km y capacidades antirradar. Esto es, el misil estaría volando a la espera de que el enemigo encienda un radar para dirigirse hacia él y destruirle.

Lanzamiento del nuevo misil Rampage desde un F-16 (IAF)

Pero sobre todo Irán debería temer los modernos misiles de largo alcance JERICHO. Hay dos modelos, ambos misiles balísticos con motor de combustible sólido. De ellos el JERICHO 2 es un ingenio de 22 toneladas de peso con un alcance de entre 1.500 y 3.500 km, capaz de llevar todo tipo de cabezas de guerra, incluida la nuclear. Se lanza desde plataforma móvil y se estima que hay 90 ejemplares en el arsenal israelí. El Jericho 3 es mucho más moderno y en breve reemplazará al modelo anterior. Pesa casi 30 toneladas y su alcance es de entre 4.800 y 6.500 km. Es muy secreto y se cree que en su cabeza de guerra incorpora señuelos además de la posibilidad de atacar varios objetivos.

Como se ve, los objetivos iraníes están al alcance del sofisticado armamento judío. Cómo de amplio sea su próximo movimiento y si se limitarán a ataques aéreos convencionales o pondrán en liza lo mejor de su fuerza de misiles, es muy probable que pronto lo veamos.

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