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EL COVI-SHOW DE DUQUE

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Si en mi columna de la semana pasada elogié al presidente Iván Duque debido a la decisión de darle a los venezolanos un Estatuto de Protección Temporal, esta semana debo hacerle una crítica negativa debido al manejo politiquero que le ha dado a la llegada de las vacunas del Covid-19 a Colombia.

Y es que Duque ha aprovechado la pandemia desde hace un año para hacer política y mejorar su imagen que la tenía en el suelo. Pese al erróneo manejo hecho de la pandemia y a estar al final de la cola entre los países en espera de la vacuna debido a malas negociaciones con las farmacéuticas, el Coronavirus le ha servido de ungüento y hasta para tener su propio show diario de televisión.

Sus asesores de prensa supieron aprovechar toda esta crisis generada por la pandemia para darle una imagen de líder, la cual funcionó al comienzo de todo esto en marzo del 2020, pero que poco a poco se fue desinflando. Han sido más los desaciertos que aciertos siendo lo más desafortunado la tardía ayuda a los salarios que demoró dos meses en activarlos, para cuando ya muchas empresas medianas y pequeñas habían tenido que cerrar y despedir a sus empleados. Como resultado, millones de empleos perdidos. Esa ayuda a la nómina la debió implementar desde el mismo marzo cuando el país entró en cuarentena como un real apoyo a esos negocios que no tenían cómo pagarle los sueldos a sus empleados.

No puedo hablar mucho del espacio de televisión de Duque porque realmente no le he perdido tiempo viéndolo. Lo que sí se puede decir es que el excelente horario de transmisión ha jugado un papel importante para la imagen del presidente. No sé cuántos mandatarios en el mundo tengan este espacio televisivo debido al Covid-19, pero creo que Colombia o es el único o de los pocos en sentar a un presidente frente a las cámaras por una hora diaria. Sería interesante medir el impacto del Show de Duque sobre el cambio de hábitos en los colombianos para lograr una real prevención del Coronavirus.

Y la tapa de la olla de todo este manejo mediático que Duque ha hecho de la pandemia lo acabamos de tener esta semana con la llegada de las vacunas. Todo un recibimiento a lo jefe de estado le hizo duque al cargamento de las 50 mil vacunas de la farmacéutica Pfizer. Luego vino el desplazamiento a Sincelejo de casi todo El Palacio de Nariño para la puesta de la primera vacuna en el país: presidente y todo su gabinete en la capital de Sucre como testigos de la puesta de la vacuna a la enfermera jefe, Verónica Machado.

Y así, para la foto, desde el presidente Duque, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y todos sus ministros desfilando por el país haciendo politiquería con ese mínimo de porcentajes de vacunas que llegaron al país. El Covid-Show de Duque, así se debería llamar a toda esta vergonzosa propaganda política del jefe de estado y su gobierno. Tanta imbecilidad y bulla buscando la aprobación de la gente y repuntar en imagen, a todo esto se reduce la desbordada divulgación mediática.

NOTA: No se pueden dejar de lado dos noticias importantes esta semana. La primera de ellas es la nueva masacre con el resultado de 5 recolectores de café asesinados en la población de Andes en el departamento de Antioquia; noticia que pasó desapercibida debido a El Covid-Show de Duque con las vacunas.

La otra noticia importante a destacar es el número de víctimas de los tristemente llamados falsos positivos; la Jurisdicción Especial para la Paz – JEP – anunció al país que fueron alrededor de 6.400 jóvenes muertos a manos de las Fuerzas Armadas Colombianas y que hicieron pasar como miembros de las guerrillas caídos en combate. Noticia que sigue deslegitimando la llamada Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez, pues el gran porcentaje de los asesinatos se cometieron entre el 2002 y 2008, en los dos mandatos presidenciales de Uribe.

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¡A VOTAR!

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Esta semana se abrieron las inscripciones de cédulas para participar en las elecciones del 2022. Es tiempo para aquellos que nunca han votado o quienes lo vayan a hacer por primera vez, para que se registren y hagan valer su voto en las urnas eligiendo a conciencia senadores, representantes a la cámara y presidente.

Es un llamado en especial para los jóvenes que siempre han sido apáticos a participar de los procesos electorales. También para ese grueso porcentaje de población que siempre se ha abstenido a ejercer su derecho ciudadano de elegir. Los abstencionistas siempre han oscilado entre el 60% y 40% de las personas aptas para votar.

Los jóvenes que se han volcado a las calles por más de un mes y se han convertido en la resistencia al gobierno del presidente Iván Duque y a todo lo que huela a institucionalidad, deben entender que marchar y protestar no es la única manera de expresar la inconformidad. Las urnas pasan a ser alternativas muy válidas y más ahora cuando a pocos meses se llevarán a cabo elecciones muy importantes donde se puede dar un cambio absoluto a los poderes legislativo y ejecutivo, bases de nuestra democracia.

Ya hay una semilla inmensa sembrada en la juventud de conciencia política, de reclamar derechos constitucionales, de empoderamiento, de ser protagonistas, de saber que pueden alzar la voz y ser escuchados. Todo eso lo han logrado los jóvenes colombianos desde el pasado 28 de abril cuando se dio inicio al Paro Nacional. Eso es política y han participado de una manera muy activa. Deben entender que las primeras líneas, los puntos de concentración, las marchas, protestas, hacen parte de un despertar político y así debe entenderse.

Los jóvenes han sido protagonistas por excelencia en todas estas semanas de paro nacional. Este movimiento juvenil surgió paralelo al comité nacional de paro y fue tomando fuerza día a día. Hoy, los dirigentes sindicales y de organizaciones que integran ese comité, deben darle gracias a la juventud porque por ellos el Paro se ha sentido con más fuerza, ha impactado más profundamente al país y ha despertado conciencia. Gracias a esa terquedad y perseverancia de los jóvenes es que el Paro Nacional se ha logrado extender por semanas. No es gratuito que estos muchachos hayan puesto el mayor número de heridos, muertos y desaparecidos, ante un estado represor que se ha ensañado con ellos tratando de diezmar ese ímpetu juvenil con balas. Municiones que ahora no son sólo de la policía y el Esmad, sino también de “ciudadanos de bien” que actúan como paramilitares protegidos por la fuerza pública.

¡Muchachos!, entiendan que estamos en una coyuntura especial cuando se nos viene encima un proceso electoral crucial para cambiar al país. Tenemos una Constitución que hay que validar y poner en práctica, las leyes están ahí, se necesitan legisladores en el Senado y la Cámara de Representantes que hagan leyes justas acorde a la Constitución, que se comprometan a llevar a cabo las reformas sociales y políticas que necesita la nación. Pero esto sólo se podrá lograr si se participa masivamente en las elecciones legislativas el domingo 13 de marzo. ¡Chicos, a inscribir sus cédulas y A VOTAR!. Ustedes han sido protagonistas en las calles, ahora se necesita que el protagonismo lo lleven a las urnas votando a conciencia y por verdaderos líderes que quieran dar un cambio en el país. Las elecciones para Senado y Cámara son incluso mucho más importantes para el futuro de Colombia que la presidencial porque es en el Congreso donde se hacen las leyes, donde se gobierna y donde se toman las decisiones claves de la nación.

Es muy importante empezar a identificar a aquellos líderes que nos representen en el Congreso, pero también es clave que de los mismos jóvenes surjan líderes. Es urgente que las dispersas organizaciones juveniles se empiecen a organizar para lanzar sus propios candidatos. Este es un trabajo que debe hacerse desde ya. Es necesario que los pocos políticos honestos puedan asesorar, ayudar a identificar los jóvenes con perfiles adecuados para el Congreso. Son pocos meses los que quedan antes de las elecciones de marzo. La juventud, además de estar llamada a participar masivamente en las urnas para elegir a sus representantes, también tiene una opción preciosa como nunca la había tenido de hacerse elegir.

COLILLAS: En la noche de este viernes en Cali, dos jóvenes que participaban de las protestas en El Paso del Comercio fueron asesinados aparentemente por balas de agentes del estado. Ante el confuso hecho, también se sospecha de “civiles” armados, civiles que se desconoce su origen, pero que ungen como paramilitares. La historia reciente de Colombia que ha azotado a los campesinos ahora se ha trasladado a las ciudades donde paramilitares matan a diestra y siniestra, un horror vivido en el campo colombiano desde los años 80s cuando aparecieron los grupos de autodefensas. Ahora las víctimas son jóvenes de las ciudades que se enfrentan al poder de un estado que defiende el statu quo a bala y sangre bien sea empleando la brutalidad oficial o la complicidad de “civiles” armados.

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LOS MEDIOS Y EL PARO

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Los medios de comunicación en Colombia han jugado un papel fundamental en el sostenimiento del sistema del estado. Los principales de ellos siempre estuvieron a cargo de familias adineradas y con poder político, de ahí que los principales periódicos representaban los históricos partidos tradicionales, Conservador y Liberal.

Por ejemplo, en Cali, el periódico El País ha defendido las banderas del conservatismo, mientras que por muchos años, el periódico El Tiempo se caracterizaba por ser fiel al partido Liberal, aunque ahora la cosa es diferente cuando su dueño es el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien no defiende un partido político sino sus intereses económicos y a la clase política corrupta tradicional que es elegida gracias a sus aportes de dinero a las campañas de congresistas y presidencial. Un zorro astuto que sabe que esos políticos van a hacer leyes para favorecer sus bancos y empresas.

Desde hace 3 años cuando estuvimos en campaña electoral, los medios de comunicación comenzaron a verse más evidentes con la defensa de la institucionalidad, los partidos tradiciones, el sistema económico y todo lo que representara continuidad. Los principales noticieros de televisión y cadenas radiales, propiedad de poderosos empresarios, tuvieron un sesgo bastante evidente en la segunda vuelta de la elección presidencial con el candidato que representaba la continuidad del sistema colombiano. Iván Duque fue el consentido de estos periodistas; mientras que los directores de los medios muy hábilmente emprendieron una campaña de miedo con el coco Venezuela y vender la figura del candidato oponente, Gustavo Petro, como aquel personaje siniestro que iba a expropiar a la gente de sus fincas, apartamentos y casas y, de paso, convertiría al país en otra Venezuela. Era tanto el temor de la clase dirigente del país de un posible triunfo de un candidato de izquierda, que pusieron toda la maquinaria de los medios para desacreditar a Petro y exaltar al candidato que había impuesto Álvaro Uribe.

Con el Paro Nacional que lleva más de un mes ha pasado exactamente igual. Los medios de comunicación se han dedicado a desacreditar la protesta social llenando sus noticieros de radio y televisión con información de los hechos vandálicos. Por ejemplo, los noticieros de radio y televisión hicieron mucho énfasis sobre el incendio del Palacio de Justicia de Tuluá provocado por unos delincuentes, dedicando entrevistas y gran parte del tiempo a este hecho. Sin embargo, el mismo día de la revuelta en Tuluá, fue asesinado un joven universitario, pero esta noticia no tuvo el despliegue que sí le dieron al incendio, todo para desacreditar y casi justificar la muerte de este estudiante. El pasado jueves, el Fiscal General de la nación, el señor Barbosa, da una declaración al país desde Tuluá diciendo que había 3 capturas de algunos de los vándalos que incendiaron el Palacio de Justicia. ¿Y del hallazgo del responsable del asesinato del joven estudiante?. Nada, ni siquiera lo mencionó. Este es un ejemplo de la poca importancia que el establecimiento oficial colombiano le ha dado a las muertes de jóvenes en lo que va del mes de protestas.

El otro ejemplo fue la reciente Marcha del Silencio que se hizo en Cali, la cual contó con toda la promoción y despliegue de los medios de comunicación. Directores de noticieros nacionales y presentadores llegaron desde Bogotá para hacer la cobertura de una marcha que sólo tuvo la participación de unas 300 personas. Los medios hablaron de marcha multitudinaria de miles de caleños. Hicieron tomas para los noticieros de televisión con planos estratégicos para aparentar una gran multitud de gente; mientras que el periódico El País saca en primera página una fotografía gigante de esta marcha en un plano cerrado para aparentar multitud, miles, como se le dijo al país. En los noticieros se alcanzaban a ver carteles dando las gracias a la Policía Nacional y al Ejército. Esta marcha generó muchas dudas sobre quiénes fueron realmente sus organizadores, pues se hablaba de un grupo de ciudadanos del común preocupados por la situación de Cali. Creo que difícilmente unos simples ciudadanos tuvieran el poder de convocatoria para hacer desplazar a la ciudad todos estos medios nacionales.

Algunos nos hemos podido informar con más veracidad viendo reportajes de medios extranjeros, los cuales no tienen el sesgo de los medios colombianos con sus noticieros y periódicos que se dedican a defender los intereses económicos de sus dueños y de todo el establecimiento del país.

Y es que los directores de los noticieros televisivos, radiales y periódicos se limitan a hacerle eco al gobierno de Duque, quien pretende seguir sembrando miedo con la pandemia. Por más de una año se mantuvo a la gente cautiva y asustada con los reportes diarios de contagios y fallecimientos. Y no era para menos, Colombia tenía que tomar las medidas de cuarentena porque su infraestructura hospitalaria es mala y se quería evitar la muerte de la gente en las puertas de los hospitales ante una saturación de ocupación de camas y UCIs. Pero la gente prefirió tirarse a las calles después del estallido del 28 de abril, dejando a un lado el temor al Covid-19, al fin de cuentas, nos tendremos que acostumbrar a convivir con él. En las últimas semanas los medios se han concentrado a hablar del incremento de contagios y, “con mucha preocupación”, le achacan la culpa de ese aumento a los organizadores del Paro por insistir en las marchas, plantones y protestas. Lo que no se le dice a la gente es que el número de pruebas también las han elevado, esto quiere decir que a mayor cantidad de muestras es lógico que haya más gente positiva. Simplemente doy algunas estadísticas del Instituto Nacional de Salud: el pasado 20 de mayo se hicieron 71.390 pruebas con 16.086 personas positivas; el 24 de mayo se tomaron 40.936 muestras y resultaron 16.977 casos positivos para Covid-19; mientras que el 26 de mayo se hicieron 97.870 exámenes, un aumento significativo, para arrojar la cifra más alta en todo lo que iba de pandemia con 23.487 resultados positivos; y al día siguiente, el 27 de mayo, se volvieron a aumentar el número de muestras a 104.269, la mayor cantidad de exámenes tomados hasta esa fecha y, por supuesto, la cantidad de ciudadanos positivos aumentó a 25.092, récord de pruebas y de infectados hasta ese momento. Los medios no hablan de esa lógica de a mayores muestras, más resultados positivos, pero sí se dedican a sembrar miedo, a seguir el guión del gobierno nacional de poner al Covid-19 como el coco, atemorizando a los colombianos que si el Paro continúa habrá más gente afectada por el virus, echándole la responsabilidad al Comité Nacional del Paro, en vez de hacerse un análisis de todo lo que pudo hacer el gobierno de Duque para evitar ese estallido social que ha tenido a la gente en las calles por más de un mes.

COLILLAS: Los quiero invitar a que vean el siguiente video, toma sólo un minuto, lo realizó mi sobrina Jennifer Ramírez haciendo una comparación de las portadas del diario El País donde se silencia la protesta social y las marchas, pero se saca en primera página una gran fotografía de la marcha del silencio del pasado martes convocada por “la gente de bien”.

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UN MEJOR PAÍS

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La tierra donde nací y crecí siempre se ha merecido lo mejor. Miles de millones de pesos en impuestos le genera al país, pero el dinero pareciera seguir derecho de los muelles del Puerto de Buenaventura al interior de Colombia.

El contraste vergonzoso entre el moderno terminal marítimo y la pobreza de la ciudad, es fiel reflejo de una nación que se ha manejado para el beneficio de unos pocos. Buenaventura es sólo un ejemplo de la mezquindad de la clase política y empresarial que ha manejado el país históricamente. Un pequeño sector de la población que se diferencia de acuerdo a la región. Por ejemplo, en el Cauca y el Valle del Cauca, todavía se vive en un modelo casi feudal, donde los apellidos “ilustres” son los que han perdurado en el tiempo y son los encargados de manejar las riquezas y dar las migas a sus “súbditos”.

Si nos vamos a la zona cafetera, han sido los “vivos” patriarcas paisas quienes mandan la parada. Sus empresas, todo un emporio llamado Sindicato Antioqueño, son el orgullo de ellos mismos, de su espíritu negociante, culebrero, de mucha labia y de viveza. Aunque hay una gran diferencia entre estos y los del sur. Por lo menos los industriales paisas han invertido en el desarrollo de su capital y sus municipios, aunque todavía hay una deuda pendiente con ese gran sector deprimido de Medellín en sus barrios de montaña.

El centralismo de Bogotá y sus alrededores han limitado la visión de muchos de los empresarios y políticos, para quienes Colombia se limita el Distrito Capital. Y si nos vamos a la Costa Atlántica, las castas políticas han dominado por años, lo que ha sido caldo de cultivo para la corrupción campante y la desigualdad social que se vive en sus departamentos.

Soñar en un país mejor debería ser gratis y no costar sangre. Tantos líderes sociales asesinados simplemente porque han querido sacar adelante sus comunidades, la mayoría de ellas campesinas. Tantos desaparecidos, heridos y muertos, sobre todo de jóvenes, en las protestas sociales que se llevan a cabo desde el 28 de abril. ¿Acaso un sueño se debe convertir en una lápida? ¿Será que estos sueños son un peligro para el establecimiento y la clase dirigente que siempre ha gobernado?.

Los sueños son esperanzas, son metas, son proyectos, hacen parte de la construcción de un mejor futuro, de un mejor país. Incluso para quienes somos mayores y nos acercamos a la vejez, el soñar en una nación con oportunidades, sin corrupción, sin violencia, ha sido parte de ese sueño que tuvimos cuando fuimos adolescentes y jóvenes. Sueños que se han quedado en eso, en sueños, pero que no perdemos la esperanza de que se hagan realidad así los años de la vida nos hayan caído encima con su dureza.

Creo que este es el momento de ellos, de los jóvenes, de esos soñadores, de ese ímpetu que los caracteriza de querer comerse al mundo. Esos sueños no los podemos truncar. Ellos se merecen otro país, uno donde los apellidos no sean sinónimo de poder; donde los empresarios no pequen de vivos y compartan el fruto de sus ganancias; donde los políticos vean más allá de sus narices y descubran que hay un país con valles, con selvas y costas; un país donde las castas políticas suelten el poder y le den oportunidades a personas que realmente quieran sacar adelante sus departamentos y su gente; un país donde el corrupto no tenga lugar y sea erradicado de la política y de la sociedad.

Ese país es el que sueñan los jóvenes. Una nación que les brinde educación, empleos, salarios justos, la posibilidad de tener un sistema de salud pensado en la gente y no como negocio, el soñar con una jubilación digna, en un país en paz, donde la gente tenga para comer, un país que cambie los ranchos por viviendas dignas, una nación más equitativa, más justa. Ese sueño no se lo podemos arrebatar a los jóvenes. Fue suficiente con que me lo hayan arrebatado a mi, aunque tengo la esperanza que la lucha que ellos están dando, me va a permitir volver realidad ese país que soñé cuando yo fui joven también.

COLILLAS: Decisión histórica de la Corte Constitucional se dio este viernes 21 de mayo cuando le dio vía libre a las curules para las víctimas acordadas en el Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y la exguerrilla de las Farc. 16 regiones olvidadas en el país tendrán sus representantes cada una para un total de 8 curules en el Senado y otras 8 en la Cámara de Representantes. Este punto del Acuerdo lo había hundido el Centro Democrático, cuyos representantes en el Senado se oposieron a que las víctimas del conflicto armado tuvieran representación por dos períodos consecutivos en el Congreso de la República. La Corte Constitucional sigue dando ejemplo al país de democracia y de respeto a la Constitución. 

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