El suicidio de menores no es un juego, es una dura realidad

No se Pierda

Por: Adriana Minotta Segura

Hoy fuimos duramente sorprendidos con el suicidio de dos estudiantes de 14 y 13 años que decidieron acabar con su vida por razones que aún no se conocen a ciencia cierta, eso causó un profundo dolor no sólo entre sus familiares, sino también en sus compañeros de aula, amigos, docentes, comunidad educativa y demás allegados.

Eso me hizo preguntarme, ¿cuál sería el dolor que ellas cargaban y que se hizo insoportable para llegar a ese extremo de morir? Son muchas las cosas que los niños y adolescentes guardan y que los adultos no nos percatamos por estar inmersos en el trabajo, problemas personales, familiares o laborales.

En muchas ocasiones llegamos a casa y los vemos, pero realmente no los miramos, creemos que con darle lo necesario (ropa, comida, dinero para el descanso y diversión) estamos cumpliendo con ellos, sin alcanzar a entender los dramas que pueden estar viviendo a diario de forma callada.

Ellos tienen su propio mundo en el colegio, allá pueden ser felices o muy infelices porque pueden ser víctimas de matoneo por parte de sus compañeros al ser descalificadas por ser gordas, flacas, escasas de cabello, pobres, ricas, frívolas, mal habladas, demasiado inteligentes, algo lentas, por ser de raza “diferente” (negras, indígenas o mal llamadas paisitas), en fin, cualquier defecto puede ser tomado para burlas sin piedad. Todo eso les genera estrés, presión a su espíritu y salud mental. Lo peor es que muchos callan y aguantan pacientemente, hasta que un día se quiebran y llegan a extremos como acabar con su vida por mano propia.

Pero no contentos con el matoneo presencial, recurren a la tecnología que se ha convertido en una especie de extensión imprescindible de sus cuerpos y las redes sociales su principal vehículo para seguir haciendo un acoso despiadado, por ser el mecanismo ideal para que todo se haga viral, sin pensar en lo que causa en las víctimas. Una muestra de este fenómeno es el suicidio en diferentes partes del mundo de menores que vieron en la muerte su única salida para acabar con su martirio y liberarse de seguir sufriendo. Es una realidad inocultable y dura que debemos afrontar.

De igual forma, el uso de redes sociales sin supervisión de los padres o adultos responsables, ha facilitado que muchos niños y adolescentes hayan sido víctima de agresiones sexuales por parte de desconocidos, quienes en principio los engañaron mostrándose como menores y al llegar a una cita concertada para encontrase personalmente, quien los recibe es un pervertido que los daña de forma irreparable en su cuerpo y mente. A eso se exponen y es una realidad que tampoco se puede ocultar.

No es menos cierto que los abusos sexuales en ocasiones son generadas por personas del círculo cercano del menor (padre, hermano, tío, primo, padrino, vecino) y esto le genera aún más presión porque su pesadilla y procesión va por dentro, porque no le pueden contar a nadie debido a que a diario son amenazados por sus agresores. El dolor es su compañero y su salud mental cada vez es más precaria, sin que otros se percaten.

Tampoco nos podemos olvidar que la violencia intrafamiliar les genera gran presión porque casi siempre ellos están en medio o son víctimas de la misma por parte de sus progenitores, sin tener a quién recurrir para que los salve de los seres que más quieren, sus padres o hermanos, que en muchas ocasiones los ven como un obstáculo, un problema o los acusan de ser la raíz de todas sus desgracias. De igual forma, las peleas verbales y físicas entre los padres por infidelidades, también se vuelven un caldo de cultivo para las agresiones que son vistas por los muchachos sin filtro.

Esto facilita y los empuja a tomar decisiones radicales como ahorcase en su propia habitación, consumir veneno o tomar pastillas para dormir y nunca despertar. Ante eso ya no hay regreso, sólo la fría muerte que ya no tiene remedio.

A esto hay que sumarle aquellos casos en que los padres se creen muchachos y comparten como iguales con sus hijos arrastrándolos a consumir alcohol, sustancias psicoactivas, introduciéndolos a la vida sexual sin ningún rubor y precaución, o a la vida delictiva cuando sus progenitores fueron criados en medio de ellas y no saben cómo romper con ese molde. De esos casos se ven muchos y esa violencia está siendo llevada a las aulas por aquellos que están envalentonados por el accionar de sus padres, se convierten en agresores y abusadores, que a la larga son dejados de lado por el temor que les generan a los demás. Esa soledad les afecta su mente y los deja muy vulnerables.

Los problemas de salud física y mental también van minando sus fuerzas y hace que piensen en terminar rápidamente con su martirio a través del suicidio. Unos se cansan de la medicación que deben tomar a diario y los que tienen una enfermedad terminal que no podrán superar, lo utilizan como mecanismo para liberarse y liberar a su familia para que no estén pegados de una cama sufriendo igual por no poder hacer nada.

Es una dura decisión que parte el alma.

El suicidio de menores nos invita a todos, pero todos a tomar cartas en el asunto, en los colegios fortalecer el proceso con los psicorientadores y psicólogos, a los padres a estar más atentos de nuestros hijos, conversar con ellos, conocer sus problemas, ver sus cambios de humor, acompañarlos de forma incondicional en momentos difíciles y en los buenos también, que se sientan acompañados, queridos, apreciados y especialmente conocer con quienes se relacionan para evitar que las malas compañías los direccionen hacia donde no debe ser, el mal camino.

Como madre de una sobreviviente de intento de suicidio lo digo, lo viví, lo sufrí y aún estamos trabajando en recomponerla física y mentalmente para que nunca más tengamos que pasar por algo así. Papás, mamás, no desfallezcamos, seamos más responsables con ellos, cuidadosos, amorosos y especialmente cercanos para que ellos nos puedan tener la confianza de contar sus problemas y dificultades que están enfrentando. Unidos alrededor de ellos podemos vencer sus fantasmas y ayudarlos a superar cualquier cosa.

3 Comentarios

  1. Es cierto, me tiene muy triste estas noticias de los niños de mi puerto cuando estaban empezando a vivir y sucede esto, es importante saber que hay muchas variables que se cruzan como lo mencionaba en artículo y es de estar alertas y ser concientes de las ayudas profesionales, un psicólogo no es para locos ni enfermos, es para todos y es muy sano, así como vas a un médico general para una revisión completa de tu cuerpo para prevenir alguna enfermedad física, es lo mismo con un psicólogo, a una revisión general de la parte mental, es muy delicado lo que está sucediendo y es importante normalizar las ayudas profesionales que es un campo muy abierto y ayuda para todos, también de nosotros hacer algo muy simple pero muy significativo es aprender a escuchar y ser escuchados, debido a que todas esas decisiones que toman y más a esa edad de que los niños se reservan muchas cosas y si pensáramos si fuese una depresión hay que ser conscientes que eso no es porque se le dio la gana ser así, es una enfermedad que se puede comprobar fisicamente por las reacciones de neuronas, es importante motivarnos y motivar a otros para una cita con un psicólogo

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