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¿Habrá esperanzas? – Columna de Lucy Nieto de Samper – Columnistas – Opinión

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De extremo a extremo - Columna de Lucy Nieto de Samper - Columnistas - Opinión


Por fin termina el año 2020. El año más devastador, más peligroso y más doloroso del presente siglo. Fue el año del maldito covid-19, un virus que apareció en diciembre del 2019 en Wuhan, una ciudad de la China. Y en enero del 2020 comenzó a regarse por todo el universo, hasta degenerar en una pandemia que ha contagiado a seres humanos de todas las edades y de todos los mundos. Además, ha llevado al sepulcro a millones de personas de todas las edades, en todos los países de todos los continentes. Ha sido el año de las clínicas, de los hospitales, de los centros de salud, de los cementerios. Fue el año de la ruina de grandes y pequeñas empresas, de grandes y pequeños negocios. De muchas industrias caseras, de pobres ventas callejeras.

El 2020 fue un año de muchas angustias, de muchos fracasos, de muchas tristezas. El año del amargo llanto por la pérdida de seres queridos. El año en el cual se perdieron muchas esperanzas y muchas ilusiones. Fue un año negro para los empresarios, para los trabajadores y para la población menos favorecida. Fue el año en el cual perdieron algo algunas personas muy adineradas. Fue el año en el cual lo perdieron todo, o casi todo, muchos millones de personas que pertenecen a los sectores de la sociedad más pobres y más necesitados.

Fue el año en el cual fracasaron grandes, medianos y pequeños negocios. El año en el cual millones de personas perdieron grandes y pequeñas esperanzas. Grandes y pequeñas ilusiones. Fue el año en el cual murieron muchas más personas de las que murieron en las dos guerras mundiales. Fue un año colmado de enfermos, de sucesos dolorosos, de desastres, de amarguras y de lágrimas. Fue un año de encerramiento obligatorio. Un año en el cual se abolieron los besos, los abrazos y las caricias. Fue un año durante el cual perdimos nuestra libertad y nuestra independencia… Fue el año que muchos quisiéramos borrar de nuestras vidas.

Sin embargo, a pesar de que algunos ya estemos llegando a los últimos peldaños de una larga existencia, es posible, aunque no muy conveniente, perder las esperanzas y perder la fe. Porque, como nos lo recuerda este refrán popular: ‘A grandes males, grandes remedios’. Por lo tanto, con el apoyo del cuerpo médico, de las autoridades y de grandes empresas, en los laboratorios los investigadores vienen buscando y encontrando esos grandes remedios. Y con estos grandes remedios, que contra el covid-19 son las vacunas, los médicos comenzaron a combatir la pandemia. La están aplicando en varios países, como el Reino Unido y Estados Unidos, entre otros, en donde ya comenzaron a vacunar.

Como la pandemia contagió a los habitantes de los diversos sectores de la sociedad, los médicos se dedicaron a cuidar, recuperar y mejorar a miles y miles de enfermos. Ha sido una larga lucha, a veces desconocida, muchas veces incomprendida, muchas veces atacada. Por eso se podría decir que después de tantos sufrimientos, de tantos enfermos, de tantos fallecidos, el 2021 tendrá que ser el año de nuevas esperanzas. Lo grave es que, a pesar del coronavirus, se avecinan multitud de amigables o enconadas actividades políticas.

El 2020 fue un año de muchas angustias, fracasos y tristezas.  Año negro para los empresarios, para los trabajadores y para la población menos favorecida

Lo cierto es que en el 2020, y durante meses, solo sonó en Colombia el Poder Ejecutivo. Cuando estalló la pandemia, el presidente Duque tomó la palabra y durante meses fue la única voz cantante. Porque los congresistas y los juristas, con tapabocas y actuando de manera virtual, poco se sintieron. En cambio, el presidente Duque estuvo siempre presente. En su programa de TV, ‘Prevención y acción’, ha dado útiles informaciones sobre la pandemia, que ahora sobran. Es costoso, pocos lo ven, luego deben cancelarlo. En cambio, es bueno oír al ministro de Salud, doctor Fernando Ruiz. Sus enseñanzas y recomendaciones han sido útiles, necesarias y oportunas.

Y creo que llegó la hora de no hablar de la pandemia. Confiemos en la importancia de las vacunas. Preparémonos para un movido año político. Y feliz año nuevo, mis fieles lectores.

LUCY NIETO DE SAMPER
[email protected]

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