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HRW denuncia que la junta militar birmana ya dispone de acceso a tecnología de reconocimiento facial

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HRW denuncia que la junta militar birmana ya dispone de acceso a tecnología de reconocimiento facial

MADRID, 12 Mar. (EUROPA PRESS) –

La junta militar golpista de Birmania tiene acceso a un sistema de reoconocimiento digital de rostros y matrículas de coches, recientemente instalado en ocho barrios de la capital, Naipyidó, y que podría extenderse al centro financiero del país, Rangún, a lo largo de este año, según ha denunciado este viernes la organización Human Rights Watch (HRW), especializada en el seguimiento de la situación de los Derechos Humanos en todo el mundo.

Para la organización, el acceso a esta tecnología — que comenzó a desarrollarse hace dos años — por parte de un grupo de golpistas agrava todavía más la situación de los disidentes que desde hace semanas se están jugando la vida para pedir la liberación de la activista y líder ‘de facto’ del país, Aung San Suu Kyi, y del presidente, Win Myint, ambos imputados esta semana por un tribunal al servicio de la junta por cargos de corrupción.

El relator especial de Naciones Unidas en Birmania, Tom Andrews, ha acusado este jueves ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU al Ejército del país de cometer crímenes contra la humanidad en la “brutal respuesta a las protestas” e incluso antes del golpe, ocurrido a principios de febrero. Desde entonces, más de medio centenar de manifestantes han muerto y otros 2.000 han sido detenidos durante las protestas, reprimidas con extrema dureza por las fuerzas de seguridad.

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INICIATIVA “CIUDAD SEGURA”

Las autoridades birmanas activaron el sistema de reconocimiento en Naipyidó a mediados de diciembre del año pasado; un total de 335 cámaras de vigilancia con tecnología de inteligencia artificial y capacitadas para identificar rostros, matrículas, y alertar a las autoridades sobre la identidad de cualquier persona que aparezca en las imágenes. Las autoridades planean ampliar el sistema la tercera ciudad más importante del país, Mandalay, a mediados de este año, mientras que a Rangún llegaría un poco más tarde.

La mayoría del equipo empleado ha sido fabricado por el gigante tecnológico chino Huawei, aunque la marca ha rechazado toda implicación en el programa de reconocimiento en sí. En una carta enviada a HRW, los representantes de la compañía aseguran que Huawei solo suministra las cámaras, y no el software de reconocimiento, declaración que contrasta con los planes para Mandalay, con fecha de 2019, a los que ha tenido acceso la organización, y que apuntan a la compañía como responsable tanto de las cámaras como del sistema, así como encargada de proporcionar “apoyo técnico” al Gobierno regional.

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Sea como fuere, el investigador para Asia de HRW, Manny Maung, avisa que este “potente sistema de vigilancia está destinado a potenciar la represión, cada vez más abusiva, que la junta birmana está efectuando contra los manifestantes”. “Esta capacidad que tendrán las autoridades para identificar a las personas en las calles, rastrear sus movimientos y relaciones e inmiscuirse en la vida privada representa un grave riesgo para los activistas antigolpistas”, añade.

El uso de tecnología de reconocimiento facial en espacios públicos no solo implica el riesgo de que las personas se identifiquen erróneamente como sospechosos de delitos, estima la ONG. Incluso si la tecnología es precisa, permite a los gobiernos monitorear los hábitos y movimientos de las personas, desembocará en la paralización de las libertades de expresión, asociación y reunión, dado que será empleada para “señalar a las personas de forma discriminatoria o arbitraria, incluso por su origen étnico o religión”.

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La ONG recuerda en este sentido que, el 13 de febrero, la junta militar suspendió los artículos 5, 7 y 8 de la Ley de Protección de la Privacidad y la Seguridad de los Ciudadanos de 2017, y eliminó con ello las protecciones básicas contra la vigilancia a la ciudadanía. Además, no existe en Birmania ninguna ley sobre la recopilación, uso y almacenamiento de datos personales, ni protecciones específicas para los más sensibles, los biométricos, así como sobre su procesamiento.

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