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La censura no exis*

La censura no exis* – Noticiero 90 Minutos

Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Tomaré como objeto para escribir este blog, una sola entre muchas de las cosas que últimamente han sido víctimas del tijeretazo impuesto por una sociedad que está pasando a ser timorata, a la que todo le resulta ofensivo.

Cuando yo era niña, veía a menudo un programa de dibujos animados en el que un zorrillo de origen francés llamado Pepe Le Pew perseguía a una gatita (Penélope Pussycat) que accidentalmente siempre se teñía la cola con pintura blanca (pasando por debajo de una cerca recién pintada o algo por el estilo) y por lo tanto Pepe la confunde con una hembra de su misma especie.

En esa época me desternillaba de risa viendo cómo la pobre gata huía desesperadamente, mientras el galán insistía fervientemente en su persecución amorosa.

Pepe era un narcisista. Consideraba que la felina era muy afortunada por ser el objeto de sus anhelos y jamás tomaba el rechazo como tal –aunque en ocasiones fuese muy contundente, ejemplo: un martillazo en la cabeza-, sino como si Penélope se sintiera abrumada y tímida con sus reclamos y por ello no los aceptara de buen agrado.

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La gata no huía de sus requiebros amorosos. Huía de su fétido olor a zorrillo y de la intensidad de su interés. Ello queda demostrado, porque en ocasiones los papeles se volteaban. Pepe por accidente resultaba perfumado y la gata empezaba a perseguirlo, haciendo que entrara en pánico y reaccionara con un intimidado “¡Pero Madame!” (¡Diablos, señorita!). En aquellos episodios ella no mostraba intención de dejarlo escapar o de tomar un “No” como respuesta.

Un episodio que viene a mi memoria y me produce una ternura absoluta, es aquel en el que Pepe se da cuenta de que Penélope no es una zorrilla sino una gata, porque ella se moja y la raya blanca de pintura desaparece. Entonces él camufla su propia raya y continúa tratando de conquistar a su minina. O sea, cambia algo de su ser por ella.

Yo a la edad en que veía a Pepe y Penélope en sus aventuras, no sabía nada sobre cópula animal y lo único que notaba era que la gata quería escapar. Y me moría de la risa porque el pobre zorrillo nunca tenía éxito… a menos que ella quisiera.

Pepe Le Pew y su amada Penélope fueron protagonistas del corto “Por razones sentimentales” ganador de un premio Óscar en la categoría de mejor corto de animación, en el año 1949.

Esta semana, con pesar leo la noticia de que Pepe Le Pew ha sido acusado por acoso sexual, acecho y abuso, y por “normalización de la cultura de violación”. Por dichos crímenes, será borrado del mapa. Además se ha llegado a afirmar que las particularidades de Pepe se burlan del pueblo francés y de su cultura.

El 7 de marzo del presente 2021, se anunció que Pepe Le Pew había sido eliminado de la nueva película de Warner Bros “Space Jam: A New Legacy” y que no regresará en futuros proyectos en el corto plazo.

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Y yo me pregunto… ¿Será la negación la forma correcta de abordar ciertos problemas? Si todo lo cancelan, si todo lo borran -convencidos que así desaparece el problema-, en vez de dar la discusión de manera abierta, el despertar de una conciencia dormida a punta de sedantes va a ser duro. Me recuerda la absurda anécdota en la que un hombre descubre que su mujer le ha sido infiel en el sofá… y por lo tanto decide vender el sofá.

Ahora me pregunto, en este caso puntual: ¿cómo las nuevas generaciones van a saber cómo actúa un acosador? ¿O en mis más oscuras pesadillas, peor aún: será que la verdadera intención detrás de todo, es que no lo sepan?

A mi modo de ver, lo que deberían estar enseñando e impartiendo son criterios de discernimiento. ¿Cómo es posible que en aras de una nueva sociedad “hiper esterilizada y pasteurizada” en la que la consigna es no incomodar a nadie, se esté borrando la historia? La base de la personalidad es responsabilidad de la familia. No de los medios. Y es la familia quien tiene que proveer las directrices para una vida sana.

Sabemos que un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla.

Lo que más me molesta de esta nueva sociedad, es que está poniéndonos una especie de “condón moral selectivo” que ha cercenado obras de arte, películas clásicas, libros que narran hechos históricos innegables, y todo tipo de manifestaciones artísticas y culturales, conduciéndonos a algo que desde hace un tiempo he llamado “la segunda Edad Media”. ¡Ah! Pero ese mismo condón moral permite que pasen por entre algunos orificios otras manifestaciones agresivas de hipersexualización, agresiones raciales, culturales y similares. Y los hijos resultantes de esos hechos “colados” van a ser verdaderos engendros.

¿Cómo es posible –por citar un ejemplo entre cientos- que mientras se censura a un personaje de dibujos animados, se permita que llegue al número uno de los listados musicales un tema que se refiere literalmente a partes pudendas de la anatomía femenina y a sus “instrucciones de uso”?

Hablo de “WAP -Wet ass pussy-, de la rapera americana Cardi B y Megan Thee Stallion, que fue nombrada “Canción del año 2020” por la revista Rolling Stone. Siguiendo la letra del tema –me tomé el trabajo de escucharlo y me arrepiento-, de verdad lamento mucho el futuro de aquellos para quienes esta “artista” resulta un modelo a seguir. Ojo, papás con lo que sus hijos escuchan.

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En la primera Edad Media, todo era pecado. Hasta la risa. La decadencia del Imperio Romano y sus excesos dieron como resultado un llamado extremo al orden: la instauración de un código de conducta en el que casi todo estaba censurado y prohibido. La única institución firme era la Iglesia, pero incluso en ella había fragmentación de la autoridad y corrupción a todo nivel –igual que ahora-. Fue una era oscura sumida en el retroceso intelectual y cultural.

Sumado a ello, la aparición de la peste negra –hoy tenemos el CoVid- fue uno de los sucesos que destruyó el sistema. ¿Qué fue lo grave de todo ese tapujo? Que debajo de la apariencia bullía el caldo de cultivo en el que se cocinaban muchos horrores.

Menos mal –irónicamente- que las guerras, el hambre y la peste provocaron conflictos sociales que detonaron cambios de fondo y finalmente fue el descubrimiento de América lo que puso fin a una era oscura llena de represión, y dio paso al renacimiento.

No aprender de los errores pasados conduce a repetirlos mutados en cosas peores. Y la única forma de conocer los errores, es presenciar los ya cometidos con la debida guía y elementos de juicio, para aprender exactamente lo que NO se debe hacer ni aceptar.

SI no tenemos cuidado con la elección de lo censurado hay cosas importantes que perderán el sentido, y llegará nefastamente el momento en que se diga:

La censura no existe, mi amor.
La censura no existe.
La censura no.
La censura.
La c.
La.
L.
***

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