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la ciencia detrás de él

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la ciencia detrás de él

Vivir en una gran ciudad puede significar muchas cosas buenas como el acceso a más servicios, eventos culturales de todo tipo, museos; pero también es sinónimo de tráfico.

El tráfico vehicular es una constante en las grandes ciudades: pero no por ser algo común para quienes las habitamos deja de ser algo molesto.

En general para quienes habitamos ciudades muy pobladas y con muchos vehículos, sabemos que transitar por las calles no es tarea fácil, aunque en general vivimos resignados.

Pero resulta que quizá no debamos aceptar el tráfico como parte de nuestro destino citadino y la ciencia podría ayudarnos a resolver este problema tan complejo.

El todo es más que la suma de las partes

Lo complejo del tráfico, no es solamente una apreciación personal o social: este fenómeno que ocurre en las ciudades puede estudiarse y explicarse, si lo tratamos como un sistema complejo

Un sistema complejo, es aquel en que el conjunto de las partes que lo forman, al combinarse, da un resultado diferente a que si solo sumáramos cada componente.

Esto, porque cada parte del sistema no solo aporta cierta información o valor al conjunto, sino que también contribuyen las interrelaciones que hay entre cada componente.

Otros ejemplos de sistemas complejos son: las células, el clima de la Tierra, el cerebro humano, los ecosistemas, e incluso el Universo; en todos esos casos el todo, es mucho más que la suma de las partes.

Por ejemplo los procesos del cerebro tienen que ver con reacciones químicas e impulsos eléctricos, pero conocerlos de forma aislada, no explica toda la complejidad de pensamientos y emociones que emergen de él.

Matemáticas para entender el tráfico

En el tráfico vehicular, los componentes del sistema son los autos que circulan en un espacio determinado, ya sea una ciudad completa o una calle específica. 

Así cada auto está relacionado con los otros que están a su alrededor: el movimiento de cada uno afecta a todos los demás.

Para estudiar estos sistemas complejos, como el tráfico, hay diferentes modelos: en uno de ellos, los componentes, en este caso los autos, se consideran como partículas.

Entonces se observa la trayectoria de cada auto-partícula y así se pueden analizar las interrelaciones que hay entre todos.

Otro modelo para describir el tráfico en una ciudad toma en cuenta el flujo vehicular como un todo: se hace una aproximación que lo considera justamente así, como si fuera el agua que fluye en un río, sin considerar cada partícula de forma independiente.

Existe además una aproximación intermedia: considera el flujo vehicular, pero también analiza las posibilidades de movimiento de cada auto, utilizando entonces ecuaciones de mecánica estadística. 

Resolviendo la ecuación

Los datos obtenidos por cualquiera de los modelos se utilizan para obtener simulaciones por computadora, en las cuales se pueden estudiar las relaciones que hay entre los autos.

Con esto se puede dar respuestas a porqué el sistema se comporta de cierta forma, pero además plantear posibles soluciones.

Aplicar este tipo de modelos matemáticos y físicos puede ayudar a entender un sistema tan complejo como el tráfico en una ciudad.

Pero además puede contribuir a resolver el problema que representa, planteando soluciones como la sincronización de semáforos en ciertos puntos específicos del sistema.

Sin embargo, los modelos y sus resultados no lo resuelven todo: vista desde una perspectiva más amplia el sistema incluye un poco más que los autos y el trazado de las calles.

Parte del sistema complejo somos las personas y nuestras acciones muchas veces resultan difíciles de ajustar a modelos: alguien que se pasa una luz roja del semáforo, un peatón que no atraviesa una calle donde debe.

Así que quizá para resolver este problema tan complejo, también los habitantes de las ciudades debamos tomar conciencia y hacernos responsables de nuestras acciones: sabiendo que por pequeñas que sean, afectan a todos.

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