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La encrucijada de la tecnología

La encrucijada de la tecnología

 
“Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología, y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre”.
Carl Edward Sagan (1934 – 1996) astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico estadounidense.

Parece algo propio a nuestra especie el desarrollo de la tecnología, algo que sin duda nos diferencia del resto de especies animales, e incluso de los homínidos. Desde nuestra andadura en el planeta Tierra la tecnología ha sido para el ser humano el desarrollo de herramientas y técnicas que le han servido en los propósitos de la práctica diaria. Nuestra vida se ve alterada por la irrupción de los saberes científicos, consecuencia de nuestra habilidad creativa e inteligencia. Considerando a la tecnología, como la aplicación de la ciencia y la comprensión del universo, enfocándolas por nuestra especie en la búsqueda de una vida cada vez más adaptada al medio y prácticamente dominante.

El empleo del lenguaje verbal y simbólico, fue y sigue siendo la mayor herramienta de comunicación que existe, pasando con ello, por el control del fuego, y el trabajo de la piedra en nuestros orígenes. Sucesivamente, con la Edad de los Metales (cobre, bronce y hierro) se pasó de una vida nómada a sedentaria, con el establecimiento de los primeros núcleos de población. La Edad Media, es considerada por los estudiosos un punto de inflexión entre el conocimiento antiguo y el período místico que marcó a occidente, dejando el relevo del desarrollo de la ciencia a países de oriente y territorios musulmanes. Fue en el Renacimiento, con la Revolución Científica de los siglos XV y XVI, cuando el paradigma cambió por completo para dejar espacio a la razón y entendimiento; dando lugar dos siglos más tarde a la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, poniendo en bandeja al ser humano las primeras máquinas que permitieron la manufactura de materias primas a gran escala, lo que marco la Edad Moderna.

Más adelante, ya en el XX y nuestros días, la Edad Contemporánea nos ha hecho llegar al espacio y crear máquinas más sofisticadas, facilitando enormemente la vida de las personas: erradicando enfermedades, mejorando la expectativa de vida, etc. Sin embargo, también ha deparado en un alto coste ético, moral y por supuesto, medioambiental.

 En definitiva, el humano ha tomado en consideración la tecnología para la adaptación al medio con una mayor eficacia, a través de los impulsos del deseo de una vida más gratificante y la propia curiosidad inherente a la especie. Esta visión, en conjunción con la amoralidad de la tecnología, puede generar cambios positivos y en equilibrio con nuestro medio, o de lo contrario lanzar al mundo a un auténtico cataclismo.

A partir de finales del siglo XX, se produjo un fenómeno conocido como hipertecnologización, al consumir productos tecnológicos de forma insaciable. Hasta llegar a nuestro presente más actual, con la escasez de semiconductores, que sirven a la fabricación de microchips, la piedra angular de cualquier producto innovador y de uso común como teléfonos móviles, ordenadores, coches, máquinas de industria, etc. La dependencia de estos componentes electrónicos cada vez es mayor, y parece que en el futuro así seguirá con el desarrollo de las nuevas tecnologías renovables como los vehículos eléctricos, medicina avanzada más eficiente, mejores equipos de trabajo y la sublime inteligencia artificial entre otras muchas maravillas; la visión del mundo pasa por el transhumanismo, en una cultura de “ciencia ficción”, conformada en una etapa postindustrial en la que el ser humano pueda ver transformada su condición, a través del desarrollo de la tecnología, con el objetivo de mejorar sus capacidades intelectuales, psicológicas y motrices.

A este extremo de innovación y desboque de la imaginación, se ve aparejado el mecanismo de control prototípico de la sociedad, el Derecho. En pocos años, el desarrollo del derecho de las nuevas tecnologías se ha infiltrado en cualquier aspecto de nuestra sociedad. Con la llegada de internet, como uno de los mayores regalos a la humanidad, al permitirnos la conexión a distancia con nuestros semejantes en tiempo real y el acceso al conocimiento del mundo con un solo clic, también ha gestado un nuevo tipo de delincuencia y de problemas sociales que requieren de solución a satisfacción de las necesidades de la población del momento.

Esta rama innovadora del Derecho, se ha manifestado en la seguridad en internet, con los fundamentos de criptografía y de firmas digitales; los soportes informáticos cada vez tienen un mayor valor probatorio en la solución de conflictos, la legislación se ha perfeccionado a todos los niveles; se busca la protección del consumidor a través de la supervisión de la contratación electrónica; las implicaciones en el derecho fundamental a la intimidad y la protección de datos personales; la cobertura de las sociedades de la información; el régimen de envió de comunicaciones comerciales; las implicaciones en las relaciones de trabajo de las nuevas tecnologías, acentuándose en el desarrollo reciente de la normativa sobre el teletrabajo; la administración pública electrónica; la salvaguarda y garantía de la propiedad intelectual; el conjunto de normas sobre los dominios de internet; y a destacar, el derecho penal aplicado a las sociedades de la información; el derecho internacional privado y la tributación en internet.

Desde una óptica más filosófica, nuestro maestro Ortega y Gasset consideraba que en la historia de la humanidad ha habido tres grandes estadios en la evolución técnica: la técnica del azar, la técnica del artesano y la última, técnica del técnico (influenciado en este extremo por el alemán Heidegger). Fue en este último clico, cuando vio la luz el laboratorio industrial, lo que según la filosofía, permitió al ser humano salir del más estricto concepto de ciencia en su aplicación práctica, al más amplio concepto de saber, abarcando este el espacio más amplio del conocimiento, identificando de esta forma los saberes y prácticas en aquel momento que hace su aparición histórica, con las características y repercusiones de la nueva forma de investigación; donde marcan su potencial ámbitos de la filosofía moral como la ética, que sin duda,  tiene y tendrá un gran peso en el desarrollo normativo de futuro aplicado a las nuevas tecnologías.

Es este el punto que nos deja más interrogantes, sobre si: ¿podrá el planeta soportar la creciente demanda que va a suponer el cambio de paradigma tecnológico, con el “nuevo petróleo” de los semiconductores? y aún quizás en primer lugar, ¿va a poder el ser humano asumirlo? Un mundo que quedaba en la ficción absoluta, parece que se está aproximando a pasos agigantados, puesto que parte del mismo estamos experimentando, cuando sólo hace unos años tuvimos el cambio del mundo analógico a la era digital, quizás en pocos años estemos abocados a traspasar el límite entre lo humano y la máquina… ¿cómo amanecerá mañana?

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