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El robot Perseverance de la

La tecnología española aterriza en Marte

Este jueves, la tecnología española aterrizó en Marte. Otra vez. El rover Perseverance analizará la atmósfera marciana gracias a la estación meteorológica MEDA, la tercera que tenemos en el planeta rojo, un récord mundial que debemos agradecer en buena medida al liderazgo del Centro de Astrobiología y el Instituto Nacional de Tecnología Aeroespacial. Con ellos, en una cooperación ejemplar entre las instituciones públicas y el sector privado, han colaborado en la fabricación de la estación empresas como Alter Technology, Ramem o Crisa.

Además, investigadores del Instituto de Geociencias han participado en el instrumento SuperCAM, que analizará las rocas y el suelo de Marte en busca de indicios de vida presente o pasada; y las empresas Sener y Airbus han colaborado en el diseño y la fabricación de las antenas que permiten a Perseverance comunicarse con la Tierra. Es emocionante ver cómo las personas que hacen ciencia e innovación en España son capaces de realizar aportaciones clave en una de las aventuras más fascinantes de la humanidad.

Los éxitos de la exploración espacial nos han acostumbrado a ver como normales gestas extraordinarias. El equipo internacional de científicos e ingenieros liderados por la NASA ha sido capaz de colocar intacto sobre Marte, a más de 200 millones de kilómetros de distancia, un vehículo de una tonelada de peso cargado de instrumentos de altísima tecnología. Hace poco más de un siglo, una fracción ínfima del tiempo transcurrido desde la aparición de nuestra especie, aún no contábamos con aparatos eléctricos. 

En misiones como esta, la tecnología se pone al servicio de profundas cuestiones existenciales. El hallazgo de rastros de vida, aunque sea pasada, tendría un impacto considerable en la percepción de nuestro lugar en el cosmos. La búsqueda de vida extraterrestre será uno de los grandes alicientes para la ciencia en las próximas décadas y Marte sigue siendo el lugar más prometedor en esa búsqueda.

Pero la llegada a Marte de esta misión no ha de verse solo como un esfuerzo por encontrar respuestas a preguntas alejadas de nuestra vida diaria. La exploración espacial es una fuente de inspiración para las nuevas generaciones de científicos e ingenieros y requiere llevar al límite nuestro ingenio. Poner a mentes brillantes ante retos ilusionantes siempre acaba produciendo beneficios tangibles. Por dar un ejemplo, los esfuerzos de la NASA para colocar potentes y diminutas cámaras en las sondas lanzadas para explorar el espacio hicieron posible las cámaras en miniatura de los móviles que todos llevamos encima.

El éxito de Perseverance y de los instrumentos aportados por instituciones de investigación y empresas innovadoras españolas debe ayudarnos también a librarnos de cierta falta de confianza en nosotros mismos. Hemos demostrado capacidad para estar entre los mejores y este triunfo debe ser un acicate para incrementar nuestra apuesta por la ciencia y la innovación. Debemos mejorar la inversión en ciencia y los instrumentos para gestionarla, y necesitamos que esos cambios se mantengan en el tiempo. Es necesario un pacto por la ciencia y la innovación que comprometa a todos los partidos políticos en estas reformas.

Tenemos por delante años fascinantes de exploración: pronto la nave europea estará allí también. Como sociedad debemos hacer lo posible por estar en la frontera del conocimiento, en esto y en todo lo demás. En esa frontera nos veremos obligados a dar lo mejor de nosotros mismos y con ese esfuerzo construiremos una sociedad más próspera y más justa. Sin duda, enviar un vehículo a un planeta remoto nos acerca a ese objetivo.



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