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MÁQUINAS DE GUERRA

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MÁQUINAS DE GUERRA | Noticias de Buenaventura, Colombia y el Mundo

Esta semana una de las noticias más sonoras en Colombia fue la declaración del Ministro de Defensa, el señor Diego Molano, quien calificó como máquinas de guerra a los menores de edad que son reclutados a la fuerza por los grupos ilegales del país.

Todo este alboroto se dio por la denuncia que se hizo sobre la supuesta muerte de unos niños en el bombardeo que hizo el Ejército de Colombia el pasado 2 de marzo en el departamento del Guaviare. De acuerdo al periodista Hollman Morris, en este ataque al campamento de las disidencias de las antiguas Farc, al menos 14 menores de edad murieron a consecuencia de las bombas arrojadas por el Ejército.

No se tenía suficiente información sobre las personas abatidas en el bombardeo, pero esta semana se sacó a la luz que los menores muertos podrían ser unos 12, entre ellos una niña de 9 años y 5 menores más cuyas edades oscilan entre los 12 y 16 años. Este sería el segundo bombardeo del Ejército colombiano en menos de dos años a campamentos de grupos ilegales con el fatídico desenlace de menores de edad muertos. En agosto del 2019, 8 niños murieron cuando aviones de la Fuerza Aérea colombiana bombardearon a disidentes de las Farc que se encontraban en un campamento en el departamento del Caquetá. Esto fue todo un escándalo para el gobierno del presidente Duque, quien mantuvo oculta esta información por 4 meses.

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El Ministro de Defensa Diego Molano, recientemente posesionado después de la muerte de su antecesor Carlos Holmes Trujillo, justificó el bombardeo del pasado 2 de marzo y dejó en el ambiente por sus declaraciones que si hubo niños muertos fue porque eran máquinas de guerra con fusiles. Así de este tamaño ha sido la desgracia del conflicto armado colombiano cuando menores de edad son víctimas de los grupos ilegales llámense paramilitares, guerrilleros o delincuenciales al ser reclutados a la fuerza bajo amenazas de asesinarlos a ellos o a sus familiares. Estos niños terminan siendo adiestrados contra su voluntad y obligados a combatir contra las fuerzas legítimas del estado colombiano.

Y digo que esta ha sido la desgracia de la guerra en Colombia porque este reclutamiento forzado a menores de edad se viene haciendo desde hace varias décadas. Unos niños a quienes se les ha arrebatado su niñez, pubertad y adolescencia y terminan siendo víctimas de las balas del Ejército o la Policía Nacional. Ningún funcionario del establecimiento oficial en el país puede justificar la muerte de estos menores en bombardeos liderados por las Fuerzas Armadas. Estos niños se convierten en víctimas del conflicto armado cuando son reclutados contra su voluntad. En este sentido, cualquier operación militar del Ejército colombiano debe velar por la protección de estos menores, así sean combatientes – en este caso, unos niños combatientes que nunca eligieron la guerra ni pertenecer a un grupo armado, por lo tanto, deben ser tratados como víctimas.

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Es un horror la práctica que se ha venido haciendo en Colombia del reclutamiento forzado de niños violando el Derecho Internacional Humanitario que obliga a mantener a los menores de edad por fuera de cualquier conflicto armado. Pero también es desafortunado cuando el Ejército bombardea campamentos sin hacer una inteligencia previa para detectar si en estos lugares hay niños o incluso secuestrados. El Estado debe proteger a cualquier persona retenida contra su voluntad o a cualquier niño reclutado a la fuerza y que termina siendo un combatiente muchas veces sin tener la conciencia del por qué está metido en un conflicto en el que no eligió estar. Totalmente fuera de tono el ministro Molano al calificar a estos menores como “Máquinas de Guerra” . No se puede justificar el bombardeo de agosto del 2019 donde hubo la confirmación de 8 niños muertos, ni el bombardeo del pasado 2 de marzo donde se habla de 12 niños asesinados, ni de cualquier otro niño muerto por la guerra de ahora en adelante. Estamos ante un gobierno que justifica la guerra por todos los medios y que ha dejado que en el país cada día se recrudezca más la violencia y se fortalezcan los grupos armados ilegales. Un presidente formado al interior de un partido como el Centro Democrático que claramente le ha apostado a la guerra.

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Colillas: Pareciera que ciertos periodistas fueran contratados para darle duro a ciertos personajes de la vida nacional. Este es el caso de Felipe Zuleta Lleras, quien no pierde la oportunidad de criticar a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, bien sea porque sí o porque no. Escuchándolo por Blu Radio el jueves en la mañana, criticaba a la alcaldesa por no haber hecho presencia el día anterior en el lugar donde un delincuente venezolano asesinó a un patrullero de la Policía Nacional. Ese mismo jueves, pero en la tarde, lo escuché también por Blu Radio criticando a la alcaldesa de manera mordaz, como siempre lo hace, porque Claudia López sí estuvo en el homenaje al policía que se hizo este jueves pero le dio muy duro porque, según él, no se había quedado más tiempo. Esto es palo porque bogas o palo porque no bogas. Da la sensación que todo esto tiene una razón política porque hay una campaña mediática liderada por ciertos periodistas para atacar la imagen de la alcaldesa.

Nacido en el puerto de Buenaventura, Ernesto Ramírez hizo sus estudios de secundaria en el colegio Seminario San Buenaventura. Estudió Comunicación Social Periodismo en la Universidad del Valle de Cali, hizo una especialización en Gerencia para las artes en el Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali e hizo un asociado en Liberal Arts en Hostos Community College del sistema de universidades públicas de la ciudad de Nueva York. Por más de 18 años, Ernesto Ramírez trabajó en el canal regional Telepacífico como editor y realizador de televisión, para luego trasladarse a la ciudad de Nueva York donde ha trabajado en el campo de la salud, haciendo prevención y educación en VIH e infecciones de transmión sexual dentro de la comunidad latina de la Gran Manzana. En los últimos años, Ernesto Ramírez se ha enfocado en proyectos específicos para salud mental y manejo de casos para personas que conviven con VIH/SIDA.

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