A las cuatro de la madrugada del miércoles 12 de abril, mientras la mayoría de colombianos se alistaba para disfrutar del puente festivo más largo del año, el rugido de 20.000 metros cúbicos de lodo, que bajaban a toda velocidad por las montañas que circundan la vía al mar, despertó a los habitantes de las veredas Bendiciones y La 40 segundos antes de que la avalancha arrasara con todo. Los primeros datos de los socorristas que llegaron a la zona hablaban de ocho muertos y 30 desaparecidos.

“Es como un Armero chiquito”, fue lo que atinó a decir Saulo Quiñónez, alcalde de Buenaventura, cuando estuvo frente al desastre sobre el medio día. Una hora más tarde, en el kilómetro 45 de la vía, un segundo derrumbe de piedras y lodo acabó con la vida de siete personas más.

Durante esa tarde la tierra se desplomó contra la carretera 14 veces, dejando al puerto incomunicado con el interior del país.

Sólo 24 horas después de la primera avalancha, el jueves santo en la mañana, llegó la maquinaria del Invías para remover los escombros y tratar de encontrar a los desaparecidos, que para esa fecha sumaban 47, aunque las cifras no eran oficiales pues ha sido muy complejo consolidarlas.

Por su parte, Angelino Garzón, gobernador del Valle, restringió el paso vehicular por la carretera para evitar mayores desgracias.

A las dos de la tarde se completó el cuarto ataque de las Farc contra los uniformados que permanecen en el área y las operaciones de rescate fueron suspendidas. Al finalizar el día, un nuevo deslizamiento sepultó a Jairo Muñoz, periodista de la región.

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