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Opinión de Gabriel Meluk sobre los problemas para hacer la liga Femenina – Fútbol Colombiano – Deportes


La Liga femenina de fútbol profesional volverá a ser un torneo corto, de un par de meses, como lo fue el año pasado y el antepasado. Las jugadoras, de nuevo y como era de esperarse, han puesto el grito en el cielo, los críticos de los directivos de la Federación de Fútbol y los equipos afirman que esta es otra muestra de corrupción, negligencia y machismo, y la asociación de futbolistas (Acolfutpro) cierra filas con sus afiliadas. Lógico.

Es imposible ser indiferente al reclamo, como lo es no tener solidaridad con las jugadoras que piden un torneo de un año que les permita tener, al menos, contratos laborales a un año. Su causa, impulsada además por el movimiento universal de equidad de género, despierta obvias simpatías y respaldos.

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Pero la realidad tira golpes que superan los deseos y los reclamos airados por más justos que sean. Como diría el maestro Chinche: “¡Fuepucha, socio: pero con esta abundancia de escasez, ni modo”. Tal cual: la Liga femenina de fútbol se debate entre la abundancia de los buenos deseos y la escasez de plata.

Al legítimo reclamo por la corta duración del torneo (previsto del 18 de julio a las primera semanas de septiembre) se contrapone la falta de plata para hacer una Liga anual robusta. “Prefiero tener una Liga femenina con limitaciones a no tenerla”, dijo el presidente de la Dimayor, Fernando Jaramillo.

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Se calcula que para mantener una competencia de 10 meses de fútbol femenino se requieren más de 30.000 millones de pesos que los clubes que conforman la Dimayor (los 35 de la A y la B) no tienen. Y el aporte del Ministerio del Deporte resulta insuficiente. Antes del coronavirus, el informe financiero presentado por la Superintendencia de Sociedades mostró que los equipos aumentaron sus pérdidas y la mayoría de los otros indicadores contenidos en el estudio apuntaban para abajo y tenían números rojos. Y con la pandemia, pues…

A pesar de la solidaridad alrededor de las futbolistas, es evidente que el fútbol femenino no es un producto de beneficencia y que necesita del serio apoyo de la empresa privada para patrocinarlo. Y eso no aparece. Todos dicen que la novia es linda e inteligente, pero ninguno se quiere casar con ella.

De acuerdo: la Federación de Fútbol tuvo que pagar 16.000 millones de pesos por la multa que le impuso la Superintendencia de Industria y Comercio por el escándalo mayúsculo de la reventa de boletas de la eliminatoria del Mundial de Rusia 2018.
¿Con esa plata se podía financiar una Liga femenina más larga? Quizás sí. Pero, también, se podía financiar la Liga de Futsal (¡Colombia ya hizo un Mundial de esta disciplina!), y el año pasado no se jugó ni un partido y el de este año está en veremos. Y ni hablemos del fútbol playa…

Cualquier cosa que se diga en este tema estará mal dicha, pero la Liga femenina de fútbol está igual que la Liga de Baloncesto masculina o la de Béisbol, que se debaten en pocos meses y pocos equipos. Fútbol playa no hay. Apenas despunta una liga de voleibol femenina y ni hablemos de la inexistencia de un campeonato de baloncesto de mujeres.

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La realidad del deporte asociado y profesional es que, a excepción de unos pocos eventos y de los colosos del fútbol y el ciclismo, no despiertan un real interés masivo que haga que los patrocinadores les metan plata como vehículos comerciales gruesos.

El dilema de la abundancia de escasez no es solo del fútbol femenino. Es la gran tristeza.

Meluk le cuenta…

Gabriel Meluk
Editor de Deportes
@MelukLeCuenta

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