Foto Andrea Moreno / Archivo EL TIEMPO

Fernando Montaño, bailarín colombiano destacado en el extranjero, cuenta su historia en un libro

Este miércoles, a las siete de la noche, en el teatro del Gimnasio Moderno, luego de la interpretación de un fragmento de la coreografía del segundo acto de ‘La bella durmiente’ y de la proyección del documental ‘Narciso’, se lanzó el libro de Fernando Montaño ‘Una buena ventura’.

Por medio de su libro autobiográfico, Antonio Montaño decidió compartir su historia de vida, haciendo un recuento desde su niñez, describiendo su proceso al crecer en un territorio olvidado del país bajo la crianza de una familia humilde, hasta llegar a pisar los escenarios más prestigiosos de ballet en el mundo.

«Cuando miro hacia atrás, cuando llevo mi mirada hacia mi pasado, me doy cuenta de que no ha sido nada fácil, pero siento que todo ha sido muy bonito y puedo decir que ha valido la pena» comenta Montaño.

El bailarín originario de Buenaventura, Valle del Cauca, de donde precisamente saca el nombre de su libro, alternó su apretada agenda entre ensayos y presentaciones para escribir acerca de sí mismo, de su vida y proceso en la industria artística.

Fernando Montaño se interesó en el ballet cuando era apenas un niño, para él, los medios de comunicación le dieron ese pequeño impulso que necesitaba para querer hacer parte de los escenarios como bailarín:

“Si los medios de comunicación son bien usados pueden sembrar en los niños semillas que después se convertirán en árboles frondosos (…) eso fue lo que me pasó a mí, cuando tenía seis años vi en la televisión a unos niños haciendo algunos pasos de ballet y yo empecé a imitarlos”.

A partir de allí, cuando descubrió su pasión por la danza clásica, se empeñó en querer practicarla y en buscar la forma de dedicarse a ello toda su vida: “para mi familia fue algo peculiar, para mi padre, particularmente, no fue tan fácil al principio, él quería que yo siguiera jugando fútbol, pero yo dejé los guayos y el fútbol por las zapatillas de ballet”.

Sus privilegiadas características físicas le han permitido desenvolverse en esta práctica de manera fluida, su elasticidad, su fortaleza y su poderoso empeine son algunas de ellas.

Practicar a diario y reforzar el talento que había descubierto que tenía lo llevó lejos, desde los 14 años se fue del país buscando mejores oportunidades. Inicialmente vivió en Cuba, luego de ganarse una beca en la Escuela Nacional de Ballet de ese país.

Estando allí, pudo hacerse notar, o como lo diría él, logró brillar con luz propia, y de esta manera llegó a Italia. Posteriormente fue invitado a hacer audiciones con el Royal Ballet, en Londres, en donde vivió una curiosa experiencia:

“Yo no hablaba inglés, pero me habían invitado a audicionar para el Royal Ballet en Londres. Con mi compañera, Venus, llegamos a la audición. Habíamos practicado por días, y el día definitivo pasó lo peor que podía pasar: el audio en el lugar en el que nos presentaríamos falló, y tuvimos que bailar sin música (…) fue realmente maravilloso, la que parecía una adversidad lo tomamos a favor, y bailamos como nunca. La conexión que logramos fue única”.

Como esta, ‘Una buena ventura’ cuenta múltiples historias y anécdotas que han marcado la vida del artista. Hoy, lo único que le queda a Fernando es agradecimiento, y una necesidad inmensa para ayudar a jóvenes talentos colombianos, que al igual que él, tienen el sueño de recorrer el mundo con su arte.

“Es un poco contradictorio que Colombia sea el único país en Suramérica que tiene escuela de ballet clásico y de formación completa, pero no tenga una compañía. Por ejemplo, Perú y Ecuador tienen compañía sin tener escuela (…) Nos falta mucho soñar, estamos demasiado divididos, y hay que mejorar en eso si queremos avanzar”.

Yaritza Acero
Para EL TIEMPO

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