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¿qué pasa cuando llueve en ellos?

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¿qué pasa cuando llueve en ellos?

La lluvia es un fenómeno común en todo el planeta, bueno en casi todo, por supuesto hay regiones en las que hay una mayor precipitación que en otras.

Además esa lluvia se presenta en todo tipo de formas: lloviznas, tormentas eléctricas, granizadas.

Pero también podría parecernos que en algunos lugares nunca cae una sola gota de agua: específicamente en lugares en donde la humedad del ambiente es prácticamente nula, como en los desiertos.

Pero aunque no estamos del todo equivocados, tampoco es imposible que llueva en lugares como esos.

Desiertos, pero no sin agua

Los desiertos son sin duda lugares áridos, pero no quiere decir que en ellos no exista la vida: son el hogar de plantas y animales, que están adaptados a vivir en esas condiciones.

Entonces, si estos biomas son capaces de sostener la vida, es porque en ellos debe existir agua en cierta medida.

Y si hay agua, esta puede pasar a formar parte del ciclo del agua que hace que se evapore, condense y se pueda precipitar como lluvia.

Pero las condiciones geográficas no son tan propicias para que esa humedad se mantenga en las zonas desérticas: casi todas están localizadas en un latitud en la que los vientos ecuatoriales descienden, recogen la humedad del suelo y la transportan a otras regiones.

Sin embargo eso no imposibilita del todo que exista precipitación en esos lugares.

Cuando llueve, diluvia

Por definición, un desierto es una región con clima árido, en el que hay muy pocas precipitaciones.

Entonces aunque en los desiertos sin duda puede llover, no es algo que ocurra de comúnmente, ni de la misma forma que ocurre en regiones con climas húmedos.

El Servicio Geológico de EE. UU., USGS por sus siglas en inglés, tiene dos clasificaciones para los desiertos: áridos, si reciben un promedio de 250 mm de lluvia al año y extremadamente áridos si no ocurre ninguna precipitación en más de 12 meses.

Algunas regiones del Sahara, en África, y el desierto de Atacama, en Chile reciben menos de 15 mm de lluvia al año.

Para darnos una idea de cuán poco llueve en los desiertos: en la Ciudad de México en promedio hay 700 mm de lluvia al año, mientras que en el Amazonas, hay una lluvia promedio de 3300 mm al año.

Sin embargo en algunos lugares extremadamente áridos, cuando llegan a ocurrir lluvias, lo hacen de forma de tormentas breves pero torrenciales.

Tormentas, pero no de arena

Esas tormentas desérticas, por supuesto ocasionan cambios muy notables en el entorno.

En muchos casos causan inundaciones instantáneas, que llenan de nuevo lechos secos de ríos o wadis, que existen en muchos desiertos.

Como el suelo del desierto está tan seco y poroso, la mayor parte de la humedad se absorbe y esas inundaciones terminan tan pronto como empezaron.

En algunas zonas de los desiertos, estas tormentas pueden hacer que se vea más actividad de seres vivos como insectos e incluso que florezcan más plantas, pero también podría ser que causen daños, en el delicado equilibrio del ecosistema desértico.

Debido a que esos cambios son muy abruptos, se ha encontrado que algunas formas de vida bacteriana que están adaptadas a esas condiciones extremas, pueden extinguirse por completo en esos eventos.

Esto se ha observado en el desierto de Atacama, cuya biodiversidad microbiana se ha estudiado por años.

Por esta razón, es que se han podido comparar los cambios después de eventos extraordinarios de lluvia como los que ocurrieron en 2015 y 2017: antes de esas tormentas en el Atacama había 16 especies microbianas identificadas, después solo se encontraban 4.

Así que aunque la lluvia pueda parecernos un evento afortunado, ahora sabemos que no lo es, ni en todos los lugares, ni para todos los seres vivos.

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