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Quinta cuenta atrás para la tecnología espacial viguesa

Quinta cuenta atrás para la tecnología espacial viguesa

Lanzamiento de una Soyuz desde Baikonur el pasado 28 de febrero. / GK Launch


El 3B5GSAT compartirá espacio en el cohete ruso con otra docena de nanosatélites y con la carga principal, el CAS500-1, un satélite de 500 kilogramos para observación de la Tierra y que será el primero de los dos que prevé lanzar Corea del Sur.

Gracias a los sistemas de Alén Space, el satélite podrá recoger información, procesarla y devolverla a Tierra para que Sateliot preste su servicio. El modelo de vuelo fue entregado en junio de 2020 y el lanzamiento estaba previsto para finales de año, pero se retrasó por las dificultades para la movilidad internacional derivadas de la pandemia.

El satélite inaugural de la constelación.


“Junto con la empresa Open Cosmos, otro de los socios del proyecto con sede en Reino Unido, llevamos a cabo las pruebas para verificar que todo funcionaba correctamente. Primero, en nuestro laboratorio y después en los suyos. La carga útil se integró en verano en el satélite, que fue trasladado a Moscú hace unas semanas. La última fecha confirmada para el lanzamiento es el día 20, aunque puede haber retrasos, y todavía no conocemos la hora”, confirma Alberto González, director de tecnología y cofundador de Alén Space.

Él es uno de los ingenieros veteranos de esta spin-off de la UVigo que ya han vivido desde 2012 la puesta en órbita de cuatro satélites –Xatcobeo, Humsat-D, Serpens y Lume 1–, además de diseñar el DustCube para la ESA. Todos han sido casos de éxito a pesar de las enormes dificultades que implica un lanzamiento.

“Es uno de los momentos más críticos de la misión y nada depende de nosotros. Ahora ya conocemos por lo que vamos a pasar, pero los nervios siempre están ahí”, admite.

Fase de verificación

Tras la puesta en órbita, la fase de comissioning (verificación) del nanosatélite se prolongará durante dos o tres meses. En un primer momento, la empresa Open Cosmos, con el apoyo de Alén Space, será la encargada de su puesta en marcha. Después se encenderá la carga útil y los ingenieros vigueses iniciarán las pruebas para testear el funcionamiento de todos los sistemas.

“Tenemos dos objetivos principales. Uno es demostrar que se puede utilizar el satélite para dar servicios de IoT. Y el segundo es obtener información y experiencia para la carga útil del resto de la constelación, que ya estamos desarrollando. Se trata de definir un protocolo de 5G para dar cobertura global”, explica González.

Sateliot prevé empezar a dar servicio en 2022 y todavía está por decidir si el resto de satélites de la red serán iguales que el inaugural –un modelo 3U de 10x10x30 centímetros– y cómo se organizarán los futuros lanzamientos. “Normalmente, se hacen por familias de 10 o 50 CubeSats. Y una vez que están en funcionamiento se lanza la siguiente familia” , apunta.

La constelación será la primera en ofrecer IoT con tecnología 5G: “Es un elemento diferenciador y muy importante de cara a los usuarios, puesto que es más fácil y más barato conseguir un terminal”.

Equipo de Alén Space, en su sede de Porto do Molle.


Los nanosatélites reducen en gran medida los costes y los tiempos de producción respecto a los de mayor tamaño, y las constelaciones permiten cubrir una mayor superficie. “Otra de las ventajas es que puedes ir actualizando los satélites a medida que los lanzas”, destaca González.

Dos de las más conocidas que operan actualmente son la estadounidense Planet, que ofrece imágenes de muy alta resolución, y Spire, que recoge datos atmosféricos para realizar predicciones meteorológicas.

Exploración de las cuevas de la Luna

Actualmente, Alén Space lidera junto con Gradiant y Egatel una constelación –proyecto Shipmate– para mejorar las comunicaciones marítimas y también trabaja en otra del INTA. Además se acaba de conocer que forma parte de un consorcio con las universidades de Vigo y Oviedo para explorar las cuevas de la Luna en una misión de la ESA.

“Es muy importante que nuestra tecnología está probada en órbita. La clave fue que en su día el profesor Aguado, la UVigo y el INTA plantearon trabajar con los estándares de la ESA. Y a partir de ahí se pudo avanzar con la creación de la spin-off para transferir la tecnología y generar crecimiento económico. Y más recientemente, con la asociación estudiantil SpaceLab. Cada vez somos más conocidos en el sector”, subraya.

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