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RESISTENCIA JUVENIL

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Estamos en la tercera semana de protestas que empezaron con el Paro Nacional el pasado 28 de abril. Primera vez desde que tengo memoria, que un estallido social de esta magnitud se presenta en Colombia. Nunca antes un Paro Nacional se había extendido tanto tiempo. A la fecha de publicación de esta columna, ya son 18 días de manifestaciones por todo el país.

A pesar de que el paro fue anunciado con bombos y platillos por su Comité Nacional, el cual ha venido liderando las protestas desde el 2019, son los jóvenes quienes se han mantenido firmes y se han apoderado de la movilización nacional con la dinamización de las marchas, dándoles un tono festivo, colorido, alegre y haciendo plantones en puntos estratégicos de las principales ciudades del país.

Lo que empezó el 28 de abril como un Paro, se convirtió en un gran movimiento a nivel nacional protagonizado por jóvenes indignados debido al abandono estatal, a las políticas erradas de los diferentes gobiernos en cuanto a empleo, educación y oportunidades para la juventud. Muchachos de estratos populares, muchos de ellos sin futuro, hoy le exigen al gobierno del presidente Iván Duque ser escuchados. El Comité Nacional de Paro debe recoger las iniciativas de los jóvenes e invitarlos a hacer parte de las negociaciones ante el gobierno nacional. El desmembramiento de los diferentes sectores que llevan 18 días protestando, podría significar un debilitamiento de la protesta. La unidad de todos ellos es la posibilidad de sentarse con el gobierno a buscar soluciones a problemas nacionales de muchos años y que hoy tienen a casi la mitad de los colombianos en situación de pobreza.

La atomización de las diferentes organizaciones y sectores sociales como los jóvenes, podría poner en riesgo llegar a acuerdos sobre las exigencias que se están haciendo. La presión de todos estos días con las manifestaciones y protestas ha obligado al gobierno de Duque a reconocer derechos como la gratuidad de la educación superior pública para los muchachos de los estratos más bajos del país. Un gran logro, sobre todo de los jóvenes que han estado en las calles desde el inicio de las protestas.

Si bien es cierto que la juventud colombiana tiene unas necesidades específicas, también lo es si este potencial de los jóvenes pudiera ser tenido en cuenta como un todo donde quepan los reclamos de las centrales obreras, maestros, mujeres, colectivos culturales, el sector de la salud, en fin, todos aquellos que se han atrevido a manifestar su inconformidad por años de malos gobiernos.

Pero también es cierto que las ciudades colombianas tienen sus diferencias, a pesar de sus similitudes. Por ejemplo, la juventud de los barrios que integran el llamado Distrito de Aguablanca – me sigo oponiendo a esa diferenciación entre Cali y el Distrito que lo único que ha generado es estigmatización, división y exclusión – tiene unas exigencias concretas para sus gobernantes de orden local y nacional. Muchas de ellas tienen un denominador común, la falta de oportunidades en lo educativo, económico, laboral, entre muchas otras. Se necesitan políticas de estado para potencializar esta área de la ciudad, que también es muy similar a zonas como Ciudad Bolívar en Bogotá – otra estigmatización que lo único que genera es exclusión al diferenciar a Bogotá de esta deprimida Ciudad Bolívar – . O qué decir del sector de las comunas de Medellín ubicadas en las laderas de sus montañas, donde pululan jóvenes sin oportunidades.

De seguir como va el país, la juventud colombiana de los estratos 1, 2 y 3 – los más carentes de recursos económicos – continuarían con la incertidumbre de un no futuro, engrosando la pobreza, aumentando la inequidad y la brecha entre ricos y pobres. Son los jóvenes quienes en estos 18 días de paro han puesto los muertos y desaparecidos con cifras que no se tienen con exactitud. Camiones de la Policía Nacional en Cali con agentes de civil que se bajan a disparar hacia grupos de jóvenes manifestantes. Extraños carros repartiendo bala por toda la ciudad. El asesinato de Lucas Villa en Pereira es un ejemplo de la cultura de la muerte en el país. Una cultura traqueta y mafiosa que muchos colombianos adoptaron sin importar el estrato social, sino pregúntenle a esos “ciudadanos de bien” que le dispararon a la Minga Indígena hiriendo a varios de sus integrantes. Personas de civil esgrimiendo y accionando sus armas con la complacencia de algunos miembros de la policía que tenían al lado.

En casi 60 años de guerra y ante la incapacidad de un estado por dar solución a los problemas del país, se crearon grupos horrendos como los paramilitares al servicio de muchos poderosos que llevaron al país a una cruenta violencia. Hoy, contra los manifestantes del Paro Nacional, pero sobre todo contra los jóvenes, no sólo se han usado las armas de la fuerza pública, sino que vemos a “civiles” – y lo pongo entre comillas porque realmente no sabemos quiénes son – quienes se toman la autoridad por sus manos masacrando a quienes tienen el valor de manifestar su inconformismo en las calles. La resistencia juvenil ha sido uno de los grandes logros y espero que las directivas del Comité Nacional del Paro y líderes del país, acompañen a los jóvenes en sus justos reclamos por desear un mejor país que les brinde oportunidades.

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¡A VOTAR!

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Esta semana se abrieron las inscripciones de cédulas para participar en las elecciones del 2022. Es tiempo para aquellos que nunca han votado o quienes lo vayan a hacer por primera vez, para que se registren y hagan valer su voto en las urnas eligiendo a conciencia senadores, representantes a la cámara y presidente.

Es un llamado en especial para los jóvenes que siempre han sido apáticos a participar de los procesos electorales. También para ese grueso porcentaje de población que siempre se ha abstenido a ejercer su derecho ciudadano de elegir. Los abstencionistas siempre han oscilado entre el 60% y 40% de las personas aptas para votar.

Los jóvenes que se han volcado a las calles por más de un mes y se han convertido en la resistencia al gobierno del presidente Iván Duque y a todo lo que huela a institucionalidad, deben entender que marchar y protestar no es la única manera de expresar la inconformidad. Las urnas pasan a ser alternativas muy válidas y más ahora cuando a pocos meses se llevarán a cabo elecciones muy importantes donde se puede dar un cambio absoluto a los poderes legislativo y ejecutivo, bases de nuestra democracia.

Ya hay una semilla inmensa sembrada en la juventud de conciencia política, de reclamar derechos constitucionales, de empoderamiento, de ser protagonistas, de saber que pueden alzar la voz y ser escuchados. Todo eso lo han logrado los jóvenes colombianos desde el pasado 28 de abril cuando se dio inicio al Paro Nacional. Eso es política y han participado de una manera muy activa. Deben entender que las primeras líneas, los puntos de concentración, las marchas, protestas, hacen parte de un despertar político y así debe entenderse.

Los jóvenes han sido protagonistas por excelencia en todas estas semanas de paro nacional. Este movimiento juvenil surgió paralelo al comité nacional de paro y fue tomando fuerza día a día. Hoy, los dirigentes sindicales y de organizaciones que integran ese comité, deben darle gracias a la juventud porque por ellos el Paro se ha sentido con más fuerza, ha impactado más profundamente al país y ha despertado conciencia. Gracias a esa terquedad y perseverancia de los jóvenes es que el Paro Nacional se ha logrado extender por semanas. No es gratuito que estos muchachos hayan puesto el mayor número de heridos, muertos y desaparecidos, ante un estado represor que se ha ensañado con ellos tratando de diezmar ese ímpetu juvenil con balas. Municiones que ahora no son sólo de la policía y el Esmad, sino también de “ciudadanos de bien” que actúan como paramilitares protegidos por la fuerza pública.

¡Muchachos!, entiendan que estamos en una coyuntura especial cuando se nos viene encima un proceso electoral crucial para cambiar al país. Tenemos una Constitución que hay que validar y poner en práctica, las leyes están ahí, se necesitan legisladores en el Senado y la Cámara de Representantes que hagan leyes justas acorde a la Constitución, que se comprometan a llevar a cabo las reformas sociales y políticas que necesita la nación. Pero esto sólo se podrá lograr si se participa masivamente en las elecciones legislativas el domingo 13 de marzo. ¡Chicos, a inscribir sus cédulas y A VOTAR!. Ustedes han sido protagonistas en las calles, ahora se necesita que el protagonismo lo lleven a las urnas votando a conciencia y por verdaderos líderes que quieran dar un cambio en el país. Las elecciones para Senado y Cámara son incluso mucho más importantes para el futuro de Colombia que la presidencial porque es en el Congreso donde se hacen las leyes, donde se gobierna y donde se toman las decisiones claves de la nación.

Es muy importante empezar a identificar a aquellos líderes que nos representen en el Congreso, pero también es clave que de los mismos jóvenes surjan líderes. Es urgente que las dispersas organizaciones juveniles se empiecen a organizar para lanzar sus propios candidatos. Este es un trabajo que debe hacerse desde ya. Es necesario que los pocos políticos honestos puedan asesorar, ayudar a identificar los jóvenes con perfiles adecuados para el Congreso. Son pocos meses los que quedan antes de las elecciones de marzo. La juventud, además de estar llamada a participar masivamente en las urnas para elegir a sus representantes, también tiene una opción preciosa como nunca la había tenido de hacerse elegir.

COLILLAS: En la noche de este viernes en Cali, dos jóvenes que participaban de las protestas en El Paso del Comercio fueron asesinados aparentemente por balas de agentes del estado. Ante el confuso hecho, también se sospecha de “civiles” armados, civiles que se desconoce su origen, pero que ungen como paramilitares. La historia reciente de Colombia que ha azotado a los campesinos ahora se ha trasladado a las ciudades donde paramilitares matan a diestra y siniestra, un horror vivido en el campo colombiano desde los años 80s cuando aparecieron los grupos de autodefensas. Ahora las víctimas son jóvenes de las ciudades que se enfrentan al poder de un estado que defiende el statu quo a bala y sangre bien sea empleando la brutalidad oficial o la complicidad de “civiles” armados.

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LOS MEDIOS Y EL PARO

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Los medios de comunicación en Colombia han jugado un papel fundamental en el sostenimiento del sistema del estado. Los principales de ellos siempre estuvieron a cargo de familias adineradas y con poder político, de ahí que los principales periódicos representaban los históricos partidos tradicionales, Conservador y Liberal.

Por ejemplo, en Cali, el periódico El País ha defendido las banderas del conservatismo, mientras que por muchos años, el periódico El Tiempo se caracterizaba por ser fiel al partido Liberal, aunque ahora la cosa es diferente cuando su dueño es el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien no defiende un partido político sino sus intereses económicos y a la clase política corrupta tradicional que es elegida gracias a sus aportes de dinero a las campañas de congresistas y presidencial. Un zorro astuto que sabe que esos políticos van a hacer leyes para favorecer sus bancos y empresas.

Desde hace 3 años cuando estuvimos en campaña electoral, los medios de comunicación comenzaron a verse más evidentes con la defensa de la institucionalidad, los partidos tradiciones, el sistema económico y todo lo que representara continuidad. Los principales noticieros de televisión y cadenas radiales, propiedad de poderosos empresarios, tuvieron un sesgo bastante evidente en la segunda vuelta de la elección presidencial con el candidato que representaba la continuidad del sistema colombiano. Iván Duque fue el consentido de estos periodistas; mientras que los directores de los medios muy hábilmente emprendieron una campaña de miedo con el coco Venezuela y vender la figura del candidato oponente, Gustavo Petro, como aquel personaje siniestro que iba a expropiar a la gente de sus fincas, apartamentos y casas y, de paso, convertiría al país en otra Venezuela. Era tanto el temor de la clase dirigente del país de un posible triunfo de un candidato de izquierda, que pusieron toda la maquinaria de los medios para desacreditar a Petro y exaltar al candidato que había impuesto Álvaro Uribe.

Con el Paro Nacional que lleva más de un mes ha pasado exactamente igual. Los medios de comunicación se han dedicado a desacreditar la protesta social llenando sus noticieros de radio y televisión con información de los hechos vandálicos. Por ejemplo, los noticieros de radio y televisión hicieron mucho énfasis sobre el incendio del Palacio de Justicia de Tuluá provocado por unos delincuentes, dedicando entrevistas y gran parte del tiempo a este hecho. Sin embargo, el mismo día de la revuelta en Tuluá, fue asesinado un joven universitario, pero esta noticia no tuvo el despliegue que sí le dieron al incendio, todo para desacreditar y casi justificar la muerte de este estudiante. El pasado jueves, el Fiscal General de la nación, el señor Barbosa, da una declaración al país desde Tuluá diciendo que había 3 capturas de algunos de los vándalos que incendiaron el Palacio de Justicia. ¿Y del hallazgo del responsable del asesinato del joven estudiante?. Nada, ni siquiera lo mencionó. Este es un ejemplo de la poca importancia que el establecimiento oficial colombiano le ha dado a las muertes de jóvenes en lo que va del mes de protestas.

El otro ejemplo fue la reciente Marcha del Silencio que se hizo en Cali, la cual contó con toda la promoción y despliegue de los medios de comunicación. Directores de noticieros nacionales y presentadores llegaron desde Bogotá para hacer la cobertura de una marcha que sólo tuvo la participación de unas 300 personas. Los medios hablaron de marcha multitudinaria de miles de caleños. Hicieron tomas para los noticieros de televisión con planos estratégicos para aparentar una gran multitud de gente; mientras que el periódico El País saca en primera página una fotografía gigante de esta marcha en un plano cerrado para aparentar multitud, miles, como se le dijo al país. En los noticieros se alcanzaban a ver carteles dando las gracias a la Policía Nacional y al Ejército. Esta marcha generó muchas dudas sobre quiénes fueron realmente sus organizadores, pues se hablaba de un grupo de ciudadanos del común preocupados por la situación de Cali. Creo que difícilmente unos simples ciudadanos tuvieran el poder de convocatoria para hacer desplazar a la ciudad todos estos medios nacionales.

Algunos nos hemos podido informar con más veracidad viendo reportajes de medios extranjeros, los cuales no tienen el sesgo de los medios colombianos con sus noticieros y periódicos que se dedican a defender los intereses económicos de sus dueños y de todo el establecimiento del país.

Y es que los directores de los noticieros televisivos, radiales y periódicos se limitan a hacerle eco al gobierno de Duque, quien pretende seguir sembrando miedo con la pandemia. Por más de una año se mantuvo a la gente cautiva y asustada con los reportes diarios de contagios y fallecimientos. Y no era para menos, Colombia tenía que tomar las medidas de cuarentena porque su infraestructura hospitalaria es mala y se quería evitar la muerte de la gente en las puertas de los hospitales ante una saturación de ocupación de camas y UCIs. Pero la gente prefirió tirarse a las calles después del estallido del 28 de abril, dejando a un lado el temor al Covid-19, al fin de cuentas, nos tendremos que acostumbrar a convivir con él. En las últimas semanas los medios se han concentrado a hablar del incremento de contagios y, “con mucha preocupación”, le achacan la culpa de ese aumento a los organizadores del Paro por insistir en las marchas, plantones y protestas. Lo que no se le dice a la gente es que el número de pruebas también las han elevado, esto quiere decir que a mayor cantidad de muestras es lógico que haya más gente positiva. Simplemente doy algunas estadísticas del Instituto Nacional de Salud: el pasado 20 de mayo se hicieron 71.390 pruebas con 16.086 personas positivas; el 24 de mayo se tomaron 40.936 muestras y resultaron 16.977 casos positivos para Covid-19; mientras que el 26 de mayo se hicieron 97.870 exámenes, un aumento significativo, para arrojar la cifra más alta en todo lo que iba de pandemia con 23.487 resultados positivos; y al día siguiente, el 27 de mayo, se volvieron a aumentar el número de muestras a 104.269, la mayor cantidad de exámenes tomados hasta esa fecha y, por supuesto, la cantidad de ciudadanos positivos aumentó a 25.092, récord de pruebas y de infectados hasta ese momento. Los medios no hablan de esa lógica de a mayores muestras, más resultados positivos, pero sí se dedican a sembrar miedo, a seguir el guión del gobierno nacional de poner al Covid-19 como el coco, atemorizando a los colombianos que si el Paro continúa habrá más gente afectada por el virus, echándole la responsabilidad al Comité Nacional del Paro, en vez de hacerse un análisis de todo lo que pudo hacer el gobierno de Duque para evitar ese estallido social que ha tenido a la gente en las calles por más de un mes.

COLILLAS: Los quiero invitar a que vean el siguiente video, toma sólo un minuto, lo realizó mi sobrina Jennifer Ramírez haciendo una comparación de las portadas del diario El País donde se silencia la protesta social y las marchas, pero se saca en primera página una gran fotografía de la marcha del silencio del pasado martes convocada por “la gente de bien”.

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UN MEJOR PAÍS

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La tierra donde nací y crecí siempre se ha merecido lo mejor. Miles de millones de pesos en impuestos le genera al país, pero el dinero pareciera seguir derecho de los muelles del Puerto de Buenaventura al interior de Colombia.

El contraste vergonzoso entre el moderno terminal marítimo y la pobreza de la ciudad, es fiel reflejo de una nación que se ha manejado para el beneficio de unos pocos. Buenaventura es sólo un ejemplo de la mezquindad de la clase política y empresarial que ha manejado el país históricamente. Un pequeño sector de la población que se diferencia de acuerdo a la región. Por ejemplo, en el Cauca y el Valle del Cauca, todavía se vive en un modelo casi feudal, donde los apellidos “ilustres” son los que han perdurado en el tiempo y son los encargados de manejar las riquezas y dar las migas a sus “súbditos”.

Si nos vamos a la zona cafetera, han sido los “vivos” patriarcas paisas quienes mandan la parada. Sus empresas, todo un emporio llamado Sindicato Antioqueño, son el orgullo de ellos mismos, de su espíritu negociante, culebrero, de mucha labia y de viveza. Aunque hay una gran diferencia entre estos y los del sur. Por lo menos los industriales paisas han invertido en el desarrollo de su capital y sus municipios, aunque todavía hay una deuda pendiente con ese gran sector deprimido de Medellín en sus barrios de montaña.

El centralismo de Bogotá y sus alrededores han limitado la visión de muchos de los empresarios y políticos, para quienes Colombia se limita el Distrito Capital. Y si nos vamos a la Costa Atlántica, las castas políticas han dominado por años, lo que ha sido caldo de cultivo para la corrupción campante y la desigualdad social que se vive en sus departamentos.

Soñar en un país mejor debería ser gratis y no costar sangre. Tantos líderes sociales asesinados simplemente porque han querido sacar adelante sus comunidades, la mayoría de ellas campesinas. Tantos desaparecidos, heridos y muertos, sobre todo de jóvenes, en las protestas sociales que se llevan a cabo desde el 28 de abril. ¿Acaso un sueño se debe convertir en una lápida? ¿Será que estos sueños son un peligro para el establecimiento y la clase dirigente que siempre ha gobernado?.

Los sueños son esperanzas, son metas, son proyectos, hacen parte de la construcción de un mejor futuro, de un mejor país. Incluso para quienes somos mayores y nos acercamos a la vejez, el soñar en una nación con oportunidades, sin corrupción, sin violencia, ha sido parte de ese sueño que tuvimos cuando fuimos adolescentes y jóvenes. Sueños que se han quedado en eso, en sueños, pero que no perdemos la esperanza de que se hagan realidad así los años de la vida nos hayan caído encima con su dureza.

Creo que este es el momento de ellos, de los jóvenes, de esos soñadores, de ese ímpetu que los caracteriza de querer comerse al mundo. Esos sueños no los podemos truncar. Ellos se merecen otro país, uno donde los apellidos no sean sinónimo de poder; donde los empresarios no pequen de vivos y compartan el fruto de sus ganancias; donde los políticos vean más allá de sus narices y descubran que hay un país con valles, con selvas y costas; un país donde las castas políticas suelten el poder y le den oportunidades a personas que realmente quieran sacar adelante sus departamentos y su gente; un país donde el corrupto no tenga lugar y sea erradicado de la política y de la sociedad.

Ese país es el que sueñan los jóvenes. Una nación que les brinde educación, empleos, salarios justos, la posibilidad de tener un sistema de salud pensado en la gente y no como negocio, el soñar con una jubilación digna, en un país en paz, donde la gente tenga para comer, un país que cambie los ranchos por viviendas dignas, una nación más equitativa, más justa. Ese sueño no se lo podemos arrebatar a los jóvenes. Fue suficiente con que me lo hayan arrebatado a mi, aunque tengo la esperanza que la lucha que ellos están dando, me va a permitir volver realidad ese país que soñé cuando yo fui joven también.

COLILLAS: Decisión histórica de la Corte Constitucional se dio este viernes 21 de mayo cuando le dio vía libre a las curules para las víctimas acordadas en el Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y la exguerrilla de las Farc. 16 regiones olvidadas en el país tendrán sus representantes cada una para un total de 8 curules en el Senado y otras 8 en la Cámara de Representantes. Este punto del Acuerdo lo había hundido el Centro Democrático, cuyos representantes en el Senado se oposieron a que las víctimas del conflicto armado tuvieran representación por dos períodos consecutivos en el Congreso de la República. La Corte Constitucional sigue dando ejemplo al país de democracia y de respeto a la Constitución. 

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