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¿Tienes más de 30 años? Olvida el estigma de los números y cambia tu perspectiva

¿Tienes más de 30 años? Olvida el estigma de los números y cambia tu perspectiva

Dejemos de pensar en las fechas y edades como deadlines; disfrutemos y aprendamos del proceso.

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Los seres humanos tenemos una fijación con los números. Solemos pensar que hay combinaciones numéricas que sirven para definir metas o para abrirnos nuevas oportunidades. Por ejemplo, con el cambio de año, muchos se hacen falsas esperanzas como “el 2021 será mucho mejor que el 2020”, simplemente porque nos gusta confiar en ello. Lo mismo sucede cuando cumplimos ciertas edades. Vemos como un parteaguas llegar a tal o cual década y hacemos nuestras listas de propósitos; “antes de cumplir 40 quiero lograr… (inserte aquí su conjunto de deseos)”. 

Esta idea colectiva la hemos ido alimentando por generaciones, pues nos permite ordenar mejor el mundo. Sin embargo, esta obsesión con los números puede resultar negativa. Por un lado, si creemos que “todo mejorará” el primero de enero, a pesar de que no haya razones que lo sustenten, modificar nuestra mentalidad hacia una más optimista puede traer múltiples beneficios. Pero por el otro, si usamos los números como una fecha de caducidad, únicamente nos produciremos presión innecesaria y, al no conseguirlo, mucha frustración. 

Es fue mi caso cuando cumplí 33 años y varios de mis amigos me dijeron “ah, la edad de Cristo” (acompañado por mi respuesta: “sí, la de Cristo cuando murió…). Pero mi extraño sentido del humor no pudo evitar que reflexionara acerca de mi vida. En un principio, llegué a la trágica conclusión de que no he hecho nada importante: no he creado una empresa exitosa, no tengo hijos, no he crecido laboralmente como esperaba, no compré una casa ni he logrado gran reconocimiento; vamos, que ni siquiera he plantado un árbol y mucho menos escrito un libro. También analicé mi reducida vida social. ¿Quién a los 33 años puede reunir a trece personas en una cena? 

Mis amigos cercanos son menos de diez, y aún así no todos irían a mi evento porque “no podrían dejar al bebé” o “porque tuvieron una semana muy agotadora en el trabajo”. Ni siquiera lograría ese cuórum ofreciéndoles convertir toda el agua en vino. 

Tengo que aceptar que esta sensación de fracaso en casi todos los aspectos de mi vida me deprimió. Sé que estaba viendo el vaso medio vacío, pero me costó darle la vuelta para notar lo que sí había logrado en estos años: trabajo en lo que me gusta, no estoy endeudada, tengo buena salud (mejor que la que tenía en mis veintes), inicié un pequeño negocio, tengo amigos verdaderos y estoy en una relación de pareja feliz y estable. 

Cambiar el enfoque me hizo feliz y me ayudó a dejar de pensar en los números como una fecha límite. No abandoné mis sueños ni objetivos, ni confío en que siempre habrá tiempo para hacerlos, pero ahora cultivo el pensamiento de que llegarán cuando haya seguido el camino correcto y esté preparada para recibirlo. Esto me hace valorar y disfrutar mucho más los procesos. Cualquier fin es alcanzable con esfuerzo y perseverancia, pero es en el proceso en donde están los verdaderos aprendizajes. Por eso no importa si se logran o no en un plazo determinado, siempre hay crecimiento. 

Si eres como yo era y estás frustrado porque “a los 30, 40, 50, etc., no tienes una empresa exitosa o has alcanzado el ‘éxito’”, te invito a que voltees tu perspectiva. Deja de dar tanto valor a los números y a tu relación con ellos; el único deadline que existe es la falta de interés, y esta no entiende de edades ni de fechas. 

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