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domingo, octubre 20, 2019

Un sacudón para impulsar la economía naranja en Buenaventura

No se Pierda

El centro Sacúdete, ubicado en la Universidad del Valle (sede Pacífico), emplea a 58 jóvenes de esa ciudad. La iniciativa es apoyada por Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la empresa privada. Se abrirán dos más en Turbo y Quibdó.

Amylkar Montana, como se hace llamar artísticamente, fue a cantar en el lanzamiento del centro Sacúdete, en Buenaventura (Valle del Cauca). Lo contactaron porque es un joven reconocido en la ciudad, habla con entusiasmo de cómo artistas, entre los que estuvo él, aportaron toda su creatividad para impulsar el Paro Cívico que se dio en esa ciudad, históricamente marginada por el Estado, y que terminó en el fortalecimiento de varios procesos sociales. Lo que vio ese día lo motivó para inscribirse para entrar a hacer parte de esa iniciativa .

En las capacitaciones que le dieron aprendió que su música podía ser una empresa. En el Sacúdete conoció al reconocido musico Yuri Buenaventura, con quien está produciendo un albúm que lo llena de entusiasmo cada que habla de él.

Los centros Sacúdete son una iniciativa materializada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y varios inversores del sector privado. Lina Arbeláez, gerente nacional de Reducción de pobreza y equidad del PNUD, cuenta que desde que el presidente Iván Duque salió electo buscó a esa organización con la idea de generar proyectos que permitan cerrar brechas, haciendo que el talento de la juventud “se detone para crear, generar conocimiento y apoyar la diversificación productiva territorial”.

Luego de varias reuniones con la Oficina de la Primera Dama, algunos ministerios, la Alta Consejería Presidencial para la Competitividad Económica, y la Alta Consejería para la Cuarta Revolución Industrial, el proyecto vio la luz. Los recursos no los pone el Gobierno, sino que salen de una alianza entre el Pnud y diferentes actores del sector privado. Hoy en día hay cuatro centros Sacúdete, ubicados en Guamal (Meta), Orito (Putumayo), Puerto Wilches (Santander) y Buenaventura (Valle del Cauca).

De este último hace parte Montana. Hizo un proceso de formación que pasó por tres fases: inspírate, enfócate y transfórmate. En el primero conoció a Buenaventura, en el segundo aprendió a proyectar su arte como un modelo de negocio y en el tercero está trabajando actualmente.

El Sacúdete de Buenaventura ha contado con apoyo de Bancolombia. Iván Mejía, socio de la productora Dirty Kitchen, cuenta que dicho banco dio dinero para que se hicieran las capacitaciones. La formación se hace en cinco líneas relacionadas con la economía naranja: “creatividad o escritura creativa, realización audiovisual, sonido, diseño gráfico y optimización digital, realización”.

“La forma como Bancolombia recupera la inversión es con un entregable de trabajo de contenido”, asegura Mejía. Se refiere a que esa empresa compró un paquete de piezas audivisuales para sus redes sociales hechas por los 58 jóvenes que integran la iniciativa.

Según Mejía, el precio que paga Bancolombia por ese contenido es “muy similar” al que le pagarían a otras productoras. Los jóvenes que hacen parte de Sacúdete tienen contratos a término fijo que se terminarán en diciembre y ganan “un poco más que el mínimo”, como dice Mejía.

Pero los jóvenes no solamente trabajan para el sector privado, también buscan fortalecer su propia iniciativa. Por eso, el pasado 30 de septiembre lanzaron en Instagram, Youtube y Facebook el canal Enturados. Allí suben contenido propio de personajes que ellos mismos crearon.

Objetivo: sostenibilidad

La idea de los Sacúdete que han llegado a zonas con altas tasas de violencia, es que los jóvenes que participan del proceso puedan vivir de la producción de cultura. Así lo explica el exconsejero presindencial para la Transformación Digital y la Innovación, Víctor Muñoz: “se ha venido construyendo como un espacio para que se genere un ecosistema combinando deporte, formación en plataformas digitales, apropiación de cultura, se pueda generar todo un esquema de emprendimiento que ayude a los jóvenes a encontrar mecanimos de motivación alrededor de nuevas oportunidades”.

Arbélaez habla de las bondades que le trae a la empresa privada invertir en los productos que elaboran los jóvenes en los Sacúdete. “Estamos entrenando un talento humano que puede incluir elementos de innovación y de transformación digital a las empresas que tradicionalmente no han visto ese espectro como una posibilidad de crecimiento o de nuevos negocios”, asegura.

Por ahora, los jóvenes de Buenaventura están esperando que aparezcan más clientes para poder continuar con su trabajo después de diciembre, cuando se les vencen sus contratos.

“Con el Sacúdete estoy cumpliendo mis sueños porque soy padre soltero, tengo un niño de dos años, estoy trabajando y puedo suplir las necesidades de mi hijo. Además, estoy logrando ser un artista reconocido a nivel mundial”, concluyé Montana.

Este año se abrirán dos Sacúdete más, uno en Turbo, Antioquia, con el apoyo de comercializadoras de banano, como Banafrut y Banacol, y una caja de compensación familiar, y otra en Quibdó (Chocó).

El Espectador

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