Buenaventura en Linea
Foto tomada del portal www.colombiacheck.com

VERDADES QUE DUELEN

Los colombianos llevan varios días impactados por la revelación hecha por el antiguo secretariado de la extinta guerrilla de la Farc de responsabilizarse por el asesinato de varias personalidades de la política colombiana, entre ellas Álvaro Gómez Hurtado, cuya muerte el 2 de noviembre de 1995 fue declarada como magnicidio.

Y es que el Proceso de Paz firmado entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc trae el elemento de la verdad como algo fundamental de un conflicto armado con muchas aristas y con casi 60 años de antigüedad. Pareciera que el país no estuviese preparado para las verdades que tienen que revelar no sólo las Farc sino todos aquellos actores armados y civiles que hicieron parte de décadas de guerra, muertes, sangre y lágrimas.

Digo que pareciera que el país no estuviera preparado porque ya muchas personas enemigas del Acuerdo de Paz empiezan a pedir cárcel y condena para los responsables del asesinato del dirigente político. Años de investigaciones por parte de los entes estatales y nunca pudieron esclarecer quiénes fueron los responsables de este crimen que sacudió el país hace 25 años y sigue en la memoria de muchos colombianos que veían a Álvaro Gómez como su líder.

La guerra en Colombia tocó fondos inimaginables cuando aparecieron actores como las Autodefensas Unidas de Colombia, cuando se mezcló el narcotráfico con los ideales guerrilleros, cuando la financiación de la guerra por parte de las Farc incluyó la horrorosa práctica del secuestro, cuando el Estado colombiano y sus Fuerzas Armadas patrocinaron a los grupos paramilitares, cuando las autodefensas y la guerrilla cometieron masacres espantosas, cuando muchos políticos fueron cómplices del paramilitarismo y el narcotráfico, cuando se les despojó de sus tierras a miles de campesinos, cuando asesinaron – y lo siguen haciendo – a líderes sociales que se volvieron incómodos bien sea para los grupos de autodefensas – hoy bacrim y similares – o para la guerrilla o para aquellos poderosos latifundistas con hambre de más tierras.

Los odios en Colombia son históricos y se remontan a las confrontaciones entre liberales y conservadores desde que nos hicimos república por allá en el siglo XIX, y continuando en el siglo XX con la Guerra de los Mil Días, o la Violencia de la década de los 50s después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Odios que llevaron a la creación en los años 60s de las guerrillas liberales compuestas por campesinos para defenderse de los gobiernos conservadores y que luego se convirtieron en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia/Farc. Y es en esta coyuntura cuando entra en escena el político conservador Álvaro Gómez Hurtado, quien a comienzo de la década del 60 denuncia ante el Congreso la creación de “las repúblicas independientes”, acusando a esos grupos liderados por alias Manuel Marulanda Vélez – también conocido con el alias de Tirofijo – de poner en riesgo al estado colombiano. Los grupos de autodefensas de campesinos liberales responsabilizaron a Álvaro Gómez del hostigamiento a estas guerrillas y del bombardeo hecho por el Ejército Nacional a la República Independiente de Marquetalia en 1964. Desde ese momento, Gómez Hurtado fue declarado objetivo militar por parte de Manuel Marulanda y este bombardeo marcó la historia de Colombia porque los campesinos liberales en cabeza de Tirofijo crearon las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Farc.

31 años después – en 1995 – según lo acaba de revelar las Farc, Tirofijo ordenó el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado al culparlo por lo sucedido en Marquetalia. También declaran los antiguos miembros del Secretariado de las Farc, que este crimen se llevó a cabo en un momento de convulsión del país debido al Proceso 8.000 contra el presidente Ernesto Samper, a cuya campaña entraron dineros del Cartel de Cali. Según la carta firmada por los excomandantes de las Farc, con el asesinato de Gómez Hurtado, quisieron pescar en rio revuelto haciendo que la crisis institucional se ahondara mucho más.

Verdades como estas comienzan a destaparse en Colombia. Ya hemos tenido también confesiones de horrendas verdades por parte de miembros del Ejército Nacional con la masacre de cientos de jóvenes que hicieron pasar como guerrilleros muertos en combate. Los colombianos tenemos una gran oportunidad de acabar con los odios y entendemos que para ello se necesita decir la verdad acompañada del perdón y la reconciliación. Desafortunadamente hay un sector grande de la sociedad sumido en el odio que va aprovechar para seguir sembrando más división y cizaña con cada verdad que digan los exguerrilleros. Se tiene la esperanza que este proceso y las confesiones que empiezan a darse, ayuden a entender que los odios y venganzas nos han llevado a sacar lo peor de los colombianos, quienes parecen tener en sus genes uno muy particular llamado el gen de la violencia. La Comisión de la Verdad del Acuerdo de Paz tiene una muy importante tarea en momentos en que se empiezan a decir verdades que duelen, pero es justamente la verdad y el perdón, las únicas esperanzas para superar décadas de odios.

Ernesto Ramírez

Ernesto Ramírez

Nacido en el puerto de Buenaventura, Ernesto Ramírez hizo sus estudios de secundaria en el colegio Seminario San Buenaventura. Estudió Comunicación Social Periodismo en la Universidad del Valle de Cali, hizo una especialización en Gerencia para las artes en el Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali e hizo un asociado en Liberal Arts en Hostos Community College del sistema de universidades públicas de la ciudad de Nueva York.

Por más de 18 años, Ernesto Ramírez trabajó en el canal regional Telepacífico como editor y realizador de televisión, para luego trasladarse a la ciudad de Nueva York donde ha trabajado en el campo de la salud, haciendo prevención y educación en VIH e infecciones de transmión sexual dentro de la comunidad latina de la Gran Manzana. En los últimos años, Ernesto Ramírez se ha enfocado en proyectos específicos para salud mental y manejo de casos para personas que conviven con VIH/SIDA.

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