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Zlatan Ibrahimovic: la polémica y arrogante vida del futbolista del Milan - Fútbol Internacional - Deportes

Zlatan Ibrahimovic: la polémica y arrogante vida del futbolista del Milan – Fútbol Internacional – Deportes


Zlatan Ibrahimovic tiene una cara de sujeto pedante, una cara altiva que no puede enmascarar su arrogancia y su narcisismo, con esa mirada desafiante, la boca que escupe fuego, una sonrisa que destila burla, y ese aspecto de guerrero espartano al que solo le falta desenfundar la espada para cortar cabezas rivales. Por eso, nadie se lo quiere cruzar en el callejón de la cancha, y el que se lo cruza, lo sufre y lo lamenta. Zlatan es el futbolista que se cree todopoderoso, como un dios –dice–, aunque quizá sea el mismísimo demonio.

Tiene 39 años y sigue tan vigente, no solo en la controversia, sino por su juego y sus goles, como si le sobraran, como si en el tiempo extra de su carrera no se le agotaran. Lleva 12 en la Serie A italiana, persigue a Cristiano Ronaldo; le ha dado vida y movimiento a un Milan embalsamado por años, y es un show del discurso, un deportista que hace arder el fútbol cuando habla y cuando juega. Porque no conoce humildad, no encaja con la sencillez. Lo suyo es el ‘yo’, ‘yo soy’, ‘yo juego’, ‘yo mando’.

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En menos de una semana, este futbolista del ‘superyo’ agitó el fútbol. El sábado pasado, su equipo fue humillado por el Atalanta, 0-3, y a Zlatan no le gustan las humillaciones. Cuando el juego ya moría, reclamó que le pitaran un penalti que solo serviría para su victoria personal. De la nada apareció el colombiano Duván Zapata, para tomar el riesgo de decirle en la cara altiva que si así quería su gol 13, de penalti. Fue un golpe a la quijada orgullosa del sueco, una ofensa de esas que él no tolera (no tolera ninguna). Le respondió con un gancho semántico, tan sutil y fulminante, tan de los suyos: “¿De qué estás hablando? Tengo más goles que los partidos de toda tu carrera”, le dijo Zlatan con su odiosa antipatía.

La prensa mundial no desaprovechó el suceso. Es que cuando Zlatan habla, en la cancha o afuera, lo hace con veneno, genera un tsunami mediático. Aunque la sorpresa fue más por la provocación de Duván, muy poco dado a estos arrebatos, porque de Zlatan nada puede sorprender. Lo raro hubiera sido que se hubiera quedado callado o hubiera salido con una respuesta noble. No, su comentario fue altanero, punzante y veraz.

Zlatan lleva, según cifras de Soccerway, 425 goles en clubes, en Malmó, Ajax, Juventus, Inter, Milan, Barcelona, PSG y Angeles Galaxy. Eso sin contar los más de 60 que lleva con Suecia. Duván, según el mismo portal, lleva 368 partidos en clubes y selecciones Colombia. Así que Zlatan le dio un baño de crueldad a Duván, como para que no se metan con él.

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Choque de alta tensión

Pero se metieron. El martes, solo unos días después del encuentro con Duván, y cuando la prensa todavía hablaba de su cruel sarcasmo, Zlatan tuvo otra batalla, aunque esta vez fue más directa y peligrosa, cuando en la cancha se cruzó con el belga Lukaku, del Inter, que se atrevió a carearlo, frente con frente, mirada con mirada, ira con ira. Los 1,95 metros de estatura del sueco contra los 1,90 del belga. Y Lukaku no se ablandó. Le demostró que no todos le agachan la cabeza.

Se miraron, se dijeron, se insultaron, salieron chispas, tembló el Giuseppe Meazza, mientras los testigos corrían a evitar una confrontación nuclear. Mucho se habló de lo que se dijeron en ese instante de tensión. “Ve a hacer tus rituales vudú de …”, dice la prensa italiana que bramó Zlatan, mientras el belga arremetía contra el sueco y hasta con su mujer. Hubo amarilla para ambos; luego, roja para Zlatan, y sanción de un partido de Copa para cada uno. Al sueco lo acusaron de racismo. Así que tuvo que aclarar el episodio, sin perder su estilo ácido: “En el mundo de Zlatan no hay lugar para el racismo. Todos somos de la misma raza. Todos somos jugadores, unos mejores que otros”, dijo.

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Es lo que se espera del mismo hombre que hace poco le puso la cara a la pandemia: “El covid tuvo el coraje de desafiarme. Mala idea”. Y días después, maquilló: “El virus me ha desafiado y yo lo he vencido, pero tú no eres Zlatan”. Es el mismo que dijo que un Mundial sin él no vale la pena, o el que dijo cuando se fue de Los Ángeles: “La historia continúa… Ahora vuelvan al béisbol”.

Así es Zlatan, el futbolista genial y soberbio, el Zlatan que solo idolatra a Zlatan, el que se cree el centro del universo y dueño de su propio planeta, el que hace arder el fútbol con sus frases únicas y sus goles únicos, el que se jura que es un implacable dios, aunque parezca un arrogante diablo.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
Twitter: @PabloRomeroET

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