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EL BACHILLERATO

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EL BACHILLERATO | Noticias de Buenaventura, Colombia y el Mundo

Una de las mejores experiencias que he tenido ha sido la de mi bachillerato en el Colegio Seminario San Buenaventura. Compañeros de estudio y de vida, algunos de los cuales se convirtieron en entrañables amigos.

Mi historia en el colegio se remonta a septiembre de 1977 cuando ingresé a 5º de primaria. En ese entonces el Seminario era solo para varones. Ahí comencé un viaje que marcó mi vida pues el colegio fue testigo de mi paso de la niñez a mi pubertad y luego a mi adolescencia.

Cómo olvidar a esos maestros que nos ayudaron a formar nuestras vidas. Por ejemplo al profesor Pedraza de Ciencias y química y eterno coordinador del colegio, quien en algunas oportunidades nos sacó del salón y nos dio la clase junto a la quebrada en el bosque para remarcarnos la importancia de la naturaleza. El profesor Garcés, quien con mucha destreza hacía de la biología una materia interesante. Cómo no recordar al profesor Abadía de música con las clases de flauta dulce, una maravilla aprender a leer música en partitura y tocar un instrumento, todavía guardo la flauta; también Abadía organizaba anualmente jornadas de pintura donde durante todo el día teníamos la libertad de pintar o dibujar lo que quisiéramos. La sabiduría del profesor Hurtado de español, quien fuera mi director de curso en varios años. Los profes Pastrana de matemáticas y Sevillano de física ¡Ay Dios!, qué dolor de cabeza la física. Tuve el lujo de tener al profesor Roberto Lozano Batalla como mi maestro de educación física, su base fue el atletismo y en muchas oportunidades corrimos por las afueras del colegio en el barrio Bellavista. La magia de un idioma extranjero la aprendí con el profesor Fabio Portocarrero con las clases de francés, Portocarrero también fue director de curso en los últimos años del bachillerato. Y así, son muchos los recuerdos de los profesores que tanto a mí como a mis compañeros nos cambiaron la vida. Un lujo de maestros que elevaron el nivel académico del Seminario y lo ubicaron como el mejor colegio del puerto de Buenaventura. Recuerdo que mi promoción, la del ’84, ocupó el primer lugar en Buenaventura en las pruebas del Icfes de ese año.

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El colegio tuvo sus personajes inolvidables como la eterna secretaria, Cleotilde, el rector que marcó nuestras vidas, el padre Zehir González Duque, y don Alonso, el dueño de la tienda donde todos comprábamos en el recreo. Y otro personaje fue la quebrada que atravesaba el terreno y el bosque donde está ubicado el colegio. Ese riachuelo dividía la distribución de las instalaciones de la institución educativa: de un lado quedaban los edificios y aulas, del otro lado el bosque y la cancha de fútbol, la que se construyó cuando yo estaba en 5º de primaria.

Hoy recuerdo con mucho cariño y afecto a esos adolescentes que fueron mis compañeros en el colegio, algunos de ellos se convirtieron en amigos entrañables como el caso de Julio César Borrero – soy el padrino de su hijo mayor Juan Sebastián – , Roberto Lozano – un liberal de raca mandaca quien desde su adolescencia defendía las banderas del liberalismo – , Didier Valencia y su gran sentido de la amistad, Luis Eduardo Cuero y Juan Carlos Aveiga (q.e.p.d.). Tuve la fortuna de conformar con ellos un grupo de estudio para hacer los trabajos; muchas veces nos reuníamos en mi casa en el barrio La Independencia y los estudios terminaban en jornadas de juegos. También llegan los recuerdos muy especiales de los más porras del salón. Ese es el caso de Germán Álvarez quien siempre ocupaba los primeros puestos en todo el colegio y tenía la encomienda de hacer sonar la campana que anunciaba la hora del recreo. Wálter Alberto Tenorio, a quien llamábamos Chico, con una habilidad inigualable para captar muy fácilmente los temas de las clases. La inteligencia y siempre alegría de Juan Carlos Bastidas, otro de los porras. El grupo de los pipiolos conformado por Juan Carlos Fernández (q.e.p.d.), Pabón, Quiñónez, Sánchez, Gilberto López, Melo, Palacios y Caraballo, en algunas oportunidades también se integraba Fernando López (q.e.p.d.). Otro grupo conformado por Fabián Dueñas, Mauricio Dueñas (q.e.p.d.), Pino, Beto Cortés (q.e.p.d.), Montaño, Castro y Calle, todos ellos vivían en la Transformación. También recuerdo con mucho afecto a Moisés Yaya (q.e.p.d.), su casa ubicada en La Piña Madura se convirtió en punto de encuentro para muchos de nosotros; con Moisés hicimos una amistad que trascendió de la adolescencia a nuestra adultez, su partida fue un hecho trágico y doloroso. Las discusiones sobre fútbol entre Cuéllar y Campo, el gran futbolista que era José Ómar Hurtado, y así son muchos los recuerdos de aquellos otros compañeros como Luis Alfonso Mina, Raúl Salinas, Wilson Molina, Rodrigo Bastidas, Mauricio Revelo, Pérez, Calonge, Martínez, Arias, Díaz, Ortiz, Ruiz, Zúñiga, Caicedo… en fin, forcé mi memoria al máximo para recordar el mayor número de compañeros. La promoción del ’84 le aportó a Buenaventura y al país médicos, abogados, administradores, contadores, ingenieros, empresarios y un comunicador social, entre otros profesionales.

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Hoy, en nuestra adultez, nos duele ver a Buenaventura en lo que se ha convertido. Un campo de batalla entre las mafias del narcotráfico y los grupos delincuenciales. Una juventud amenazada por la guerra, la pobreza y la miseria. Nosotros tuvimos la fortuna de vivir en una Buenaventura diferente. No me puedo imaginar el miedo y el terror de los adolescentes de hoy. El estado colombiano tiene mucha responsabilidad de lo que pasa en la ciudad e históricamente ha pecado por racista con la región pacífica y su gente, tiene muchas deudas pendientes con los bonaverenses.

Pero no todo está perdido porque la juventud actual se ha empoderado de las más recientes protestas. La realidad violenta y de miseria de la ciudad ha empujado a los jóvenes a tomarse las calles pacíficamente con marchas enmarcadas por la música, el folclor y la alegría. Muchachos y muchachas que se niegan a renunciar a su felicidad y que le gritan al estado y la clase política corrupta ¡Basta Ya! de discriminación, abuso y racismo para con Buenaventura y su gente. Unos jóvenes que pusieron en boca de todo el país esa tendencia de #SOSBuenaventura. Toda una lección para nosotros los adultos y una invitación a mis ex-compañeros seminaristas que pensemos en la ciudad y aportemos a las soluciones urgentes que necesita el puerto.

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Nacido en el puerto de Buenaventura, Ernesto Ramírez hizo sus estudios de secundaria en el colegio Seminario San Buenaventura. Estudió Comunicación Social Periodismo en la Universidad del Valle de Cali, hizo una especialización en Gerencia para las artes en el Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali e hizo un asociado en Liberal Arts en Hostos Community College del sistema de universidades públicas de la ciudad de Nueva York. Por más de 18 años, Ernesto Ramírez trabajó en el canal regional Telepacífico como editor y realizador de televisión, para luego trasladarse a la ciudad de Nueva York donde ha trabajado en el campo de la salud, haciendo prevención y educación en VIH e infecciones de transmión sexual dentro de la comunidad latina de la Gran Manzana. En los últimos años, Ernesto Ramírez se ha enfocado en proyectos específicos para salud mental y manejo de casos para personas que conviven con VIH/SIDA.

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