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Plásticos biodegradables: ¿contaminan menos?

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Plásticos biodegradables: ¿contaminan menos?

Aunque cada vez se está volviendo más común que cada consumidor lleve sus propias bolsas, el uso de bolsas de plástico no parece disminuir: cada año se usan en el mundo 500 mil millones de ellas. 

En general esas bolsas se usan un rato y se desechan, lo que quiere decir que con esta práctica generamos toneladas de basura cada día.

Plásticos prohibidos

En muchos países se han impuesto restricciones al uso de bolsas y otros empaque de plástico.

Uno de los primeros ejemplos de una prohibición total del uso de bolsas de plástico, fue Mauritania, país en el noroeste de África, cuya economía se basa principalmente en la agricultura y la ganadería.

Ahí se dieron cuenta que la mayoría de las bolsas desechadas terminaban por todos lados, causando que las vacas y ovejas se las comieran y murieran.

En algunos países, como México, esta prohibición no es nacional, sino que depende de los gobiernos locales: en la Ciudad de México y en Querétaro no se pueden usar bolsas de plástico, ni empaques desechables.

En Chile también se ha restringido el uso de bolsas de plástico, sobre todo en zonas cercanas a la costa, para evitar que terminen en el mar.

Y en muchos lugares se permiten los materiales plásticos de empaque solamente si son biodegradables.

Basura eterna

Si somos estrictos cualquier plástico es degradable, es decir que se descompone, pero para eso, necesita tiempo suficiente para que las enormes moléculas de polímero se rompan en otras más pequeñas.

El plástico es un material muy estable, pues los enlaces que forman las cadenas o redes de los polímeros son muy estables, es decir que no se rompen con facilidad.

Los plásticos comunes tardan al menos 100 años desintegrarse, lo que ha hecho que debido a la gran cantidad de plástico que usamos y desechamos haya ocasionado un enorme problema de residuos sólidos que tenemos en todo el mundo.

Plásticos que desaparecen

Muchas de las bolsas de plástico que llamamos biodegradables están hechas de un tipo de polímeros que se desintegran en un periodo aproximado de cinco años.

Y aunque usamos ese término de forma amplia, en realidad no todos los polímeros que se degradan con rapidez son de ese tipo: algunos son fotodegradables y otros oxodegradables.

Los plásticos biodegradables son aquellos que se desintegran por la acción de microorganismos: bacterias, hongos y algas. 

En general están compuestos por biopolímeros: que tiene moléculas que provienen de plantas como el maíz, el trigo o papas.

Cuando son fotodegradables es porque se les añadió un aditivo que acelera la descomposición que causa la luz solar en el plástico.

A los plásticos oxodegradables se les añaden sustancias que aceleran su descomposición a través de procesos de oxidación, en los que interviene el oxígeno del aire.

En todos los casos la degradación implica que las cadenas de polímero de los plásticos se rompan en pedazos más pequeños, y esto resuelve una parte del problema: la gran cantidad de residuos sólidos.

Ahora lo ves, ahora no lo ves

Pero, cuando un material se degrada, no quiere decir que desaparezca, sino que se partido en pedazos más pequeños -como pasa con los microplásticos-, o que se separó en moléculas más pequeñas.

Por eso cuando se diseñan estos plásticos degradables, es importante que los productos de la descomposición no sean compuestos dañinos que pudieran contaminar de otra manera el suelo o el agua. 

En general los plásticos biodegradables, de manera ideal al final del proceso se transforman en moléculas orgánicas pequeñas, que se espera que sean inocuas, pero al final de cuentas se integran al ambiente.

Sabiendo todo esto, quizá lo más sensato que podamos hacer es que, más allá de decretos y sanciones del lugar donde vivimos, nos hagamos responsables y regresemos a la buena tradición de llevar nuestra propia bolsa de tela, cuando hagamos compras.

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