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LAS PROTESTAS

Ernesto Ramírez

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Nuevas jornadas de protestas se realizaron en Colombia en lo que se denominó el Paro Nacional. Movilizaciones que se llevaron a cabo en cientos de municipios con el objetivo primordial de alzar sus voces contra la reforma tributaria del gobierno del presidente Iván Duque, la cual se hace muy agresiva para la clase media, que sería la más golpeada.

Pero si bien la reforma ha sido el estandarte de las marchas, también muchos se volcaron a las calles para protestar por el asesinato de líderes sociales que continúa galopante en todo el país. De acuerdo al Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, en lo que va del año 2021, se han asesinado a 54 líderes sociales y defensores de derechos humanos y 22 excombatientes de las antiguas Farc que firmaron el Acuerdo de Paz. Este total de 76 colombianos asesinados en tan sólo 120 días transcurridos del año es una cifra vergonzosa.

Lo que ha vivido el país desde el pasado miércoles 28 de abril es algo que se sabía iba a ocurrir. Miles de personas han salido por todas partes a manifestar su inconformismo con el pésimo gobierno de Duque y sus medidas impopulares como la reforma tributaria que le quiere imponer a las colombianos en medio de semejante crisis que se vive.

Pero la fecha del 28 de abril también fue un catalizador de lo que ha sido un año largo de restricciones por culpa de las cuarentenas y todas las medidas tomadas para frenar el avance del Coronavirus. La gente mamada salió a las calles, sin importar los riesgos del virus. Muchos opinaban que preferían manifestarse a quedarse quietos, sin importar que el Covid-19 estuviera en su tercer pico, que por cierto ha sido el más agresivo de los tres.

En una de mis anteriores columnas hablaba del reto de las personas que se atreverían a manifestar su indignación con el actual gobierno y la disyuntiva que tenían: o se quedaban quietas por el miedo a la pandemia, o no aguantaban más y se tiraban a las calles. Pues parece que la gente cansada de tanta injusticia, prefirió la calle para manifestar su inconformidad, venciendo el temor que causan las cifras de contagiados y muertes.

Y sobre el vandalismo, era de esperarse que se viviera algo parecido, pues la pandemia ha traído más pobreza y miseria a muchos colombianos. De acuerdo a recientes cifras del Departamento Nacional de Estadísticas, DANE, en el país aumentó la pobreza. En este momento hay 21 millones de personas pobres, lo que equivale al 42.5% del total de la población de Colombia. Compatriotas que siempre la han visto difícil, hoy su situación en mucho más compleja. La gente aprovecha cualquier oportunidad para hacer de las suyas y saquear un supermercado o una tienda empujados por el hambre. Pero también es cierto que otras personas siguen viendo en el vandalismo puro – aquel que destruye los bienes públicos, quema el transporte urbano o destruye centros comerciales y almacenes – una forma de protesta, sin pensar que sus actos deslegitiman cualquier esfuerzo de los organizadores del Paro Nacional y generan terror en el ciudadano de a pie que quiere hacerse sentir marchando en las calles. Es muy desafortunado que sigan dándose estas manifestaciones anárquicas que para nada le sirven a la legítima protesta social.

Este Primero de Mayo no será uno cualquiera, pues mucha gente ha estado desde el miércoles en las calles haciendo oír sus voces de protesta. La gente sigue indignada y nada mejor que expresarse en el Día Internacional del Trabajo. Y si hay temor de salir bien sea por el virus o por los vándalos, las cacerolas se han convertido en una efectiva voz de protesta. Podríamos decir que el pasado 28 de abril hubo cientos de miles de indignados que marcharon o hicieron sonar sus cacerolas en las principales ciudades del país.

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