El fuerte olor a hidrocarburos mantiene en vilo a los habitantes de Cisneros y sectores cercanos, mientras las autoridades ambientales y de salud realizan una inspección conjunta en la zona.
Una grave emergencia ambiental se registra en el Distrito de Buenaventura luego de que un derrame de hidrocarburos alcanzara el río Pepitas y, posteriormente, el río Dagua, afectando a las comunidades de Cisneros y sectores aledaños. Los habitantes denuncian que el combustible continúa descendiendo por el afluente y que el fuerte olor persiste en la zona, generando zozobra entre las familias que dependen de estos cuerpos de agua para su sustento.
Según la información conocida hasta el momento, la situación se habría originado por la manipulación indebida de una válvula de venteo, lo que provocó el escape del combustible. Aunque la empresa Cénit, responsable de la infraestructura, informó que la emergencia fue controlada hacia las 3:00 a.m. y que adelanta labores de mitigación, lo cierto es que el crudo continúa su recorrido río abajo, afectando gravemente el ecosistema.
Los habitantes de la zona aseguran que el combustible ya ha recorrido varios kilómetros y que el olor a hidrocarburo es tan intenso que muchas familias no han podido dormir desde que se presentó el incidente. “Es insoportable. El olor llega hasta las casas y nos preocupa el agua que consumimos y el daño que esto le está haciendo a los animales”, manifestó una residente de Cisneros.

El derrame golpea con dureza a las comunidades ribereñas que dependen de la pesca y la captura de camarón para su subsistencia. Los líderes comunitarios denuncian que los pescadores ya no pueden trabajar en las zonas afectadas y que el sustento de muchas familias está en riesgo.
“Hay personas que viven del camarón y el pescado que sacan de estos ríos. Con el combustible en el agua, los animales mueren o se contaminan, y nadie va a querer comprarlos. Esto no es solo un daño ambiental, es un golpe a la economía de la gente humilde”, denunció uno de los voceros de la comunidad de Cisneros.
Además, los habitantes temen que el agua para consumo humano también esté comprometida, aunque las autoridades aún no se han pronunciado oficialmente sobre la potabilidad del recurso hídrico en la zona.
Ante la gravedad de la situación, las autoridades ambientales y de salud fueron notificadas de inmediato. Actualmente realizan una inspección conjunta en el lugar con personal de Cénit y delegados de las siguientes entidades:
- Unidad Ejecutora de Saneamiento del Valle del Cauca (UES Valle).
- Secretaría de Salud de Buenaventura.
- Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC).
El equipo técnico evalúa el alcance del derrame, toma muestras del agua y verifica las medidas de contención implementadas por la empresa responsable. También se espera un pronunciamiento oficial sobre las posibles sanciones y las acciones correctivas que se tomarán para restaurar el ecosistema afectado.
Desde Cénit, la empresa operadora del sistema de transporte de hidrocarburos, informaron que la emergencia fue controlada en horas de la madrugada y que han desplegado brigadas para contener el avance del combustible. Sin embargo, los habitantes insisten en que el crudo sigue bajando por el río y que las labores de mitigación no han sido suficientes.
La comunidad exige:
- Información clara y oportuna sobre el alcance real del derrame.
- Medidas inmediatas de contención para evitar que el combustible avance hacia el río Dagua y afecte a más comunidades.
- Atención en salud para las personas que han estado expuestas al olor y a posibles vapores tóxicos.
- Compensación económica para los pescadores y camaroneros que han perdido sus fuentes de ingreso.
El río Dagua es uno de los afluentes más importantes de la región y desemboca en el océano Pacífico, lo que aumenta el riesgo de que el derrame afecte ecosistemas marinos y comunidades costeras. Las autoridades ambientales trabajan contrarreloj para evitar que el combustible llegue a zonas más extensas, pero el tiempo juega en contra.
Organizaciones ambientales han manifestado su preocupación por los impactos a largo plazo en la fauna y flora de la región, así como en la calidad del agua que utilizan cientos de familias para sus actividades diarias.
Mientras las autoridades avanzan en las inspecciones, los habitantes de Cisneros y sectores cercanos esperan respuestas y soluciones concretas. La emergencia pone nuevamente sobre la mesa la fragilidad de los ecosistemas del Pacífico colombiano y la necesidad de reforzar los controles en las infraestructuras de transporte de hidrocarburos.
“No podemos seguir así. Cada derrame es un golpe que recibimos los que vivimos de estos ríos. Pedimos que se investigue a fondo y que se tomen medidas para que esto no vuelva a pasar”, concluyó un líder comunitario.