Con un discurso que desbordó pasión y orgullo por su tierra, la colombiana Sarah Macías hizo historia. Esta joven caleña de 18 años, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), se convirtió en la primera mujer latinoamericana en alzarse con el título del Campeonato Mundial de Oratoria, tras superar a más de 400 participantes de 22 países.
El triunfo se gestó en la fase final del prestigioso torneo, donde Macías cautivó al jurado internacional con dos intervenciones magistrales. En su primer discurso, de tres minutos, abordó la provocadora pregunta: “¿Las guerras del futuro ya han empezado y son invisibles?”. Pero fue en su presentación libre, titulada “La belleza de Colombia”, donde la joven logró conmover a la audiencia, desafiando los estereotipos que suelen asociarse a su país.
“Mi país es mucho más que Pablo Escobar, el narcotráfico o la violencia. Es belleza, biodiversidad, un país muy grande donde hay mucho más que ver”, declaró la flamante campeona, enfatizando la urgencia de que sean los propios colombianos quienes cuenten la verdadera historia de Colombia.
El jurado, compuesto por expertos de España y Latinoamérica, reconoció en Sarah una combinación excepcional: un contenido sólido y profundo, una expresión corporal elocuente y una estructura discursiva impecable. Detrás de esta victoria hay una historia de disciplina y dedicación, con un entrenamiento intensivo de año y medio guiado por su coach, Sandra Upegui, quien también es ex campeona mundial de oratoria.
En sus redes sociales, Sarah compartió la emoción de una experiencia que la llevó a “cruzar dos continentes en menos de una semana y conocer personas increíbles”, concluyendo que “todo el esfuerzo ha valido cada segundo”.
Su universidad, la UAO, no tardó en celebrar el logro, destacando que Macías ha demostrado cómo el talento y la pasión por la palabra pueden abrir espacios internacionales y reflejar la riqueza cultural de Colombia. Este triunfo no es solo un título personal; es un faro de inspiración para la juventud latinoamericana y un recordatorio poderoso de que las narrativas se pueden transformar con la fuerza de la voz adecuada.