Buenaventura, el principal puerto de Colombia sobre el Pacífico, enfrenta una nueva y grave crisis que amenaza con ahogar su economía: una ola de extorsiones dirigidas al sector del transporte de carga. En los últimos días, múltiples denuncias han encendido las alarmas entre transportadores y empresas logísticas, quienes aseguran estar recibiendo mensajes intimidantes atribuidos a grupos armados ilegales que operan en la región.
Las exigencias económicas son claras y escalonadas: $5.000.000 (cinco millones de pesos) por la inscripción de cada vehículo, más un cobro recurrente de $1.000.000 (un millón de pesos) mensuales para autorizar el ingreso y salida de mercancías del Distrito. Quienes no cumplan, advierten los mensajes, enfrentarán consecuencias en plena vía.
Uno de los comunicados enviados a los conductores, reproducido por los afectados, no deja lugar a dudas sobre la metodología de los extorsionistas:
“Para saber con cuántas personas se cuentan ahora, es mejor que escojan dos delegados, envíen las placas y ellos vengan a recibir la información. Ya con las placas sabemos quiénes tienen el compromiso y a quiénes toca parar en la vía. La persona que no aparezca con la placa registrada en la base de datos será detenida y se le retendrá el vehículo. Es para todos, para que después no digan que no se les avisó”.
El tono amenazante y la precisión del mensaje han sembrado el pánico entre los transportadores, muchos de los cuales ya han optado por negarse a movilizar carga hacia Buenaventura por temor a represalias contra sus vidas o sus equipos.
Un pequeño empresario del sector logístico, que pidió reserva de su identidad por seguridad, aseguró que las pérdidas ya son millonarias. “Llevamos días con una caída drástica en los viajes. Los conductores tienen miedo, y sin ellos no podemos mover ni un solo contenedor. Estamos al borde de la quiebra”, confesó.
La situación no se limita al transporte de madera, que es uno de los principales productos que salen del puerto. La paralización afecta también el ingreso de enseres, alimentos, insumos médicos y otros productos de primera necesidad, lo que genera un doble golpe: la economía empresarial se desangra y la población empieza a sentir el fantasma del desabastecimiento.
El temor entre los transportadores ya está teniendo consecuencias tangibles para los habitantes del Distrito. La reducción en el flujo de mercancías hacia la ciudad podría disparar los precios de la canasta familiar en las próximas semanas, afectando principalmente a los sectores más vulnerables.
“Si no entra comida, sube todo. El arroz, el aceite, la leche… Todo lo que viene de afuera se encarece. Y nosotros ya estamos pagando muy caro vivir aquí”, lamentó una comerciante del mercado local.
Ante este panorama desolador, transportadores y empresarios hicieron un enérgico llamado a las autoridades nacionales y locales para que investiguen con celeridad las denuncias y adopten medidas contundentes que garanticen la seguridad en los corredores viales y en el perímetro del puerto.
“Necesitamos presencia del Estado, controles militares, inteligencia y, sobre todo, que se sienta que hay una respuesta. No podemos seguir operando bajo amenaza”, exigió un vocero del gremio.
Mientras tanto, la incertidumbre crece en el puerto más importante del país, y con ella, el riesgo de que la economía de toda la región colapse bajo el peso de la extorsión y el miedo.