La mujer afrocolombiana de Buenaventura, con una vida dedicada a la naturaleza y la familia, supera la edad de la francesa Jeanne Calment y espera el reconocimiento oficial del Guinness.
BUENAVENTURA, VALLE DEL CAUCA. – Colombia tiene un nuevo tesoro nacional y su nombre es María Antonia Cuero. Con 123 años de vida, esta mujer afrodescendiente, nacida en el corregimiento de Mayorquín, no solo se erige como la persona más longeva del país, sino que se perfila para ser reconocida como la más anciana del mundo, superando el récord oficial de la francesa Jeanne Louise Calment, quien vivió 122 años.
La historia de doña María Antonia es un relato viviente de resiliencia, sabiduría y una conexión profunda con sus raíces y la naturaleza. Su caso, cargado de orgullo para la región del Pacífico colombiano, ya está en proceso de verificación por parte de Guinness World Records, un trámite meticuloso que requiere extensa documentación para coronarla oficialmente.
Al preguntarle por el elixir de su larga vida, doña María Antonia no menciona dietas extravagantes sino los frutos de su tierra y su mar. Sus secretos son un testimonio de una vida bien vivida: reír a carcajadas, evitar las preocupaciones, caminar, nadar, remar y alimentarse con lo que la naturaleza brinda, especialmente pescado fresco acompañado de plátano verde.
Su existencia ha transcurrido en sintonía con el ritmo del océano y la selva del Pacífico, lejos del estrés de las grandes ciudades, en un entorno donde el movimiento físico y una alimentación natural han sido pilares fundamentales.
La verdadera riqueza de doña María Antonia no se mide solo en años, sino en amor y descendencia. Hoy, esta matriarca es el corazón de una familia extensa que es un ejemplo de la fortaleza comunitaria afrocolombiana. A su alrededor gira el cariño de 8 hijos, 26 nietos, 24 bisnietos y 54 tataranietos, un legado humano que asegura que su historia y su sabiduría perdurarán por generaciones.
Su longevidad es un regalo no solo para su familia, sino para todo Colombia. Ella encarna la historia viva de Buenaventura y se convierte en un símbolo de inspiración global, un faro de vitalidad, alegría y orgullo que demuestra que los secretos para una vida larga y plena pueden estar en la simplicidad y la conexión con nuestras tradiciones.