Entre el 2 y el 3 de abril, los días de mayor afluencia, los santuarios nacionales abren sus puertas a miles de peregrinos y turistas que buscan vivir una experiencia espiritual única en escenarios que combinan historia, arquitectura y devoción.
A pocas semanas de una de las celebraciones más emblemáticas del calendario colombiano, el país se alista para recibir a miles de viajeros que encontrarán en la Semana Santa de 2026 una oportunidad para reconciliar la fe con el descubrimiento de paisajes cargados de simbolismo. Popayán, Santa Cruz de Mompox, Ipiales, Guadalajara de Buga, Zipaquirá y Villa de Leyva se perfilan como los destinos con mayor intención de viaje, según las proyecciones turísticas, que anticipan una movilización masiva especialmente durante el jueves 2 y viernes 3 de abril, días clave por su carácter festivo.
Colombia, con su diversidad geográfica y su profunda tradición católica, se consolida como un epicentro del turismo religioso en la región, ofreciendo experiencias que van desde procesiones centenarias declaradas Patrimonio de la Humanidad hasta monumentos subterráneos tallados en sal.
En el suroccidente del país, Popayán, conocida como la “Ciudad Blanca”, se prepara para vivir sus procesiones de Semana Santa, consideradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Durante los días santos, sus calles empedradas y casas coloniales se convierten en el escenario de un ritual que se ha transmitido por generaciones. Los pasos —esculturas religiosas de gran valor artístico— son cargados por los cargueros en un ambiente de silencio roto únicamente por el rumor de las velas y las marchas fúnebres. Más allá de lo litúrgico, la ciudad complementa la experiencia con el Festival de Música Religiosa y exposiciones de arte sacro que invitan a la contemplación.
Muy al norte, a orillas del río Magdalena, Santa Cruz de Mompox (Bolívar) ofrece una vivencia diferente pero igualmente conmovedora. Este pueblo Patrimonio de la Humanidad se distingue por sus procesiones de ritmo pausado, donde el repique de los cantos y la tradición orfebre local —con joyas y ciriales finamente trabajados— se fusionan en un ambiente que parece detenido en el tiempo. Mompox es el destino ideal para quienes buscan desconectarse del ruido y sumergirse en el fervor de una tradición colonial que se mantiene intacta.
En el sur, sobre el cañón del río Guáitara en Ipiales (Nariño), el Santuario de Las Lajas se alza como una obra maestra de la arquitectura neogótica y un imán para peregrinos de Colombia y Ecuador. La leyenda de la aparición de la Virgen en 1754 motiva cada año caminatas de más de doce horas desde poblaciones vecinas, como acto de fe y promesa. Quienes lo visitan durante Semana Santa pueden acceder al templo a través de un teleférico que ofrece vistas panorámicas espectaculares, mientras que por la noche una iluminación especial convierte la basílica en un faro místico suspendido entre montañas.
Hacia el norte, en el centro del Valle del Cauca, Guadalajara de Buga se convierte en un epicentro de multitudes. La Basílica Menor del Señor de los Milagros recibe a miles de feligreses que llegan para cumplir promesas o elevar peticiones. Durante la Semana Mayor, la afluencia crece exponencialmente, por lo que las autoridades eclesiásticas programan misas cada hora para atender a los devotos que provienen de todo el suroccidente colombiano y más allá.
Para quienes buscan opciones cercanas a Bogotá, la oferta combina tradición urbana con maravillas subterráneas. En la capital, el Cerro de Monserrate es el punto de encuentro por excelencia. Los fieles ascienden —algunos por el sendero peatonal como penitencia, otros en funicular o teleférico— para visitar al Señor Caído. Además de los actos litúrgicos, el cerro regala una de las postales más famosas de la ciudad. En el Centro Histórico, el tradicional recorrido de las siete iglesias mantiene viva una costumbre que invita a la reflexión y al encuentro comunitario.
A pocos kilómetros, en Zipaquirá, la Catedral de Sal ofrece una experiencia espiritual única en el mundo. Declarada Primera Maravilla de Colombia, esta obra arquitectónica construida a 180 metros bajo tierra transforma los túneles de una antigua mina en un viacrucis subterráneo. La iluminación tenue, la acústica envolvente y las enormes cruces talladas en sal crean una atmósfera de recogimiento absoluto, donde la geología y la fe se funden de manera magistral.
Finalmente, Villa de Leyva (Boyacá) se consolida como el destino perfecto para quienes buscan una agenda más pausada. Su inmensa plaza empedrada, una de las más grandes de América, y sus calles blancas se convierten en el escenario de procesiones solemnes, conciertos de música clásica y celebraciones litúrgicas que evocan la pasión de Cristo. Al tratarse de un pueblo de conservación colonial, cada esquina invita a un viaje al pasado, ofreciendo además la posibilidad de integrar el descanso familiar con la conmemoración religiosa.
Para este 2026, las autoridades turísticas y de transporte recomiendan planificar los desplazamientos con antelación. Dado que el jueves 2 y viernes 3 de abril son días festivos, se espera una alta afluencia vehicular hacia los principales destinos religiosos. Se aconseja a los viajeros verificar el estado de las vías, reservar alojamiento con anticipación y respetar los horarios de las ceremonias para garantizar una experiencia de orden y recogimiento.
Colombia, con su riqueza cultural y geográfica, se prepara una vez más para ofrecer una Semana Santa donde la fe se vive en cada rincón, desde las majestuosas catedrales de sal hasta los pueblos coloniales donde el tiempo parece haberse detenido para honrar la tradición.

