Daneidy Barrera, la influenciadora digital más conocida como “Epa Colombia”, quien se encuentra privada de la libertad desde hace seis meses por su responsabilidad en la destrucción de estaciones de TransMilenio durante las protestas, ha presentado una propuesta de reparación que busca enmendar el daño causado y ha desatado un intenso debate en la opinión pública.
La propuesta, que se enmarca en el concepto de justicia restaurativa, busca ir más allá de un castigo carcelario tradicional e involucrar activamente a la acusada, a las víctimas del sistema y a la comunidad en la búsqueda de una solución.
- Indemnización Económica: Un pago de $100 millones de pesos para compensar parcialmente los cuantiosos daños materiales, que según estimaciones oficiales ascienden a miles de millones de pesos.
- Reparación Moral: La creación y difusión de contenido audiovisual (videos) y material educativo por parte de la influenciadora. Este contenido estaría dirigido a promover el cuidado del espacio público y las consecuencias de dañar el sistema de transporte.
- Trabajo Comunitario: Una serie de labores sociales que la llevarían a tener un contacto directo con el sistema que dañó. Entre ellas se propone que trabaje como cajera, gestora de movilidad, en labores de limpieza de las plataformas e, incluso, controlando a los “colados”. Estas actividades se realizarían dos veces por quincena.
El concepto detrás de la propuesta es la justicia restaurativa, un modelo que no se centra únicamente en castigar al infractor, sino en reparar el daño causado a la víctima y a la comunidad, reintegrando al responsable a la sociedad.
Sin embargo, la iniciativa ha generado una polarización inmediata. Por un lado, sus defensores argumentan que este tipo de medidas son más efectivas que la cárcel, ya que fomentan la concienciación y la reparación real del daño social, utilizando la plataforma de la influenciadora para enviar un mensaje educativo potente a sus seguidores.
Por otro lado, los críticos ven la propuesta como insuficiente y hasta indulgente. Señalan que la indemnización económica es ínfima comparada con el perjuicio real y que el trabajo comunitario propuesto parece más una medida simbólica que una verdadera reparación. Muchos se preguntan si una persona que destruyó propiedad pública debería tener un rol, aunque sea comunitario, dentro del mismo sistema que atacó.
El caso de Epa Colombia plantea una pregunta compleja para la sociedad y el sistema judicial: ¿Cuál es la forma más justa y efectiva de reparar un daño de esta magnitud? ¿Debe primar un castigo ejemplarizante o una reparación que busque reintegrar y educar?
La propuesta está ahora sobre la mesa, y su evaluación sentará un precedente importante sobre cómo se abordan en Colombia los delitos contra el espacio público cometidos por figuras con alta influencia en las redes sociales. La balanza entre el perdón social y la ejemplaridad de la justicia está en juego.




