El polvo que levantó el terremoto del 10 de agosto comienza a disiparse en varios sectores de Buenaventura. En una nueva jornada de recuperación, la maquinaria de la Alcaldía Distrital intervino los barrios Miraflores, Pueblo Nuevo, El Centenario y la emblemática calle Argentina, donde las labores de recolección y remoción de escombros avanzan a paso firme para devolverle la normalidad a las comunidades afectadas.
El recorrido de los equipos pesados no se ha detenido. Día tras día, las volquetas y retroexcavadoras recorren las vías del distrito portuario, despejando calles, retirando montículos de tierra y fragmentos de estructuras colapsadas, y liberando espacios públicos que permanecían bloqueados desde el fuerte movimiento telúrico que sacudió al suroccidente colombiano.
En Miraflores, uno de los barrios más golpeados por la emergencia, los residentes vieron con alivio cómo la maquinaria llegó para retirar los escombros que durante semanas obstaculizaban el paso y representaban un peligro constante, especialmente para los niños y adultos mayores. “Ya era hora. Estábamos viviendo entre ruinas. Hoy vemos que la recuperación no es solo un discurso”, expresó un habitante del sector.
En Pueblo Nuevo y El Centenario, la intervención fue igualmente significativa. Allí, las cuadrillas municipales trabajaron contrarreloj para despejar vías de acceso que comunican con centros de salud y escuelas, garantizando que los servicios esenciales puedan prestarse sin contratiempos. La calle Argentina, una de las arterias viales más importantes de Buenaventura, también recibió la atención prioritaria. Su despeje facilita no solo la movilidad de los residentes, sino también el tránsito de vehículos de carga y transporte público, vitales para la reactivación económica de la ciudad.

Las jornadas de limpieza son parte de un plan integral que la Alcaldía Distrital puso en marcha desde los primeros días de la emergencia. La estrategia contempla un barrido sistemático por comunas y sectores, priorizando aquellas zonas donde los daños estructurales y los derrumbes fueron más severos. Cada intervención responde a un censo detallado de necesidades, elaborado en conjunto con las juntas de acción comunal y los líderes locales.

“Estamos recorriendo cada rincón de Buenaventura. No vamos a parar hasta que todas las vías estén despejadas y las familias puedan retomar sus vidas con tranquilidad”, señaló un vocero de la dependencia de infraestructura distrital, quien destacó el esfuerzo de los operarios que trabajan en turnos extendidos para acelerar el proceso.

La comunidad ha valorado positivamente estas acciones. Aunque muchos aún esperan la reparación definitiva de sus viviendas, ver las calles libres de escombros representa un primer paso tangible hacia la normalidad. “Uno respira más tranquilo cuando ve que las máquinas llegan y se llevan todo eso. Es como si también se llevaran un poco del miedo que nos dejó el temblor”, reflexionó una vecina de El Centenario.

Las autoridades han reiterado que la recuperación de Buenaventura es una tarea de todos. Mientras la Alcaldía adelanta las labores de limpieza y remoción, el Gobierno Nacional y la Gobernación del Valle trabajan en la asignación de recursos para la reconstrucción definitiva de viviendas y la estabilización de taludes. La meta es clara: que ningún escombro sea un obstáculo para la reactivación de la ciudad y que cada calle recuperada sea un símbolo de la resiliencia bonaventurense.

La jornada en Miraflores, Pueblo Nuevo, El Centenario y la calle Argentina es una prueba más de que, aunque el camino es largo, la recuperación avanza y la esperanza se abre paso entre el cemento y el polvo. La maquinaria seguirá rodando, y con ella, el compromiso de una ciudad que se niega a rendirse.