En un hecho que enluta a la comunidad y evidencia la crítica situación de violencia, la familia de un prometedor estudiante exige justicia.
— El dolor y la indignación se apoderan de la comunidad de Malagana y de la Universidad del Pacífico tras el asesinato de un joven estudiante, cuyo futuro fue truncado brutalmente esta tarde en el barrio Los Pinos de Buenaventura.
A las 5:30 p.m. de este jueves, la vida de un muchacho descrito por su familia como un “hijo del territorio malagueño, lleno de sueños y esperanza”, fue arrebatada de manera injusta y violenta. El joven, cuyo nombre es reservado por solicitud expresa de la familia en medio de su duelo, había culminado su bachillerato con esfuerzo y alegría, y con esa misma ilusión había ingresado a la Universidad del Pacífico, donde buscaba formarse para aportar al desarrollo de su familia y de toda su comunidad.
Su muerte no es solo una estadística más. Era el sobrino que ya no podrán llamar para preguntarle por su hermano Julián, el compañero de debates futbolísticos sobre si Halan o Julián jugaban mejor. Su partida deja un vacío imborrable en su hogar y en su territorio, que hoy se pregunta, una vez más, ¿cuántos inocentes más deben caer en esta absurda guerra que no cesa de azotar los barrios de Buenaventura?
Desde el profundo dolor, su familia eleva un grito de exigencia al Gobierno Nacional y a las autoridades competentes: demandan una investigación seria, rigurosa y responsable que conduzca a la captura y judicialización de los responsables. “Exigimos que este crimen no quede en la impunidad”, claman, conscientes de que el olvido es un cómplice más de la violencia.
El joven representaba la aspiración de miles de muchachos en regiones golpeadas por la adversidad: estudiar, salir adelante y aportar a su comunidad desde la educación y la paz. Ya no podrán disfrutar de su presencia en las vacaciones en Malagana, ni de su sonrisa cargada de optimismo.
En medio de esta tragedia, la familia pide fortaleza y hace un llamado para que la memoria de su ser querido se convierta en un símbolo de la lucha por la paz y la justicia en Buenaventura. Su legado de esfuerzo e ilusión vivirá en ellos, y su muerte no será en vano mientras sigan alzando la voz para que hechos como este no se repitan.
La comunidad académica de la Universidad del Pacífico y los habitantes del territorio malagueño se unen en un solo sentimiento de duelo y en una sola demanda: ¡No más sangre inocente! ¡Justicia!