En medio de la temporada de celebraciones, un grupo de profesionales de la salud de Buenaventura encendió las alarmas al solicitar formalmente a las autoridades distritales y nacionales la suspensión de las fiestas patronales, verbenas y cualquier evento masivo programado para el mes de julio. La petición, dirigida a la Alcaldía Distrital, la Secretaría de Salud local y diversos organismos de control, responde a la grave crisis que atraviesa la red hospitalaria del puerto.
En el documento, los trabajadores sanitarios describen un panorama crítico: escasez de insumos básicos, falta de reactivos para exámenes de laboratorio, ocupación casi total de camas, unidades de cuidados intensivos (UCI) al límite de su capacidad y serias dificultades para gestionar las remisiones de pacientes a otros centros asistenciales. A esta situación se suma el retraso en el pago de honorarios de parte del personal, lo que ha llevado a que un sector del equipo médico permanezca en asamblea permanente, afectando la operatividad diaria.
“No podemos garantizar una atención oportuna y de calidad si ya estamos funcionando con los recursos justos. Un aumento de la demanda por accidentes o emergencias propias de las multitudes sería fatal”, advierte uno de los firmantes.

Los profesionales enfatizan que la realización de conciertos, verbenas y procesiones propias de las fiestas patronales incrementa históricamente el número de atenciones de urgencias: traumatismos, intoxicaciones, riñas, deshidratación y eventos cardiovasculares, entre otros. Con un sistema hospitalario ya debilitado, cualquier pico adicional de pacientes podría traducirse en desatención, demoras en triaje y, en el peor de los casos, muertes evitables.
Por ello, los firmantes instan al alcalde y a la Secretaría de Salud a evaluar con rigor la conveniencia de mantener estos eventos, y proponen que, en su lugar, se realicen actividades culturales de menor concentración o virtuales, que no pongan en riesgo la frágil estabilidad del servicio sanitario.
La comunicación no se quedó solo en el ámbito local. Los profesionales también hicieron llegar copia del documento a la Contraloría Distrital de Buenaventura, la Procuraduría General de la Nación, la Superintendencia Nacional de Salud y la Secretaría de Salud del Valle del Cauca. Con este paso, buscan que los organismos de vigilancia y control ejerzan seguimiento sobre la decisión que finalmente adopte la Alcaldía, y que se garantice que la salud pública prevalezca sobre los intereses turísticos o económicos de las festividades.
Más allá de la suspensión, los trabajadores de la salud insisten en que se requiere una intervención urgente y estructural: normalización del pago de salarios, reposición de insumos y reactivos, y un plan de contingencia para la temporada. Sin embargo, su mensaje principal es contundente: “Primero la vida, luego la fiesta”.
Mientras las autoridades distritales no emitan un pronunciamiento oficial, la incertidumbre crece entre la población y el personal sanitario, que espera que la razón y la evidencia sanitaria primen en esta decisión. Lo que está en juego no es solo la diversión de unos días, sino la capacidad de responder ante cualquier emergencia en una ciudad que ya enfrenta una de las crisis hospitalarias más agudas del Pacífico colombiano.