– Este domingo, los colombianos acuden a las urnas para definir al próximo presidente de la República en una segunda vuelta electoral que se presenta como un plebiscito sobre el modelo de país. La contienda, marcada por la polarización y la preocupación por la seguridad, enfrenta dos proyectos diametralmente opuestos: la continuidad de las reformas sociales impulsadas por la izquierda, representada por el senador Iván Cepeda, frente a un giro hacia la derecha dura y el orden militar, encarnado por el abogado Abelardo De La Espriella.
La jornada electoral, que se extenderá desde las 8:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde, definirá no solo al inquilino de la Casa de Nariño, sino también la estrategia de seguridad, el futuro del proceso de paz y el tono de las relaciones bilaterales con Estados Unidos en los próximos cuatro años.
Por un lado, Abelardo De La Espriella ha centrado su campaña en un discurso de “mano firme” contra el crimen organizado. Identificado con posturas cercanas al expresidente estadounidense Donald Trump, el candidato de derecha ha prometido una ofensiva militar sin cuartel contra los grupos armados ilegales que disputan territorios y economías ilícitas en varias regiones del país. Sus propuestas incluyen el fortalecimiento de la Fuerza Pública, la construcción de nuevas cárceles y un giro en la política energética para impulsar proyectos de explotación de recursos, con el objetivo de reactivar la economía.
Por otro lado, Iván Cepeda, figura histórica de la izquierda y aliado cercano del actual presidente Gustavo Petro, defiende la continuidad del programa de “Paz Total” y los avances sociales de la administración saliente. El senador ha planteado la necesidad de mantener los esfuerzos para reducir la desigualdad, pero ha sido crítico con la estrategia de negociación vigente, proponiendo una revisión profunda de los diálogos con los grupos armados. Para Cepeda, la seguridad no puede desligarse de las políticas sociales y la inversión en los territorios más afectados por la violencia.
La elección se produce diez años después de la histórica firma del acuerdo de paz con las extintas Farc, un hito que, sin embargo, no ha logrado extinguir la violencia. En su lugar, el país ha visto la recomposición de otros actores armados que se disputan el control de rutas de narcotráfico, minería ilegal y otros negocios criminales. Esta realidad ha convertido la seguridad en el eje central de la campaña, polarizando aún más el debate entre quienes apuestan por una solución militar y quienes abogan por una combinación de diálogo y justicia social.
Las encuestas publicadas antes de la jornada electoral reflejan una competencia extremadamente reñida, con una ligera ventaja para De La Espriella. Sin embargo, el alto porcentaje de indecisos y la volatilidad del electorado dejan abierta la posibilidad de un final incierto.
Las autoridades electorales esperan poder ofrecer los primeros resultados preliminares pocas horas después del cierre de las urnas. El ganador no solo heredará una crisis de seguridad, sino también una profunda división política y una economía que lucha por recuperar su dinamismo.
El resultado de esta contienda pondrá a prueba la capacidad de Colombia para gestionar sus conflictos internos y definir su lugar en el tablero geopolítico regional. Mientras De La Espriella promete un alineamiento más cercano a la política exterior de Estados Unidos, Cepeda apuesta por mantener la autonomía y profundizar las alianzas con los gobiernos progresistas de América Latina.
Lo que está en juego es, en definitiva, la dirección que tomará el país en la próxima década: si continuará por la senda de las transformaciones sociales o si dará un giro hacia el autoritarismo y la mano dura como respuesta a la inseguridad. La decisión está, a partir de este domingo, en manos de los ciudadanos.