En una escena que ha conmovido a Cúcuta y al país, la jueza Vivian Polanía fue encontrada sin vida dentro de su apartamento, mientras su hijo de pocos meses de edad yacía con vida a su lado, convertido en el único testigo mudo de una tragedia que aún espera explicación.
El hallazgo se produjo luego de que su esquema de seguridad, al no lograr establecer contacto con ella, activara los protocolos de emergencia. Al ingresar a la vivienda, las autoridades no encontraron señales de forcejeo, gritos o alteración del orden. Solo un silencio elocuente, roto por la presencia del bebé, quien fue trasladado de inmediato a un centro médico.
Aunque las autoridades han sido extremadamente prudentes al revelar detalles, fuentes médicas indicaron que el menor presentaba signos de deshidratación. Este dato, aparentemente técnico, es crucial: sugiere que el bebé pasó varias horas —posiblemente muchas— sin recibir la atención y el cuidado que su madre, en plena licencia de maternidad, le brindaba.
Este elemento trasciende lo forense y pinta la dimensión humana de la tragedia: la vulnerabilidad absoluta de un recién nacido que dependía por completo de su madre, y el abrupto fin de una rutina dedicada exclusivamente a su cuidado. La jueza Polanía no había reanudado sus funciones judiciales; su mundo en las últimas semanas giraba en torno a su hijo.
La Fiscalía General de la Nación ha optado por un manejo reservado del caso. No se han reportado signos visibles de violencia en el cuerpo de la jueza, y se espera el dictamen definitivo de Medicina Legal para establecer la causa exacta de la muerte. Las autoridades han advertido que cualquier especulación sería irresponsable.
Sin embargo, la naturaleza de los hechos genera inevitables interrogantes: la muerte súbita de una mujer joven, en aparente buen estado de salud y en un contexto doméstico, sin señales de intrusión o conflicto. La combinación de estos factores —junto con la condición del bebé— exige una investigación minuciosa y transparente que descarte o confirme hipótesis naturales, accidentales o de otra índole.
El caso de la jueza Vivian Polanía, más allá de las controversias que pudieron rodear su carrera judicial, se impone ahora como una desgarradora historia personal. Es la muerte inesperada de una madre primeriza y la milagrosa supervivencia de su hijo, quien, aunque no puede narrar lo sucedido, lleva en su propio estado las primeras y más desgarradoras huellas del tiempo transcurrido tras la pérdida.
La investigación continúa bajo el peso de una doble responsabilidad: buscar la verdad para impartir justicia y, al mismo tiempo, proteger la integridad y el futuro del único testigo vivo de esta tragedia.