El sarampión, una enfermedad que Colombia había logrado mantener a raya, ha vuelto a tocar las puertas del país. Pero no lo ha hecho desde adentro, sino a través de las maletas de viajeros que se infectaron en el exterior. Con la confirmación de tres casos importados en lo que va del año, las autoridades sanitarias han encendido las alarmas sin caer en pánico, activando un riguroso cerco epidemiológico para evitar que el virus encuentre terreno fértil en territorio nacional.
Pero, ¿qué significa exactamente que un caso sea “importado”? El término, que en las últimas semanas ha cobrado relevancia en los partes médicos y noticieros, se refiere a aquellas personas que contrajeron la infección fuera del país y desarrollaron la enfermedad al llegar o regresar a Colombia. En otras palabras, el contagio ocurrió en el extranjero, durante el período de exposición al virus, antes de la aparición de los síntomas. Esto implica que, por ahora, la transmisión no se ha originado dentro del país, sino que el virus ha llegado como pasajero de vuelos internacionales.
Esta clasificación no es un mero tecnicismo. Para los epidemiólogos, diferenciar entre un caso “importado” y uno “autóctono” es la brújula que guía la respuesta sanitaria. Al confirmar que los tres casos detectados provienen del exterior, el Instituto Nacional de Salud puede confirmar que no existe transmisión comunitaria activa. El foco, entonces, se desplaza hacia una estrategia de contención quirúrgica: rastrear a los contactos cercanos de los infectados, aislar posibles nuevos focos y reforzar los filtros en puertos, aeropuertos y terminales terrestres.
“Lo que estamos haciendo es cercar el virus. Sabemos que llegó, pero nuestra labor es asegurarnos de que no se quede”, explicó María Cristina Lesmes, secretaria de Salud del Valle del Cauca, una de las regiones en máxima alerta debido a su conectividad internacional.
Con el principal puerto del país (Buenaventura) y el Aeropuerto Internacional Alfonso Bonilla Aragón (Palmira) como puertas de entrada al sur occidente, el Valle del Cauca se ha convertido en un punto neurálgico para la vigilancia. La Secretaría de Salud departamental ya activó un plan de contingencia que incluye controles estrictos en estos puntos de ingreso y seguimiento personalizado a viajeros que presenten síntomas compatibles con la enfermedad.
La preocupación no es menor. El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas que existen; se transmite por el aire y una sola persona infectada puede contagiar hasta a 18 de cada 20 personas susceptibles a su alrededor. El riesgo se amplifica en un contexto global donde la Organización Mundial de la Salud reportó un repunte de casos durante 2025, con brotes activos en países como México, Estados Unidos y Canadá, destinos frecuentes para los viajeros colombianos.
Frente a este panorama, las autoridades sanitarias reiteran que la herramienta más eficaz sigue siendo la más antigua y conocida: la vacuna. El MMR (sarampión, paperas y rubéola) es la barrera que impide que un caso importado se transforme en un brote descontrolado.
“El llamado es a la calma, pero también a la acción. Revisar los carnés de vacunación, especialmente en niños y en adultos que planean viajar al exterior, es la mejor manera de protegernos. Si estamos blindados con la vacuna, el virus importado no encontrará a quién contagiar”, enfatizó la secretaria Lesmes.
Colombia mantiene así un estado de alerta controlada. Los tres casos importados están bajo vigilancia y, por ahora, no han generado cadenas de transmisión local. Sin embargo, el mensaje de las autoridades es claro: en un mundo globalizado, los virus no entienden de fronteras, y la única forma de mantenerlos lejos es con una ciudadanía informada y vacunada.