Un fatal desenlace en una droguería de Cúcuta puso en evidencia, una vez más, el drama silencioso que viven cientos de familias en Colombia atrapadas en los laberintos administrativos del sistema de salud. Cecilia Quintero, una paciente renal y cuidadora de su hogar, murió la tarde de este martes después de exigir, en vano, la entrega de insumos y fármacos vitales que la Nueva EPS les adeudaba a ella y a su núcleo familiar desde hace meses.
El coraje y la desesperación se mezclaron en los últimos minutos de Cecilia Quintero. La mujer, identificada como una adulta mayor con enfermedad renal, llegó hasta un establecimiento de Droguerías Cafam en el barrio Los Caobos con la esperanza de romper la cadena de negligencias que, según su testimonio, llevaba azotando a su hogar durante gran parte del último año.
Minutos antes de que su corazón se detuviera, Quintero grabó un video que hoy circula como un desgarrador testimonio póstumo. En las imágenes, se observa a la mujer denunciando que la Nueva EPS no entregaba los pañales desechables para su hijo, quien tiene movilidad reducida y utiliza silla de ruedas, desde septiembre del año pasado. La situación se tornó más tensa cuando, estando en el mostrador, pudo observar que el producto sí se encontraba disponible en el inventario de la droguería. Sin embargo, el personal se negó a suministrarlo argumentando que las órdenes médicas ya habían vencido por el tiempo transcurrido.
El drama de Cecilia no era un caso aislado en su familia, sino una crisis sistémica que la tenía como principal víctima y gestora. Durante su reclamo, la mujer relató que su esposo, un paciente de cardiopatías grave que fue intervenido del corazón, tampoco recibía sus medicamentos de control. “Si no los toma, se muere”, advirtió Quintero frente a la cámara, visiblemente quebrantada por el peso del estrés y la responsabilidad de mantener con vida a los suyos en medio de la escasez.
Irónicamente, mientras velaba por la salud de su hijo y su cónyuge, la propia Cecilia descuidaba la suya por la misma razón: la falta de acceso. Ella misma confesó que llevaba siete meses sin poder administrarse su tratamiento para la enfermedad renal, una condición que requiere un manejo estricto y continuo.
Testigos presenciales relataron que, tras recibir una respuesta negativa por enésima vez en la ventanilla, la mujer se retiró hacia una zona de sillas para intentar recuperar el aliento. Al intentar ponerse de pie, su cuerpo no resistió más. Un desmayo precedió a un colapso total en el piso del establecimiento. A pesar de los esfuerzos de los presentes por auxiliarla mientras esperaban una ambulancia, Cecilia Quintero falleció en el lugar sin recibir atención médica especializada.
Ante la conmoción que ha causado el caso en la capital de Norte de Santander, Droguerías Cafam emitió un comunicado oficial en el que lamenta profundamente el fallecimiento de la usuaria. La cadena de farmacias aseguró que sus protocolos de emergencia se activaron de inmediato y que se solicitó asistencia médica externa sin dilación.
No obstante, en el escrito, la entidad se desmarcó de posibles responsabilidades directas en la atención. Según sus registros preliminares, “no se detectaron irregularidades en la atención brindada por los funcionarios del punto de dispensación”. Cafam decidió no pronunciarse sobre la causa del deceso y dejó el esclarecimiento de los hechos en manos de las autoridades competentes, que ya han iniciado las investigaciones.
La muerte de Cecilia Quintero ha reavivado el debate en la región sobre las barreras administrativas en el sistema de salud. Organizaciones de defensa de los pacientes y vecinos del barrio Los Caobos han señalado que el desenlace fatal no es solo consecuencia de una falla médica, sino el resultado de meses de desgaste físico y emocional.
Para los habitantes de Cúcuta, el caso de Cecilia es el reflejo de un sistema donde la renovación de una orden médica, la autorización de una EPS y la entrega efectiva en una farmacia se convierten en obstáculos insalvables, especialmente para los adultos mayores que dependen de terceros o de su propia tenacidad para subsistir.
Mientras la familia Quintero llora una pérdida que pudo haberse evitado con la entrega oportuna de los insumos que con desesperación exigían, queda en el aire la pregunta que Cecilia grabó antes de morir: ¿Cuántas personas más deberán colapsar para que se escuche el reclamo de quienes solo piden poder tomar sus medicamentos a tiempo?